Real Orden de los Veteranos Caballeros de la Mesa Cuadrada

Huellas de una época dorada en el ajedrez de la Villa Azul. Incluye semblanza de Ricardo Ramón Parladorio.

Experto Nacional de Ajedrez Pedro López Paz.

Durante varios años fui un ajedrecista aficionado, condición en la que permanecí siempre, a mucha honra. Como tal participé en numerosas competencias y jugué cientos de partidas amistosas o informales, de preparación o entrenamiento, rápidas y semirápidas, así como en sesiones de simultáneas. Conservé muchísimas, las que pude, de las que llamaron mi atención. Además, anoté y comenté-con la ayuda de amigos y colegas-más de un centenar, creadas por otros colegas que me impresionaron entonces por hermosas, brillantes, de notable técnica ajedrecística y, sobre todo, dignas de estudio y divulgación. Fueron verdaderas clases de técnica posicional, ataques impresionantes, defensas tenaces y hasta de concepciones erróneas de consideración, por supuesto.

Lo peor del asunto es que muchas fueron anotadas in situ, en hojas sueltas y no en un cuaderno adecuado. Esta es una de las causas de que no hayamos conservado tantas, aunque sí las suficientes para traer al presente varios ejemplos de una época dorada del maravilloso juego de Caissa y Palamedes.

Se debe tomar en cuenta que la mayoría de ellas fueron creadas en estado de gracia. Si ellos hubiesen jugado de ese modo en la mayoría de sus encuentros, se habrían aproximado, cuando menos, a títulos impensados en aquellos días y alcanzado puestos encumbrados en el ajedrez cubano.

En este noble juego de los dioses, cualquier ajedrecista es capaz de crear cierto número de partidas notables y hasta relevantes, pero, parafraseando a un conocido Gran Maestro, periodista y escritor además, en muchas y muchísimas de ellas simplemente movieron las piezas.

El hecho de que el ajedrez fuera para ellos sólo un provechoso pasatiempo, lastró toda posibilidad de superación y de alcanzar niveles superiores.

Una autocrítica merecida a ésta pequeña colección: la ausencia de partidas protagonizadas por mujeres. Ofrezco mis disculpas por este descuido involuntario que nada tiene que ver con un acto de machismo ni discriminación.

Por último, debemos decir que los comentarios de estas partidas son los originales, en gran medida de los años sesenta y setenta del pasado siglo; conservamos en lo posible su esencia, aunque fue necesario modificar algunos de ellos-sobre todo en las variantes-en aras de actualizarlas.

La Real Orden de los Veteranos Caballeros de la Mesa Cuadrada.

En la década dorada del ajedrez en Puerto Padre el municipio contaba con veteranos ajedrecistas venerables-aunque algunos no sebrepasaran los cuarenta años-que impulsaron desinteresadamente la práctica del ajedrez en este hermoso paraje del mundo. Ellos, sencillamente eran amantes apasionados del juego ciencia (¿sólo juego ciencia?).

Sin proponérselo integraron un equipo imaginario que bien podría haberse denominado “Real Orden de los Veteranos Caballeros de la Mesa Cuadrada”.

Algunas partidas de la época, conservadas milagrosamente por manos amigas, como ya habíamos apuntado, nos posibilitarán apreciar justamente la pujanza de algunos de ellos.

Antes de proseguir con la muestra de las partidas, listaremos, a consideración nuestra, la posible alineación de aquel ideal grupo por orden de tableros.

  1. Luis Altuna González (Chicho).
  2. José Ramón Boch Parra (Boshito).
  3. Emilio Rodríguez Rodríguez (Millo).
  4. Ángel Rojas Esteva (Angelito).
  5. Ricardo Ramón Parladorio (Pueyo).
  6. Armando Ramos López (Bolito).
  7. Armando Díaz Hernández (Armandito).
  8. Arsenio Riverón Matos (Negro).
  9. Miguel Ramón Suárez (Bebito).
  10. Enrique Puente Ricardo (Puente).
  11. José Rafael Ruiz (Felo).
  12. Rogelio Velozo.
  13. Luis E. Almaguer Rivas (Nené).
  14. Ramón García López (Mongo).
  15. Evelio Pérez de Armas.
  16. Julio Mora (Julito).

La lista podría extenderse hasta más de una veintena de caballeros. No se registran en esta armada Rubén Padrón Oliver (Ñungo) que durante muchos años fue líder de los ajedrecistas puertopadrenses, porque a inicios de los años dorados emigró a La Habana, y en los años setenta, a los Estados Unidos (dato no confirmado).Tampoco fueron incluidos fuertes jugadores como Néstor Domenech Rodríguez y Enrique López Bruzón porque no sobrepasaban la treintena de años; en el caso de Isidro Villamar y Aracelio Cruz no se incorporaron a esta tropa por no haber logrado resultados notables ni reiterados en esos momentos; además, tampoco eran veteranos (aprendieron a jugar después de 1959). De estos colegas que no fueron incluidos no atesoramos ninguna muestra de su juego.

Varios jugadores, nacidos del torrente de la Revolución, no se incluyen porque no entran en el concepto de veteranos y, por supuesto, no llegaban siquiera a los veinte años.

La lógica indica que deberíamos comenzar la muestra de estas joyas por el primer tablero, luego el segundo, el tercero, y así sucesivamente, pero no, no partimos de los cuatro primeros en el orden pues de ellos hemos mostrado algunas partidas. Comenzaremos mejor con la presentación del inédito e insuficientemente recordado Ricardo Ramón Parladorio, alias Pueyo, quinto escudero de la selección.

Aquel hombre simpático, jovial, jaranero y amistoso era, ante el tablero, un antagonista peligroso, iconoclasta y original. No era el más fuerte caballero de la Orden, pero era capaz de derrotar a oponentes que lo superaban en nivel de juego y preparación teórica. Su dominio de las aperturas y defensas apenas sobrepasaba las siete u ocho jugadas iniciales y su repertorio se reducía a cuatro o cinco sistemas entre ambos colores de piezas, pero este hándicap (Talón de Aquiles) lo compensaba con su estilo original y creativo, sin parar mientes en el resultado final del encuentro. Además, en el empleo de líneas peculiares e interesantes que lograban, muchas veces, sacar a su contrincante de las rutas conocidas de la apertura y ahí entraba en actividad su imaginación, provocando posiciones de doble filo, cargadas de tensión y fuera de toda teoría. Su medio juego era agudo, colmado de trampas sutiles-y no tan sutiles-que exigían, cuando menos, una atención inusitada so pena de caer fulminado en un ataque o contraataque inesperado o en alguna celada extraída de la manga de un mago. No está de más decir que siempre buscaba la iniciativa, aún en posiciones donde no era lo más aconsejable pues debía pensar en defenderse.

En una ocasión, contra un oponente cuyo nombre hemos olvidado, Pueyo se encontraba al borde del precipicio. Hizo una jugada estupenda, más bien un bluff y se fue a observar tranquilamente otras partidas. Su contrario, que conocía bien al jugador a quien se enfrentaba, meditó largo rato y después no ejecutó el movimiento ganador. Sorpresivamente la partida concluyó en un empate después de algunas jugadas más; así lo respetaban. Los finales los jugaba suficientemente bien: se defendía con tesón y sabía ganarlos con buena técnica.

Participó en numerosos torneos individuales y por equipos: varios a nivel provincial y nacional en la capital del país, pero casi todas sus partidas se perdieron, tal vez para siempre. Él no tenía interés en conservarlas, ya brillantes, ya deplorables. Si algunas se salvaron se debe a pura casualidad o al afecto y curiosidad de un amigo o de alguno de sus discípulos.

No podemos pasar por alto el hecho de que a “sus novedades teóricas” las autodenominaba como Gambito o variante Pueyo; si no, les endilgaba sin inmutarse algún apelativo soviético, aunque todos sabíamos que se trataba de una broma reiterada.

En 1971 defendió el cuarto tablero del equipo campeón de Oriente en la final nacional del campeonato de Cuba “Copa 26 de julio” celebrado en el Hotel Habana Libre de la capital.

Pueyo integró por derecho propio el hipotético “team” de la Real Orden de los Veteranos Caballeros de la Mesa Cuadrada; promotor activo del juego ciencia, en él habría defendido con honor, como Sir Bors de Gaunes, su quinto tablero. Convencidos estamos que habría tenido muchos éxitos.

 

Sobre Enrique Ferreiro García 797 artículos
Tiene más de 30 años de experiencia en el Ajedrez por Correspondencia, donde además de jugador, ha fungido como árbitro y directivo. Es Presidente de la Delegación Provincial de Ajedrez Postal en la provincia Las Tunas, Cuba. Ostenta los títulos de Experto Provincial de Ajedrez en Vivo y Maestro Nacional Senior, máximo título que confiere la Federación Cubana de Ajedrez Postal (FECAP). Se proclamó decimocuarto Campeón Cubano de Ajedrez Postal en 2005. Artículos, comentarios y partidas suyas han aparecido en el prestigioso Informador Yugoslavo de Ajedrez y en otras publicaciones como el Correspondence Chess Review ucraniano y Telejaque, órgano oficial de la FECAP. Se dedica a la investigación histórica del ajedrez y tiene varios libros inéditos sobre el tema. Aparece en un artículo de la Enciclopedia Colaborativa Cubana Ecured en el sitio: http://www.ecured.cu/index.php/Enrique_Ferreiro

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