Anécdotas del ajedrez a distancia.
…siempre debemos dejar abierto un espacio a la alegría, a la gentileza, a la buena intención.
Ernesto Mastrapa Velázquez, Experto Nacional de Ajedrez Postal.

Jugué dos partidas con José Nicolás Pérez, de Güira de Macurijes en Matanzas entre los años 1988 y 1990. La primera de ellas fue en el Evento 1556 I “Pedro Soto Alba” organizado por la provincia de Holguín y que dio inicio el 30.12.1988. Y quiero que se fijen bien el nombre de mi contario por lo que más adelante se detalla. Resulta que al recibir la nómina del torneo y plasmar sus datos en mi libreta de anotaciones anoté Jesús Nicolás Pérez en vez del verdadero, José. Como así lo tenía anotado, pues, en cada envío siempre repetía el mismo nombre con el error. Luego de unas diez jugadas recibo de mi contrario, al parecer cansado de tantas equivocaciones, la siguiente nota, la que creo reproducir con bastante exactitud a pesar del tiempo transcurrido.
Dice Nicolás “Un buen día viene a visitarnos una señora vecina nuestra, muy seria y recatada. Estando en la sala conversando con mi esposa, aparezco en la misma completamente desnudo. Al verme, la señora exclama ¡Jesús! y yo le digo: ¡Jesús no, José carajo! No agregaba nada más y demás está decir que no le hizo falta. A partir de ese instante, Jesús volvió a ser bautizado. Perdón, quise decir ¡José! Entre tantas cosas que me han sucedido en este pasatiempo, esta anécdota se mantiene viva en mi memoria como el primer día. Si él solo me hubiera alertado de mi equivocación, nada de trascendental tuviera, pero supo darle un tono anecdótico de gran exquisitez. Esto demuestra que a pesar de nuestros errores y los de nuestros contrarios, siempre debemos dejar abierto un espacio a la alegría, a la gentileza, a la buena intención.




Dejar una contestacion