Las reglas de la etiqueta

Alekhine, Buenos Aires, 1927.

Nota de E. Ferreiro: Según las obras de Miguel Ángel Sánchez (Capablanca, leyenda y realidad) y Garry Kasparov (Mis geniales predecesores), queda fehacientemente demostrado que Alekhine expuso todo tipo de justificaciones banales para evitar el match revancha con Capablanca. En realidad él sabía que el cubano era superior y temió perder su corona.

Presentado por Alejandro Miranda.

Publicado el 21.12.2016

Genna Sosonko

Después finalizar la Primera Guerra Mundial, en Nueva York se creó una oficina especial para descifrar la correspondencia secreta de países con los que Estados Unidos mantenía relaciones normales, incluso amistosas. Esta oficina recibió el nombre de “cuarto oscuro”.

“Los caballeros no leen cartas destinadas a otros”, dijo el secretario de estado de Estados Unidos, Henry L. Stimson, en 1929, al decidir cerrar el “cuarto oscuro”.

“Los caballeros no leen cartas destinadas a otros”. En ese mismo año, el campeón mundial de ajedrez Alexander Aliojin pronunció una frase análoga. Capablanca envió el reto oficial para un match-revancha a Aliojin el 1ro de octubre de 1929. Al no recibir una respuesta, duplicó el reto a través del maestro austriaco Kmoch, quien entregó el sobre al campeón mundial.

Cuando Aliojin leyó la carta, preguntó indignado por qué el sobre ya estaba abierto. Kmoch explicó que según palabras del propio Capablanca, solo en ese caso él estaría seguro de que el reto llegaría a su destinatario.

“Aliojin reflexionó por un tiempo”, recordó el maestro austriaco, y me devolvió el sobre. Debo agregar, señaló Kmoch, que Aliojin encontró indignante semejante método de negociación”.

Capablanca, que pronto conoció la reacción del campeón mundial, le escribe a su amigo, el organizador de ajedrez holandés y personalidad de la FIDE Gerard Oskam: “No había nada secreto en el reto. Lo envié a través de Kmoch, ya que no tenía la dirección de Aliojin en Berlín. Envié el reto abierto porque sé desde la infancia: si le mandas una carta a alguien con un amigo o a través de un tercero, no se debe cerrar. Si Aliojin no está familiarizado con tales reglas elementales de etiqueta, no es mi culpa. Aliojin afirmó que no había recibido el reto anterior porque no estaba en París. Ahora dice que ya recibió un reto de Bogoliúbov. Ve usted: no puedo confiar en él.

Hoy, cuando una carta (como medio de comunicación) enviada por correo se ha vuelto obsoleta hace tiempo, no es fácil decir qué reglas de etiqueta y en qué países existían al transmitir un mensaje a través de terceros.

Marco Polo, por ejemplo, escribió que en China uno se podía redimir con dinero de todos los delitos menos tres. 1. El asesinato del padre 2. El asesinato de la madre 3. Una carta oficial de forma indebida en el sobre.

Si esto fue así en realidad es difícil de decir; muchos dudan de la autenticidad de los hechos expuestos en el libro del veneciano, pero de una forma u otra, transferir el reto a través de Kmoch fue otro incidente que agregó combustible al fuego, que ya había estallado en las relaciones entre los dos grandes ajedrecistas, y complicó aún más la organización del match-revancha.

***

Mucho se ha escrito sobre el match Capablanca-Aliojin (Buenos Aires, 1927). No menos, sobre las negociaciones en relación con el match-revancha que nunca se celebró, esperado con ansias por todo el mundo del ajedrez. Se han publicado documentos, correspondencia, entrevistas, memorias de contemporáneos, pero todavía no hay una claridad total. ¿Cuál de los dos campeones tiene razón? ¿Por culpa de quién no se celebró la revancha?

Desafortunadamente, hoy en Rusia, como en el pasado en la Unión Soviética, los hechos (y los hechos ajedrecísticos incluidos) a menudo se presentan en el estilo de las necesidades de hoy. Tratan de sustituir los hechos con mitos que deberían servir a los “intereses de Rusia”, como si uno de los campeones más destacados en la historia de nuestro juego necesitara tal mitologización.

En este texto, nos basamos solo en documentos, ignorando por completo las salvas patrióticas de los historiadores profesionales y domésticos que limpian el pasado, para los cuales el encargo social prevalece sobre los hechos. En cualquier otro caso, nos referimos a la fuente de información.

***

En 1995, hojeando el archivo de Capablanca en Nueva York, legado por la viuda del cubano al Manhattan Chess Club, no encontré nada que arrojara luz adicional sobre la historia extremadamente complicada del match-revancha que no se realizó.

Después de la muerte de David Bronstein (2006), me dieron una carpeta en la que estaba escrito mi nombre. Entre otras cosas, la carpeta contenía materiales relacionados con este tema: David Iónovich se interesaba mucho por temas relacionados con la historia de la lucha por el campeonato mundial, y nosotros hablamos sobre esto varias veces. Los documentos y cartas de Aliojin, Capablanca y Euwe resultaron, por desgracia, copias de los ya conocidos, y tampoco encontré nada nuevo aquí.

Los archivos de la FIDE, cuya oficina estaba ubicada en Ámsterdam durante la presidencia de Euwe, podrían ser algo más claros. Pero cuando fui a la sede de la FIDE y examiné los documentos, tampoco encontré nada interesante allí. Sin embargo, no se podía esperar mucho: fundada en 1924, la Federación Internacional de Ajedrez jugaba solo un papel indirecto en el tema del campeonato mundial: entonces el propio campeón mundial elegía en realidad al pretendiente para el match, él mismo dictaba las condiciones de los duelos.

París 1924. En este congreso, se anunció la creación de la Federación Internacional de Ajedrez. Sentado quinto a la derecha está el primer presidente de la FIDE, el abogado de La Haya Alexander Rueb, junto a él está el futuro campeón mundial Aleksander Aleksándrovich Aliojin.


* * *

El match en Buenos Aires, como se sabe, lo ganó Aliojin (+6-3=25). No tocaremos los detalles de la lucha, solo diremos que la fricción entre los rivales fue notable incluso entonces, y uno de los admiradores más fogosos de Capablanca, el señor Querencio, miembro del comité organizador de la competencia, incluso quería desafiar a Aliojin a un duelo, pero no se presentó una razón concreta para esto.

Aleksandr Aleksándrovich Aliojin en el club de ajedrez de Buenos Aires. Año 1927.

Sin embargo, al principio las negociaciones para un match-revancha tenían un carácter oficial, y parecía que no habría ningún problema con su organización. En la edición de febrero del “American Chess Bulletin” de 1928, apareció un anuncio: “El Dr. Aliojin confirmó que se dispone a jugar con Capablanca el año próximo, enfatizando que el match-revancha debe jugarse en las mismas condiciones elaboradas por el propio Capablanca en Londres en 1922 y según las cuales se jugó el match en Buenos Aires”.

Allí también se informaba que “Capablanca, al llegar a Nueva York el 8 de febrero, declaró que la victoria de Aliojin era bien merecida, aunque él, Capablanca, no se parecía a sí mismo en este duelo histórico”. “El cubano expresó su confianza en la restauración completa de su forma para el match-revancha programado para 1929”.

Dos días después, el 10 de febrero de 1928, Capablanca envió una carta al presidente de la FIDE, Dr. Rueb. En esa carta, el sugirió jugar no hasta seis victorias, como se jugó el match en Buenos Aires, sino limitar el número de partidas a dieciséis y cambiar el control del tiempo de reflexión. Capablanca envió una copia de la carta a Aliojin.

La reacción del campeón mundial fue extremadamente emotiva. En misiva de respuesta, Aliojin escribió: “Usted me propone cambiar las condiciones que usted mismo elaboró. Estoy de acuerdo con la revancha solo en estas condiciones. Usted, aparentemente, no me conoce bien si puede suponer que alguien puede obligarme a renunciar a lo que considero completamente correcto”.

Unas semanas más tarde, el “American Chess Bulletin” publicó la reacción de respuesta de Capablanca, en la que el ex campeón se indignaba porque Aliojin había hecho pública una carta enviada al presidente de la FIDE y una copia de la cual, amablemente, había enviado al campeón mundial. El cubano explicó los motivos de la carta diciendo que el Congreso de la FIDE se celebraría el próximo mes y que él, Capablanca, desearía que los delegados se familiarizaran con su propuesta.

En segundo lugar, y lo más importante, él argumentó que todo lo propuesto por él se relaciona con el futuro del ajedrez, mientras que el match-revancha, por supuesto, lo jugará según las reglas de Londres, es decir, según las mismas reglas que se jugó el match en Buenos Aires. Aliojin debería tener esto completamente claro por el contenido de la carta, y no se entiende por qué de repente se enfureció tanto.

A pesar de las explicaciones de Capablanca de que su mensaje era solo sobre el futuro del ajedrez, después de esta carta sus relaciones con Aliojin se deterioran bruscamente; en Carlsbad (1929), el campeón y el ex campeón no solo no se hablan, sino que ni siquiera se saludan.

Ellos evitan incluso el contacto epistolar directo, apelando a la opinión pública ajedrecística a mediante cartas abiertas, como llamarían a esta forma de tratamiento en nuestro tiempo.

Una de estas cartas Capablanca la concluye así: “Aunque el comportamiento del campeón mundial es extremadamente insatisfactorio en relación con los intereses del ajedrez y el prestigio del título, yo recurro a la última llamada y le insto a usted a aceptar mi reto al match por el título de campeón mundial según las reglas de Londres de 1922 en los Estados Unidos en invierno de 1931-1932. En caso de su negativa a aceptar este reto, me veré obligado a declarar el match por el título de campeón mundial ganado por no presentación y me prepararé para aceptar el reto de cualquiera en una batalla abierta”.

La respuesta de Aliojin no se hizo esperar: “Acepto su reto, pero para eso usted debe seguir puntualmente la letra y reglas de los acuerdos de Londres”. Luego, el campeón mundial enumera los artículos del acuerdo, que, en su opinión, aún no se han cumplido por Capablanca, y hace mención al match con Bogoliúbov, después del cual él, Aliojin, podrá iniciar negociaciones concretas.

Aliojin termina la carta con una réplica severa: “Me gustaría enfatizar que no me humillaré a debatir sobre su repugnante intento de ganar el título de campeón mundial sin pelear, mi título”. Rumores, tanto escandalosos como divertidos, sobre su plan para enriquecer el mundo ajedrecístico con un campeón, un campeón derrotado, ya los he escuchado de una amplia variedad de fuentes; ¡hecho, cuyo análogo es imposible encontrar en los anales de nuestro juego!”

Y luego: “¡Yo le gané a usted seis partidas en una pelea honesta y dura, y solo reconozco como más fuerte al que me gane seis partidas!”

La guerra de Capablanca con Aliojin transcurre ahora en todos los frentes. En cartas privadas, el cubano ahora llama al campeón mundial, como regla, “A” o “nuestro amigo A”. Esto no es solo falta de voluntad para escribir el nombre del antagonista incluso en el papel sino, obviamente una antipatía con raíces profundas.

Con aproximadamente los mismos sentimientos, el periodista ruso Ígor Yakovenko se refiere tercamente en la actualidad al jefe del Partido Liberal Democrático de Rusia (PLDR) como el “Sr. Z”, o simplemente “Z”.

Así, en una carta a Lederer en 1930, Capablanca escribe: “La impresión general en Europa es que nuestro amigo A. jugará solo forzado por la opinión pública. Nada más le obligará a cambiar este punto de vista. Él hizo todo lo posible para que no me invitaran a San Remo, cosa que logró, pero su reputación es tal que aquí, al otro lado del Atlántico, apenas tiene al menos un amigo. (…) Estoy firmemente convencido de que si la opinión pública en Europa se familiarizara con los hechos, A. se comportara de manera diferente, pero mientras él ve que no sucede nada, supone que la gente simplemente tiene miedo de emprender algo”.

Capablanca tuvo una correspondencia prolongada con E. S. Tinsley, corresponsal de ajedrez del influyente “Times”. Aunque Tinsley era admirador del cubano, a veces en sus cartas él se puso de parte de Aliojin: “Los ajedrecistas lo consideran injustamente un ermitaño frío”, escribió el inglés. Personalmente familiarizado con el campeón mundial, puedo decir que esta es una opinión completamente equivocada. Él es una persona muy sociable y amigable”.

Pero en las cartas de Capablanca no se encuentran tales características. El cubano se detiene en detalles sobre las historias matrimoniales de Aliojin, su vida descuidada en París, hábitos, facturas astronómicas de alcohol en los hoteles.

En la misma carta a Lederer, Capablanca compara su propia reputación impecable con la apariencia de una persona que se ha convertido en su enemigo jurado: “Aliojin le engaña a usted. Él declaró en Carlsbad que nadie tiene en cuenta ya mi opinión en los Estados Unidos. Podría contarle aún no poco sobre él, especialmente porque las historias me las contaron personas con una reputación impecable. (…) La razón de su divorcio, probablemente, es muy fresca. En Carlsbad, ellos tenían excelentes relaciones. Si se fajan, escucharemos, sin duda, algo mucho más interesante. Cuando le vea, le contaré cosas que, de ser ciertas, difícilmente pueda usted creer. En la actualidad, solo puedo decir que él es prácticamente una persona non grata en cuatro países y, de continuar en el mismo estilo, no lo recibirán en ninguna parte”.

Los dos matches ganados por Aliojin por el campeonato mundial a Bogoliúbov (1929, 1934) Capablanca, que tenía un gran marcador positivo con él y no había perdido ni una partida ante Bogoliúbov, los consideró como “una farsa indecente”.

Obviamente, para Capablanca no pasaron desapercibidos los comentarios venenosos de Aliojin, que era extremadamente irónico sobre la amiga del cubano, Olga Chubarova (según su primer esposo Chagodaeva, quien se convirtió oficialmente en la esposa de Capablanca solo en 1938).

Olga Evgenievna nació y pasó los primeros veinte años de su vida en Tiflis, como se llamaba antes la capital de Georgia. Además, como afirmó ella misma, era la bisnieta del general Evdokimov, conquistador de Shamil.

“En el Cáucaso, todas se consideran princesas”, dijo Aliojin a sus colegas, sonriendo sarcásticamente.

Bien puede ser que tal reacción del campeón mundial se base en sus conversaciones parisinas con Alexander Vertinsky. El famoso cantautor, recordando esa época, escribió: “Las chicas aprendían y, de algún modo, de repente, como si estuvieron de acuerdo, resultaban todas hijas de generales, coroneles, gobernadores y millonarios. Le contaban a los extranjeros todo tipo de milagros sobre ellas mismas”.

Por su propia confesión, Olga Evgenyevna, al mencionar el nombre de su adversario, el siempre equilibrado Raúl cambiaba de semblante.

“Yo odio a Aliojin”, fueron las primeras palabras que escuchó de Capablanca cuando ella llegó a Nottingham en 1936.

Fue precisamente entonces cuando Capablanca experimentó una segunda juventud: ganó el Tercer Torneo Internacional de Moscú (1936) y compartió el primer lugar en Nottingham con Mijaíl Botvínnik. Allí mismo, en Nottingham, él derrotó a Aliojin, que para ese entonces había perdido el título de campeón mundial.

Después de la inesperada derrota del campeón ruso frente a Max Euwe, dos años de reinado del holandés y el tiempo de inactividad forzado del cubano a este respecto, Capablanca nuevamente comenzó a soñar con la idea aparentemente esfumada de un match-revancha.

“Sería genial si la federación soviética de ajedrez organizara un match en Moscú con un modesto fondo de premios de 25 mil dólares”, le dijo él a Valerian Evgenievich Yeremeyev, con quien se comunicó constantemente durante sus visitas a la Rusia soviética.

Capablanca no entendía que en la Unión Soviética ni siquiera se podía discutir la organización de tal match. El asunto no se trataba de dinero, aunque la cantidad de 25 mil dólares estaba lejos de ser tan modesta en ese momento, especialmente para un país que experimentaba un grave déficit de divisa.

La razón principal era diferente: “un emigrante blanco, traidor y monárquico” (¡entonces!) Aliojin era una persona non grata en la Rusia soviética, y no es sorprendente que no hubo ninguna reacción a la propuesta cubana.

Pasaron dos años más. De vez en cuando, surgían rumores de un match-revancha aparentemente “finalmente organizado”. En la primavera de 1938 se anunció en Uruguay, pero incluso entonces la revancha no tuvo lugar por varias razones, en última lugar financieras.

Después terminar el torneo AVRO en Ámsterdam (1938), se celebró una reunión de todos los participantes para desarrollar las reglas para la celebración de los matches por el campeonato mundial. Antes de comenzar el torneo, Capablanca intentó sin éxito asegurar a los patrocinadores que, en lugar de celebrar una competencia, era mejor gastar el dinero en su match con Aliojin. La dirección de la compañía de radio holandesa tenía una opinión diferente, pero Aliojin se opuso a considerar que el torneo clasificatorio para el match con el campeón mundial.

Ambos campeones fracasaron en el torneo, especialmente el cubano, que perdió ante su enemigo jurado el día de su cincuentenario. La guerra fría entre ellos continuó y participaron en la reunión por turnos. Cuando llegó el turno de Aliojin, llamó al orden a los estadounidenses Reshevsky y Fine, que entraron en la bronca, “¡Pero, caballeros, no nos comportemos como Capablanca!” Por cierto, esto lo hizo para que el cubano que estaba no muy lejos no pudiera evitar escuchar este comentario. (dicho por Euwe).

El campeón mundial estuvo de acuerdo en un fondo de premios de 10 000 dólares con una excepción: Capablanca debe recaudar 18 000 dólares (10 000 en oro), bajo esas condiciones se jugó su match en 1927.

El gran maestro holandés Lodewijk Prins (1913-1999), que conversó varias veces con Capablanca en la Olimpiada de Buenos Aires (1939), me contó que independientemente de lo que se hablara, el cubano a la primera oportunidad cambiaba la conversación a sus derechos vulnerados y al comportamiento indignante, desde su punto de vista, de Aliojin. Sobre esto hay testimonios de muchos otros interlocutores de Capablanca, aunque Max Euwe creía que a pesar de que “Capablanca casi hasta el fin seguía hablando de un match-revancha, después de 1931 lo hizo más bien por inercia”.

Durante la olimpiada en Buenos Aires, se hizo el último intento de organizar un match-revancha: el presidente de la Federación Argentina de Ajedrez, Augusto de Muro, estuvo en contacto con ambos grandes maestros.

Capablanca ya tenía más de cincuenta años, su situación financiera no era de las brillantes y estaba listo para jugar en cualquier lugar, en cualquier momento, aceptaba condiciones mucho más modestas para sí mismo, cediendo en todo. Aliojin respondió que, en relación con los acontecimientos en Europa, él, como traductor militar, estaba sujeto a movilización, pero estaba listo para considerar cualquier propuesta seria. El caso no se movió del punto muerto.

* * *

Al leer los documentos conocidos hoy sobre el match-revancha, el autor a veces se sorprendió pensando: Capa tenía razón, tenía razón por completo. Era un caballero y un diplomático. Pero al revisar los mismos documentos y familiarizarme con las respuestas de Aliojin, inmediatamente descarté todas las dudas: todo lo que dice Aleksander Aleksándrovich es razonable y lógico.

Mirando nuevamente el problema desde el punto de vista del cubano y reflexionando sobre sus argumentos, comencé a dudar nuevamente… La cuestión sobre el match-revancha es realmente complicada y difícil, y cada parte tiene razones para considerarse correcta.

En la realización (o más bien, la no realización) del match-revancha evidentemente influyó la crisis económica mundial que estalló a fines de los años veinte y dificultó a Capablanca asegurar el lado financiero de la competencia. La confusión en las fechas también jugó un papel importante: al enviar un desafío a Aliojin e indicar el invierno de 1930-1931 como el momento más conveniente para el match, el cubano se equivocó: él tenía en mente la temporada de 1931-1932. Y aunque Capablanca insistió en que el error tipográfico era obvio en el texto posterior de su carta, esta negligencia del cubano hizo las cosas aún más confusas. Y como sede Capablanca proponía La Habana, a lo que Aliojin se opuso fuertemente, por lo que la entrega del reto a través de Kmoch, con lo que comenzamos la historia, parece solo una pequeña nubecita en un cielo cubierto por nubes de tormenta mucho tiempo atrás.

Dejemos a los historiadores del ajedrez una investigación detallada de la correspondencia y la justificación legal de los campeones para llegar a una conclusión inequívoca. ¿Tendrá éxito esto? El autor, que al principio se propuso como objetivo establecer la verdad, se vio obligado todo el tiempo a recordar las palabras del filósofo: “cuanto más se busque la verdad absoluta, menos posibilidades se tienen de descubrirla”.

Pero aunque así sea, al observar imparcialmente los hechos, se puede culpar a ambos genios del ajedrez por algo.

Desde la infancia, Capablanca estaba acostumbrado a ser visto como un milagro de la naturaleza. El estilo transparente y la rapidez del juego, la apariencia externa y el carisma, la actitud hacia el ajedrez, como de pasada, por cierto, solo reforzaban esta impresión.

El éxtasis de la multitud, la atención constante de los periodistas, la euforia en la patria: todo esto le era familiar desde su juventud y se convirtió en un atributo inseparable de la vida.

Ni un solo ajedrecista fue llamado tan frecuentemente incomparable, y Capablanca se hizo tan cercano a esta imagen que, incluso dejando de ser campeón mundial, continuó actuando como si todavía lo fuera.

Inmediatamente después culminar el duelo en Buenos Aires, el cubano declaró: “El título de campeón mundial está en buenas manos. No creo que hoy haya un jugador en el mundo que pueda arrebatar este título de las manos de Aliojin. Lasker ya no es joven, en cuanto a mí, pues, tal vez juegue otro match con Aliojin. No estoy seguro de las perspectivas de este match, porque no sé en qué estado de ánimo estaré y si este match, en general, me será interesante”.

Destaqué las últimas líneas porque ellas, sin duda, envenenaron con la ponzoña de la arrogancia la declaración de cumplido del cubano relativa al nuevo campeón mundial. Capablanca se atuvo al mismo tono en el futuro.

Al terminar el torneo de Carlsbad (1929), hablando sobre el próximo match entre Aliojin y Bogoliúbov, él observó: “Espero que la organización del match en Wiesbaden no termine en fracaso, como algunos predicen, y el vencedor del match no trate de eludir la lucha conmigo. Yo estoy listo para jugar con cualquiera en cualquier momento…”

Leyendo estas líneas, uno podría pensar que pertenecen al campeón mundial, como de costumbre, sentado solemnemente en el trono ajedrecístico, y no al perdedor del match que aspira a la revancha; no es necesario decir cuánto molestaron estas revelaciones públicas a Aliojin.

Los torneos en San Remo y Bled son los logros más impresionantes de Aliojin después de conquistar el título más alto de todos. En San Remo, se separó del ganador del segundo premio en tres puntos y medio, en Bled, por cinco y medio (!). Pero en ambos torneos no participó Capablanca: el campeón mundial exigía en caso de su participación honorarios tales que los organizadores se vieron obligados a renunciar a la invitación al cubano.

Los ejemplos de Bled y San Remo están lejos de ser los únicos. Cuando Aliojin supo que Capablanca había sido invitado a un torneo en los Estados Unidos (Pasadena, 1932), inmediatamente escribió a los organizadores: “¿Participa Capablanca en el torneo y su comité acepta pagarme en ese caso honorarios adicionales de 2 000 dólares?”

2 000 dólares era una suma no pequeña en aquellos tiempos. (A modo de comparación, Vladímir Nabokov recibió 5 dólares por la traducción de “Alicia en el país de las maravillas” y estuvo muy contento por tal honorario). Los organizadores no encontraron ese dinero, y de mala gana tuvieron que rechazar a Capablanca.

En una carta a Lederer, el cubano escribió: “Nuestro amigo A. solicitó 2 000 dólares en caso de mi participación en Pasadena y acepta jugar sin honorarios si no juego. Y aún dice que no tiene miedo y no se opone a mi participación en ninguna competencia donde él juegue. Creo que estos hechos deberían publicarse”.

Participantes en el torneo en Pasadena (1932). Sentado Aleksandr Aliojin.

Y en otros casos, al ver el nombre de Capablanca en la lista de invitados, Aliojin inmediatamente solicitaba grandes sumas adicionales. Por otra parte, al igual que con Korchnói medio siglo después, cuando los organizadores de los torneos se dieron cuenta rápidamente de que la aparición del nombre del desertor en la lista de invitados, automáticamente significa renunciar a la participación de los grandes maestros soviéticos, a Capablanca también dejaron de invitarlo a los torneos, donde por todos los parámetros deberían haberlo invitado.

La participación del cubano en los torneos internacionales de Moscú (1935, 1936) se puede sacar del paréntesis, por cuanto Aliojin tenía cerrado el camino a la Rusia soviética, y de su visita allí no se podía ni hablar.

Y que en la abrumadora mayoría de los casos las invitaciones las recibía Aliojin, hay poco de sorprendente: en todas partes y en todos los tiempos, los organizadores y el público prefieren ver a los campeones.

* * *

En los años veinte, Ígor Stravinski y Sergei Rachmaninov se hallaban en el exilio. Para nadie era un secreto que los eminentes compositores se relacionan entre sí con notable frialdad (por decirlo suavemente).

Cuando Rachmaninov falleció y le preguntaron a Stravinski sobre la razón de tales relaciones, él respondió: “Odiábamos la fuerza del otro”.

Me parece que a pesar de la ruptura completa de los contactos y las numerosas declaraciones punzantes de ambos genios del ajedrez, ellos entendían perfectamente de qué magnitud era la figura de cada uno de ellos, y la explicación de Ígor Fiódorovich Stravinski también es apropiada en relación con Aliojin y Capablanca.

Queda por agregar que los dos grandes campeones vivieron vidas completamente diferentes.

Edward Lasker, que conoció y jugó bien con ambos, escribió: “Cada día Aliojin pasaba de cuatro a ocho horas estudiando ajedrez, analizando las partidas de otros maestros e intentando encontrar mejoras en las variantes de apertura utilizadas por ellos. Y en esto él se diferenciaba fuertemente de sus predecesores Lasker y Capablanca, quienes, después de alcanzar la cima, apenas dedicaban tiempo al ajedrez, excepto, por supuesto, aquellos períodos en que ellos mismos jugaban en torneos o matches. Por eso, para los aficionados al ajedrez que hacen del juego un pasatiempo que lo absorbe todo, sin mencionar a los profesionales, Aliojin fue un verdadero campeón. Estaba mucho más cerca de ellos que Lasker, cuyos intereses intelectuales estaban más allá de su comprensión, e infundía más respeto que Capablanca, cuya clara simplicidad impresionaba, pero no podía compararse con el brillante estilo de Aliojin. Aliojin no podía vivir sin el ajedrez. Cada vez que discutía el curso de una partida o analizaba, sus ojos comenzaban a brillar, una corriente nerviosa fluía de él, como si estuviera bajo la influencia de una droga. Él comía y dormía solo para el ajedrez y soñaba solo con el ajedrez. Fuera cual fuese el tema de la conversación, Aliojin siempre encontraba la oportunidad de llevarla al ajedrez. Además, el ajedrez era su único amor”.

El credo de Capablanca se caracteriza mejor por sus propias palabras: “yo no considero que el ajedrez sea un asunto lo suficientemente importante como para sacrificarlo todo en la vida por él”, y la pregunta: ¿qué vida, la de Capablanca o Aliojin, es la más correcta? – es tan absurda como la búsqueda de una respuesta a la pregunta sobre el sentido de la vida misma.

* * *

Usted leyó solo pequeños fragmentos de documentos, memorias, entrevistas y cartas sobre el match-revancha que nunca ocurrió. Además de las montañas ya conocidas, hay, sin ninguna duda, no pocas cosas interesantes en colecciones privadas. Todo el archivo de Capablanca, por ejemplo, fue adquirido por el estadounidense David De Lucía.

En cuanto a Aliojin, poco antes de su muerte, Grace Wishart-Aliojin entregó todos los documentos de su fallecido esposo a amigos de la familia para su conservación, y el archivo de Aliojin estuvo cerrado durante sesenta años por las leyes francesas de entonces, es decir, hasta el 2006.

En 1993, Francia se adhirió a la Convención Europea de derecho de autor, extendiendo el período de cierre hasta setenta años. Por lo tanto, los documentos del archivo de Aliojin, incluida la correspondencia con Capablanca y muchos otros (no en último lugar los originales de los famosos artículos “Ajedrez ario y hebreo” en el “Pariser Zeitung”) pasarán a ser de dominio público en solo unos días, el 1ro de enero de 2017.

La espera no es larga, y tal vez entonces sabremos más.

Fuentes:

Ver además:

Sobre Enrique Ferreiro García 775 artículos
Tiene más de 30 años de experiencia en el Ajedrez por Correspondencia, donde además de jugador, ha fungido como árbitro y directivo. Es Presidente de la Delegación Provincial de Ajedrez Postal en la provincia Las Tunas, Cuba. Ostenta los títulos de Experto Provincial de Ajedrez en Vivo y Maestro Nacional Senior, máximo título que confiere la Federación Cubana de Ajedrez Postal (FECAP). Se proclamó decimocuarto Campeón Cubano de Ajedrez Postal en 2005. Artículos, comentarios y partidas suyas han aparecido en el prestigioso Informador Yugoslavo de Ajedrez y en otras publicaciones como el Correspondence Chess Review ucraniano y Telejaque, órgano oficial de la FECAP. Se dedica a la investigación histórica del ajedrez y tiene varios libros inéditos sobre el tema. Aparece en un artículo de la Enciclopedia Colaborativa Cubana Ecured en el sitio: http://www.ecured.cu/index.php/Enrique_Ferreiro

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