Recuerdos Ajedrecísticos, Parte I

Aborda la historia del ajedrez en Camagüey.

Ver Parte II.

Por Clemente Morgado Machado

En ocasión de ganar en el mes de febrero de 2019 el joven camagüeyano Carlos Daniel Albornoz Cabrera el campeonato cubano de ajedrez, se suscitó una polémica en las redes sociales sobre quienes habían sido los camagüeyanos en ganar el campeonato absoluto de ajedrez en Cuba. En esa ocasión defendí el criterio que debían incluirse en la cronología de campeones camagüeyanos, no sólo los nacidos en la provincia de Camagüey, sino a aquellos que nacidos en otros lugares del archipiélago jugaron por Camagüey, residieron aquí o contribuyeron al desarrollo del ajedrez agramontino. Fue entonces que el amigo Joaquín Estrada Montalván me solicitó redactara unos apuntes para su blog Gaspar, El lugareño. Me puse manos a la obra, pero me afloraron tantos recuerdos sobre mi infancia y juventud transcurrida en el mundo ajedrecístico que decidí escribir para el facebook mi recuerdo de los campeones camagüeyanos, pero sobre todo quise testimoniar una etapa importante de mi vida, que no tenía cabida en el blog de Joaquín, que es un blog serio y de mucho rigor. Pienso referirme en sucesivas publicaciones a EN José Fernández Migoya, MN Rosendo Romero Delgado, MI Eleazar Jiménez Zerquera, MI Néstor Tomás Vélez Betancourt y GM Carlos Daniel Albornoz Cabrera. También quiero recordar a la subcampeona de Cuba MI Ana Luisa Carvajal Gamoneda.

José Fernández Migoya.

Comienzo diciendo que nací en el hospital materno de Camagüey, el 23 de noviembre de 1967 por lo que no conocí al primer campeón de la cronología, José Fernández Migoya, nacido en Pinar del Río en el año 1900, pero que vivió gran parte de su vida en Camagüey a partir de la década del 40 del pasado siglo, hasta que falleció aquí el 11 de julio de 1968. Al morir Migoya yo tenía siete meses de edad. Lo que conocí sobre él fue por testimonios de viejos ajedrecistas que lo conocieron, fundamentalmente de mi profesor Emilio López Escobedo Calderín, que aún está lúcido con sus 91 años de edad. Sobre Migoya diré que fue un fuerte ajedrecista que en 1923 ganó la copa Dewar, el campeonato nacional oficioso de Cuba ante la ausencia de un campeonato oficial. Sobre este punto aclaramos que Migoya no es propiamente un campeón camagüeyano por haber obtenido su título representando la capital y fue algo así como el campeón amateur cubano, porque en aquel entonces José Raúl Capablanca era el campeón mundial de ajedrez, a la vez era campeón panamericano por ganarle el match al maestro americano Frank J. Marshall y campeón cubano por ganarle el match a Juan Corzo a la edad de 13 años. La gloria de Capablanca no menoscaba el triunfo de Migoya que se mantuvo siendo un fuerte ajedrecista hasta los últimos años de su vida, al punto que con 65 años de edad compitió en el campeonato nacional de ajedrez de 1965, luego en el de 1966 y por último en el de 1967, representando a Camagüey. Al morir Migoya, el entonces comisionado provincial de ajedrez Osvaldo Bahamonde junto al Dr. Rosendo Romero Delgado deciden organizar un torneo de ajedrez en su memoria que comenzó con carácter municipal en 1969, ganando su primera edición Eusebio Morales. Este torneo, salvo algunas interrupciones, se continúa realizando año tras año y es el torneo insignia de la provincia de Camagüey e incluso llegó a tener en varias ediciones el carácter de internacional con la presencia de destacados maestros como el sueco Ulf Anderson. Volviendo a la vida de Migoya, me cuentan que jugaba ajedrez en el círculo de profesionales y en la colonia española, ambos en la ciudad de Camagüey, luego jugaba en la Academia José Raúl Capablanca que primero estuvo ubicada en el antiguo CV Deportivo en el Casino Campestre y luego pasó a su ubicación actual en el parque Agramonte. Migoya en los últimos años de su vida se había convertido en alcohólico y me cuenta el profesor Alfredo García que cuando jugaba en la Academia de Ajedrez del parque Agramonte, le temblaban las manos y tenía que salir por un momento a los cercanos bares del Mogambo o el Centenario para darse un cañangazo, o sea tomar un trago doble de ron y entonces regresaba más sereno y reanudaba su partida de ajedrez. Cuenta el profesor Calderín que Migoya enfermó y los médicos le prohibieron ingerir bebidas alcohólicas pero entonces murió de un síndrome de abstinencia al cesar súbitamente de beber.

Aprendí a jugar al ajedrez en el año 1975 a la edad de ocho años cuando mi padre que en gloria esté, el Dr. Ángel S. Morgado Vega, me enseñó los movimientos de las piezas y las reglas básicas con un juego de ajedrez que talló en madera porque era una época de mucha pobreza y un juego de ajedrez era un verdadero lujo. Del 1975 al 1979 estudié en la escuela primaria vocacional de arte, Luís Casas Romero y allí jugué mis primeras partidas con los compañeros de estudios. En general jugaba mejor que mis amigos y ganaba mucho más de lo que perdía, sin embargo, recuerdo que en dos ocasiones se organizaron campeonatos de la escuela para decidir el campeón y en ambas ocasiones no pude ganar por el título. La primera vez perdí con Eduardo García Veloso y en la segunda oportunidad con el chino Juan Carlos Yip que hoy en día es médico urólogo y hermano masón.


Recuerdo que mi padre me llevó una noche a la Academia de Ajedrez del parque Agramonte a ver jugar ajedrez, quedé deslumbrado porque era una cosa bellísima, los juegos eran de madera al igual que los relojes y los jugadores me parecieron verdaderos maestros del ajedrez. Me recibió Bahamonde con mucha consideración y me invitó a volver cuando quisiera. De esa primera visita recuerdo a Porfirio Aguilera que en aquel entonces era un buen aficionado. Con el tiempo en el año 1979 matriculé junto a mi amigo y compañero de estudios Pedro Montero, en un círculo de interés que había en la biblioteca provincial Julio Antonio Mella con el profesor Luís Caballero. Recuerdo que los mejores jugadores de la clase eran Adolfo Pernas y Alejandro Hernández, varios años mayores que yo y me ganaban con suma facilidad hasta que finalmente se invirtieron los papeles y comencé a vencerlos. Recuerdo especialmente la primera vez que le gané a Pernas, me sentí todo un maestro del ajedrez.


En septiembre de 1979 matriculo en la escuela secundaria básica Mártires de Camagüey en el Séptimo grado. Primero jugué dama polonesa con una profesora que daba clases en la Academia de ajedrez hasta que mi padre me llevó al área especial de ajedrez del profesor Eugenio Rondón de quien tengo los más gratos recuerdos. También matriculó mi compañero Pedro Montero con Rondón y éramos compañeros de aula en el séptimo grado. A partir de entonces y por tres años tuve verdadera pasión por el ajedrez. Me propuse mejorar mi nivel de juego y jugábamos y estudiábamos a toda hora. Incluso cuando me sentaba en el inodoro llevaba un tablero y piezas de ajedrez. Los estudios escolares eran obligaciones pesadas que me restaban tiempo de mi aprendizaje ajedrecístico. En aquel entonces no había computadoras como hoy en día, ni vídeos, ni teníamos literatura ajedrecística. Estudiábamos por las clases de los profesores copiando las aperturas y partidas, todavía conservo muchas libretas de aquella época. Mi primer libro de ajedrez fue la Siciliana de Carlos A. Palacios y el segundo, Viaje al Reino del Ajedrez, también ocasionalmente adquiríamos algunas revistas viejas Jaque Mate o Boletines del Curso de Radio Rebelde, lo máximo eran los Informadores los cuales eran privilegio de algunos fuertes jugadores y eran para los alumnos de la Escuela de Iniciación Deportiva EIDE. Los pocos Informadores que se vendían eran muy caros y no estaban al mi alcance. Mi padre tenía un sistema para enseñarme a manejar el dinero que le llamaba ¨la semanada¨, me entregaba una suma semanal de dinero que no era mucha y tenía que ajustar mis gastos a la misma. Así aprendí desde pequeño a manejar el dinero y administrarlo con austeridad.

En febrero de 1980 inicio un match con el profesor Calderín que no era mi profesor oficial pues daba clases a los alumnos de primaria, pero yo siempre estaba infiltrado en sus lecciones. Tenía la virtud de encantar a los alumnos con sus partidas clásicas comentadas de los jugadores románticos, particularmente de Paul Morphy, hacía muchas anécdotas de ajedrecistas y hasta recitaba poesías. Como ajedrecista no tenía mucha fuerza de juego, pero yo no lo sabía en aquel entonces y resultó un privilegio que aceptara jugar un match conmigo. Lo iniciamos por las noches en la Academia en una mesa de torneo y con reloj, hasta banderitas de Cuba le pusimos a la mesa. Empecé perdiendo las primeras partidas, jugaba atemorizado con mucha cautela y luego vinieron varios empates hasta que tomé confianza y le gané la primera partida. Hasta allí llegó el match, Calderín se excusó diciendo que había enfermado, suspendió el encuentro y nunca más quiso reanudarlo. Yo pienso que no quiso arriesgar su prestigio pues ya mis compañeros y varios aficionados acudían por las noches a presenciar el match. Así las cosas, me mantuve todo el año 1980 estudiando y jugando partidas de entrenamientos con mis condiscípulos hasta que en septiembre me invitaron a jugar el campeonato municipal de primera categoría todavía con 12 años de edad. Me invitaron para foguearme pues no podía competir oficialmente en ninguna categoría ya que en aquella época la categoría inferior competitiva era 13-14. Era algo así como un niño talento. Mi primera partida oficial de torneos comenzó el 8 de septiembre de 1980, casualmente ese mismo día, pero 33 años después nació mi hijo menor Lorenzo Ángel Morgado León. Volviendo a la competencia diré que el sistema de control del tiempo era muy agotador para mí, se jugaba a dos horas por cuarenta jugadas y luego se sellaba la partida. Por lo que las sesiones de juego se extendían hasta la pasada la medianoche en un local con deficiente iluminación, mucho humo de cigarro y la música alta de la vecina Casa de la Trova. La primera partida la jugué con un profesor del Instituto de Cultura Física Manuel Piti Fajardo, que se llamaba Domingo Jacob, esta partida fue sellada el día ocho y reanudada el 12 de septiembre, la perdí prácticamente por cansancio en 93 jugadas porque no quería sellarla por segunda ocasión. Aunque perdí fue una valiosa lección, aprendí que el nivel competitivo era muy exigente tanto en la técnica integral de todas las fases de la partida, como en el manejo del tiempo de reflexión y sobre todo en la preparación física y psicológica para tan dura prueba de concentración para un niño como yo. Perseveré en el torneo y aunque perdí otras partidas comencé a entablar y ganar con jugadores de experiencia y mejorar mi ubicación en la tabla general. Mi momento de mayor éxito en la competencia llegó cuando jugué con una experta provincial de cuando Ciego de Ávila y Camagüey eran una sola provincia, se llamaba Gloria Peñalver y la recuerdo como una negra robusta. Según recuerdo Gloria jugaba por Ciego de Ávila, pero había venido a Camagüey a vivir y quería tener resultados deportivos por aquí. Sin dudas Gloria se confió al ver mis pobres resultados hasta ese momento y sobre todo mi físico insignificante pues aún no había desarrollado y era flaquito, chiquito y miope, aparentaba tener mucho menos de los 12 años que tenía. Gloria necesitaba ganar para clasificar a la semifinal provincial y me tiró para arriba todas las piezas como se dice. Rondón me había enseñado a defenderme bien con la Caro-Kan variante Capablanca y sobre todo a cambiar las piezas necesarias y llegar a un final con posibilidades de éxitos. Estaba estudiando por esos días la oposición a distancia en los finales de partidas. En fin, fue una clase práctica que le di a mi rival y cuando se vio perdida, perdió el autocontrol y en vez de rendirse normalmente y darme la mano, tumbó las piezas con la mano y salió apresuradamente del salón de juego sin firmar la planilla de anotación. Gloria nunca más jugó ajedrez en Camagüey y no supe más nada de ella.

Continuará.

Fuentes:

Ver además:

Sobre Enrique Ferreiro García 803 artículos
Tiene más de 30 años de experiencia en el Ajedrez por Correspondencia, donde además de jugador, ha fungido como árbitro y directivo. Es Presidente de la Delegación Provincial de Ajedrez Postal en la provincia Las Tunas, Cuba. Ostenta los títulos de Experto Provincial de Ajedrez en Vivo y Maestro Nacional Senior, máximo título que confiere la Federación Cubana de Ajedrez Postal (FECAP). Se proclamó decimocuarto Campeón Cubano de Ajedrez Postal en 2005. Artículos, comentarios y partidas suyas han aparecido en el prestigioso Informador Yugoslavo de Ajedrez y en otras publicaciones como el Correspondence Chess Review ucraniano y Telejaque, órgano oficial de la FECAP. Se dedica a la investigación histórica del ajedrez y tiene varios libros inéditos sobre el tema. Aparece en un artículo de la Enciclopedia Colaborativa Cubana Ecured en el sitio: http://www.ecured.cu/index.php/Enrique_Ferreiro

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