Sobre el estilo de juego de Bobby Fischer

Robert Fischer, 11no Campeón Mundial de Ajedrez.

CCM José Guillermo de la Rosa Solórzano.

Una partida de ajedrez magistralmente jugada, es un todo, una armoniosa composición, una conducción que vincula de forma coordinada y eficaz todas las facetas del juego (transición de la apertura al medio juego, y de éste al final). La obra así labrada no puede ser menos que una gema, una obra de arte.

El juego de Robert Fischer era lógico, rectilíneo y puro; siempre buscaba la verdad, y la encontraba gracias a su portentosa erudición, a su genialidad en cada fase de la partida, elevada técnica y a su profunda capacidad de cálculo; cualidades éstas, que generalmente le reportaba conducir sus partidas con maestría y precisión impecables.

Una partida de ajedrez magistralmente jugada, es un todo, una armoniosa composición, una conducción que vincula de forma coordinada y eficaz todas las facetas del juego (transición de la apertura al medio juego, y de éste al final). La obra así labrada no puede ser menos que una gema, una obra de arte.

Por lo general Fischer no forzaba (y tampoco evitaba) generar posiciones complejas e inciertas para desarrollar deslumbrantes ataques, pues actuaba según las particularidades de la posición; consecuentemente con ello, si en la misma disponía de una ventaja microscópica pero tangible, optaba por el procedimiento técnico más eficiente, simple y demoledor, al más puro estilo de Capablanca. Pero cuando la posición estaba madura para una definición por la vía rápida, infaliblemente desplegaba una fulgurante combinación al estilo de Morphy; y si a su vez, la contienda reflejaba equilibrio; para asirse con la iniciativa, el enérgico juego de Bobby siempre se mostraba combativo, explotando sus posibilidades hasta el límite, forzando a sostener una intensísima lucha hasta el último peón.

Semejante tensión sobre el tablero, quebrantaba hasta la más férrea de las resistencias, donde el descenso de la energía rival, le propiciaba oportunidad para ejecutar una secuencia letal. Muchas víctimas, entre ellos destacados Grandes Maestros, indicaron que les resultaba muy desagradable jugar contra un oponente con un instinto tan asesino como el de Fischer.

Esta persistente y férrea voluntad de ganar, recordaba al gran luchador que fue Emanuel Lasker. Y es que en el juego de Bobby, se fusionaban virtuosamente las cualidades de estos gigantes (especialmente el de Capablanca), pudiéndose sintetizar que su combativo estilo era universal, dominando tanto el juego posicional como el combinativo, con una marcada fiereza agresiva.

Bobby Fischer fue el más grande talento natural del ajedrez, que unido a sus inigualables logros y altos porcentajes, le reportó el incuestionable honor de ser considerado el más grande ajedrecista que haya existido.

Empero, la necesidad de tener el control absoluto de la partida, le inducía a casi no ejecutar movimientos especulativos de extremo riesgo, donde no es posible para ningún humano estimar las consecuencias a través del cálculo; es por ello que en sus partidas no se advierten frecuentes posiciones confusas y complejas, como sucede, por ejemplo, en las partidas de Tahl, Kasparov, o más recientemente de Shírov. Las posiciones que jugaba Fischer eran más bien propensas a la claridad. De ahí es que resulta difícil señalar sus debilidades, pero como todo ser humano indefectiblemente las tiene, posiblemente una debilidad de Fischer radicaba en que pese a su incomparable comprensión y conocimiento del juego, tenía obsesión por dominarlo todo; pero el ajedrez es prácticamente infinito, por lo que es imposible abarcarlo todo con el cálculo concreto de variantes.

Aunque poseía una gran intuición, generalmente no recurría a ella, porque la consideraba especulativa; el buscaba lo objetivo, y el hueco que a veces dejaba este afán, era donde sus oponentes ocasionalmente encontraban su oportunidad. Asimismo analizando la causa de sus derrotas, se denota que fueron consecuencia de su pragmática tendencia a aceptar casi ineludiblemente sacrificios de peón en la apertura de la partida, según el color de las piezas a conducir (verbigracia: la variante del peón envenenado en la defensa siciliana, la defensa francesa, o en la variante Marshall de la Ruy López), o en cualquier posición avanzada en la partida; pues si percibía que no había razones tangibles de peligro los aceptaba, ya que siempre jugó a ganar; y su gran calidad y confianza en sí mismo le permitía resistir tenazmente la iniciativa rival, logrando rechazar su ofensiva para pasar luego a un mortal contraataque; pero esto invariablemente significaba defenderse al borde del abismo, y cuando en su defensa no lograba plasmar e imprimir su típico dinamismo, ingresando en una posición sin contrajuego, era donde corría peligro de derrota, y precisamente era allí cuando se producían sus aisladas capitulaciones.

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Sobre Enrique Ferreiro García 803 artículos
Tiene más de 30 años de experiencia en el Ajedrez por Correspondencia, donde además de jugador, ha fungido como árbitro y directivo. Es Presidente de la Delegación Provincial de Ajedrez Postal en la provincia Las Tunas, Cuba. Ostenta los títulos de Experto Provincial de Ajedrez en Vivo y Maestro Nacional Senior, máximo título que confiere la Federación Cubana de Ajedrez Postal (FECAP). Se proclamó decimocuarto Campeón Cubano de Ajedrez Postal en 2005. Artículos, comentarios y partidas suyas han aparecido en el prestigioso Informador Yugoslavo de Ajedrez y en otras publicaciones como el Correspondence Chess Review ucraniano y Telejaque, órgano oficial de la FECAP. Se dedica a la investigación histórica del ajedrez y tiene varios libros inéditos sobre el tema. Aparece en un artículo de la Enciclopedia Colaborativa Cubana Ecured en el sitio: http://www.ecured.cu/index.php/Enrique_Ferreiro

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