¡Las A del Ajedrez!

Por Detroy H. Arjona Escalona (Cuba, 2016)

detroyarjona@gmail.com

Grata coincidencia el saber que existe un grupo de palabras que comienzan con la letra castellana A, que a su vez guardan estrecha relación con el milenario juego ciencia; tales vocablos son: aptitud, ambiente, apoyo, amor y “azar”.

Las APTITUDES humanas respecto al ajedrez por lo general amplifican hacia el concepto de ajedrecista talento.

  • La paciencia como rasgo distintivo, o sea, vista como el antónimo de intranquilo o hiperactivo.
  • El brillo en los ojos en el sentido de la picardía que brota debido a la realización de una combinación tenedor, o ante la inminencia de algún tipo de sacrificio de material, o frente a una solución de diagrama de mate en dos o tres jugadas.
  • La capacidad para memorizar partidas.
  • Y la manifestación de carácter para rivalizar contra cualquier oponente, sin importar edad, sexo o condiciones.

Cuando estas aptitudes son observadas en algún escolar, su entrenador ipso facto lo identifica como un alumno talento.

Por ejemplo, algunas de las más sobresalientes aptitudes que debe reunir el ajedrecista fueron citadas en un notable anuncio insertado en el “Boletín Americano de Ajedrez”, en su edición de febrero de 1909; que decía: “Se solicita un joven que reúna el genio de Morphy, la memoria de Pillsbury y la determinación de Steinitz”. Y que concluiría informando que unos meses más tarde un estudiante de Columbia, con tan sólo 20 años de edad, habría de cubrir ese puesto. Se hacía clara alusión a nuestro inmortal José Raúl Capablanca Graupera (1).

Sin embargo, muchos ajedrecistas talentos se han malogrado en el camino hacia metas superiores. ¿Por qué?, o mejor dicho, ¿cuáles han sido las causas? Creo que un breve recorrido por las restantes A del ajedrez podría esclarecer al respecto.

Pasemos entonces al AMBIENTE, o mejor dicho, al medio en el cual se desarrolla el ajedrecista.

Y es que no son pocas las tesis que aseveran, por ejemplo en el caso de Capablanca, que más que genio lo que estaba era dotado de muy buenas aptitudes que hallaron eco en que vivió en condiciones excelentes para el desarrollo de sus facultades extraordinarias: 1) Su padre y su tío jugaban al ajedrez, y esto les permitía poder apreciar en su valor los méritos del niño; y 2) El ambiente ajedrecístico de Cuba, caldeado por los matchs en el Campeonato del Mundo jugados por Steinitz contra Chigorin y Gunsberg, lo que contribuyó en alto grado en apoyar y sostener ese talento nacional (2).

En lo personal recuerdo que una vez fui invitado como “scout” a un intramural que se desarrolló en el combinado deportivo de mi ciudad natal Gibara. Había un entrenador que se afanaba en que yo observase a un niño de 10 años que combatía ferozmente en cada una de sus partidas. A la postre el chico resultó el vencedor de su categoría, y entonces el entrenador y el padre me lo presentaron.

Así supe que el mismo residía en Playa Caletones, una pequeña comunidad a 18 km de Gibara que en aquel entonces no estaba ni electrificada. Como es lógico los escuché a ambos y me esmeré en ser amable y mantener una conversación agradable sin crear falsas expectativas… Ya a solas conversé con su mentor y le aclaré lo difícil que resultaría “gozar” como trebejista al mencionado pionerito; le enfaticé repetidamente: el medio en que vive es muy agresivo contra el ajedrez, desde allí no podrá desarrollarse… Lamentablemente la vida me dio la razón.

Alexander Alekhine expresó: «Los primeros éxitos en ajedrez pueden suscitar en que el joven jugador, con razón o sin ella, se vea gratificado con el calificativo de niño prodigio» (3). Me viene a la mente otra cita, que tal parece el complemento de la anterior. Pertenece al pintor naturalista estadounidense Winslow Homer (1836–1910), uno de los más grandes artistas de su país en el Siglo XIX; el cual afirmaba: «Lo que llaman talento no es más que un arduo y continuo trabajo realizado correctamente» (4).

Dentro del medioambiente ajedrecístico la sub-A adversario ha de tener su propio pedestal.

No son pocos los entrenadores que estimulan el campeonismo, es decir, que concentran todas sus energías en “fabricar campeones”. Llegan a tener un alumno ajedrecísticamente muy aventajado, y se esmeran en que éste gane toda competencia en la que participa. En ocasiones menosprecian las potencialidades de los otros niños de la clase, olvidando que no es una carrera de velocidad sino más bien de fondo. Y aunque es verdad que en el corto plazo obtienen resultados, a la larga el atleta se va quedando solo y sin contrincantes de fuerza con los cuales rivalizar. Pronto deja de ser aventajado y pasa a engrosar la media de la masa de ajedrecistas aficionados a este deporte. No podemos olvidar que a lo largo de la historia el desarrollo del ajedrez ha necesitado de la coincidencia en tiempo y espacio de los Morphy–Anderssen, Lasker–Steinitz, Capablanca–Alekhine, Botvinnik, Smyslov, Tal y Petrosian, Fischer–Spassky y Karpov–Kasparov por tan sólo citar algunos nombres de famosos Campeones Mundiales.

Si de adversarios en el deporte se trata, lo ideal sería el escalonamiento. Poder jugar en una “liguita” que el aficionado sólo abandonará cuando sienta que domina a todos los rivales que juegan en ella; pasando así a jugar en otro sitio donde sea mucho mayor la calidad ajedrecística de los que allí concurren.

Me detengo ahora en lo que para mí significa dominar ajedrecísticamente algún contrincante o varios de ellos, porque no necesariamente las victorias son sinónimos de pleno dominio sobre los contrarios. Dominio ajedrecístico que para mí emerge con el control estratégico–táctico que se ejerce durante la partida, que a su vez va acompañado de una mayor pericia en cualquier estilo de juego (romántico, clásico, posicional, etc.), y que también se expresa en una superioridad puesta a pruebas sin importar la fase de la partida (apertura, medio juego o final). De lo cual estoy seguro, que de ocurrir, serán mucho más las victorias que las tablas o derrotas.

Acá en Gibara, como en cualquier otro pueblo de Cuba o del mundo, es normal hallar el contraste entre los diferentes lugares donde se practica ajedrez. Por ejemplo, círculos donde los ajedrecistas sólo gustan jugar gambitos, u otros en los que tan sólo encontrarás trebejistas en extremo defensivos. En tal sentido siempre aconsejo practicar el cómo se juega en ese lugar, buscando superar a los adversarios en lo que precisamente ellos son fuertes.

Recuerdo que un atleta se sentó a jugar contra rivales bastante neófitos a los cuales planteó la Apertura Larsen (1. b3), cuando lo aconsejable era “pulverizarlos” con un juego clásico permeado de sacrificios, y repasar así lo que el gran profesor argentino Roberto G. Grau calificó como tiempo contra material (5). Al final ganó todas sus partidas debido a los errores que cometieron esos aficionados, pero por lo trabajoso de sus victorias nunca quedó claro si dominó en sí a todos los que tuvo enfrente.

Ilustrativo al respecto fue lo que escribió en 1925 el cubano José A. Gelabert: «Alekhine desconcierta a todos con su escuela de brillantez que es muy poderosa cuando se enfrenta a jugadores inferiores, pero contra un Capablanca o un Lasker es menester emplear su propia escuela y el triunfo corresponderá al jugador más preciso» (6).

La variable APOYO juega un papel fundamental no sólo en el ajedrez, sino en cualquier otra manifestación de la vida del hombre en sociedad…, de la vida de los hombres sobre la tierra.

El deporte cubano de alto rendimiento ha sido magistralmente diseñado para que nuestros escolares recorran desde las Academias o Áreas Especiales Municipales a las EIDE (Escuelas de Iniciación Deportiva Escolar) Provinciales. En el pasado también existían las ESPA (Escuelas Superiores de Perfeccionamiento Atlético Provinciales) como subsiguiente escalón piramidal, y de ahí se continuaba ascendiendo a los CEAR (Centros de Alto Rendimiento Nacionales) combinado con los estudios superiores dentro del sistema de la Universidad de las Ciencias de la Cultura Física y el Deporte.

Todo ese transitar constituye -de por sí-, el mejor apoyo que un ajedrecista o cualquier otro deportista puede recibir en Cuba. Los padres de los atletas se sienten seguros de que sus hijos talentos asisten a las mejores escuelas, que a su vez cuentan con claustros de profesores especializados y muy profesionales. El Estado lo asume todo, es decir, salarios, transportación, alojamiento y alimentación. Garantiza la base material de estudio de todo el sistema de enseñanza, así como los implementos y equipamientos deportivos, e incluso las tecnologías en caso de que sean necesarias. El Sistema de Salud también es convocado, involucrándose a través de los programas de vacunación y estomatológicos, el trabajo de masajistas y fisioterapeutas, la asistencia médica, y la presencia de Psicólogos para cada uno de los deportes.

El Gran Mikhail Botvinnik sintetizó mucho de este tema cuando expresó: «Creando especiales condiciones para progresar en el ajedrez el Estado nos obliga a asumir responsabilidades» (7).

Al menos en Cuba, si un joven aficionado (por ejemplo alrededor de los 25 años), se trazase como meta alcanzar alguna norma ajedrecística nacional o internacional; tendría que contar con un apoyo tal que le permitiera sobrepasar más de un obstáculo:

  • Residir en una ciudad con buen desarrollo en la infraestructura ajedrecística (una vez más la influencia del ambiente ajedrecístico).
  • Presencia de academias, clubes o peñas ajedrecísticas.
  • Existencia de bibliotecas con buena literatura en la materia.
  • Contar con ajedrecistas de cierta calidad y con torneos propios que se efectúen con determinada frecuencia.
    • Poseer computadora para instalar en ella los tan necesarios softwares de ajedrez.
    • Saber emplear los métodos de estudio.
    • Y tener la voluntad de sacrificarse en pos de alcanzar la meta.

Esas aspiraciones serían menos objetivas si el aspirante tuviese que dedicar parte de su tiempo al cumplimiento de otras obligaciones. Por ejemplo, cuando se es obrero y se tienen deberes laborales diarios; si además se poseen hijos que como es lógico requieren de una educación esmerada; o cuando esposa, hogar y familia demandan permanencia y el ingreso de dinero y otros recursos para la subsistencia.

Como colofón lo expresado por Garry Kasparov: «Veo en la lucha ajedrecística un modelo pasmosamente exacto de la vida humana, con su trajín diario, sus crisis y sus incesantes altibajos» (8).

Pasando a la penúltima A del Ajedrez, se le atribuye al gran maestro danés Bent Larsen la frase siguiente: “El Ajedrez… es una hermosa amante a la que volvemos una y otra vez, sin que nos importe las muchas veces que nos rechaza” (9). Prácticamente esta definición genial agota cualquier intención de comentar acerca del tema: “El AMOR al ajedrez”.

No obstante, admito que tuve dudas en decidir si empleaba la palabra adicción, que increíblemente también empieza con A. En definitiva, citaré par de relatos que considero resultarán más que suficientes para que el lector pueda entender mi punto de vista.

El norteamericano Reuben Fine escribió en una de sus publicaciones (10), que un anónimo eclesiástico del siglo XVII llevó a estrofas bajo el título de “Perfidias del Ajedrez”, una vívida descripción de la clase de atractivo que ejerce el ajedrez (nótese la coincidencia de que el vocablo atractivo igualmente inicia con A). Cito dos de ellas:

     III. No acababa conmigo, cuando yo había terminado con él. Me seguía al gabinete, me acosaba en el púlpito; mientras me entregaba a la oración o estaba predicando, continuaba (mentalmente) jugando al ajedrez; lo mismo que si tuviese el tablero ante los ojos…
     IV. […] A veces, me comprometía ante mí mismo, de la manera más solemne, a jugar cierto número de partidas, con varios rivales o con una sola persona, en determinado espacio de tiempo, y a dejarlo luego definitivamente… Obligaciones y promesas que rompí a menudo.

Por su parte el soviético Alexander Kotov ejemplificó su gran amor por el ajedrez en el relato siguiente: «Lo que más sentí fue separarme de mis compañeros de ajedrez. Sin embargo, pronto se hizo alegría mi pesar: en la nueva escuela había más ajedrecistas que en la vieja. Yo jugaba más a menudo con el muchacho que se sentaba a mi lado, en el mismo pupitre; después de las clases, solíamos quedarnos en la escuela y nos enfrascábamos en el ajedrez hasta bien entrada ya la noche. Echábamos hasta 100 y más partidas en una tarde, y ello me ayudó a aprender al dedillo los rudimentos de la técnica del juego» (11).

Y aquí mi punto de vista: Hay que tener vicio, mucho vicio; ganas, muchas ganas; adicción, mucha adicción; o amor, mucho amor por el ajedrez y todas sus manifestaciones. ¡Esa es la clave! Pasión por el ajedrez o hermosa locura por él. Sed insaciable o hambre infinita de ajedrez.

Y aunque quizá Kotov haya exagerado un poco con la cantidad de partidas, uno no puede contentarse con la decena. Alrededor de 60 al día sería un buen número: 20 en la mañana, 20 en la tarde y 20 por la noche. ¡Eso es posible…, esa es mi experiencia!

Por último, el papel que juega el “azar” o la casualidad en la vida de las personas, a lo cual no escapa el ajedrez. Porque desde hace mucho tiempo se conoce que nosotros los humanos acostumbramos echar mano a la sinonimia para explicar la inevitabilidad de algún suceso o acontecimiento social por muy increíble que su ocurrencia parezca. Hay quienes lo atribuyen a la propia vida, mientras que otros dicen que fue el destino. Los jugadores con sus cábalas por la suerte o buena fortuna; la naturaleza para los naturalistas; y para los materialistas dialécticos la combinación de condiciones maduras, tanto en lo objetivo como en lo subjetivo.

En lo personal tengo mi fe en el Altísimo, palabra que contundentemente comienza con A, y que como dice cierta canción… resulta ser verbo más que sustantivo. Traigo a colación el versículo siguiente: “Los planes son del hombre; la palabra final la tiene el Señor” (12).

¿Cuántos ejemplos a citar?… miles. Alguna vez leí que el 2do. Campeón Mundial filosofó acerca de que cuando Dios necesitaba un líder para lograr algo, nunca buscaba dos. Invito así a reflexionar en las aseveraciones siguientes:

  • Zukertort, Chigorin, Tarrasch, Schlechter, Rubinstein, Keres, Bronstein y Kortschnoj tuvieron más que condiciones para conquistar la corona ajedrecística, pero para tal empeño ninguno fueron los elegidos de Dios, ni de Caíssa ni de Palamedes.
  • Probablemente Capablanca no debió perder en el match de 1927; pero de que Alekhine más temprano que tarde se iba a proclamar 4 Campeón Mundial de Ajedrez, de eso tampoco debe quedarnos duda.
  • Y algo similar hubiese ocurrido entre Karpov y Fischer, quizá no en 1975… ¿pero cómo evitar el empuje del ruso para 1978?

Como cierre la siguiente frase de Capablanca: “EL buen jugador siempre tiene suerte” (13).

CONCLUSIONES

Las A del Ajedrez son variables que ejercen influencia notoria en la realización de la carrera de un ajedrecista. Su conocimiento y manejo contribuyen -como mínimo-, a cimentar bases sólidas para el futuro desarrollo del talento ajedrecístico.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

01     Revista CUBA No. 56. La Habana, diciembre 1966 (p. 11)

02     Alekhine, A. “Curso de Ajedrez a Arturo Pomar” (p. 108)

03     Alekhine, A. “Curso de Ajedrez a Arturo Pomar” (p. 108)

04     Blanco, U. “Ajedrez Básico”. 2005 (p. 77)

05    Grau, R.G. “Tratado General de Ajedrez”. Tomo II Estrategia. Editorial Orbe, La Habana 1961 (p. 9)

06     Sánchez, M.A. “Capablanca, Leyenda y Realidad”. Volumen 2. Ediciones Unión, 1978 (p. 230)

07     Ajedrez Integral, Tomo I. Editorial Deportes, 2003 (p. 321)

08     Opiniones de Campeones Mundiales.doc (Digitalización)

09     Blanco, U. “Ajedrez Básico”. 2005 (p. 65)

10    Fine, R. “Psicología del Jugador de Ajedrez”. Ediciones Martínez Roca S.A. Barcelona, 1974 (p. 15)

11     Kotov, A. “Apuntes de un Ajedrecista”. Moscú, 1959 (p. 12)

12     PROVERBIOS 161

13     Opiniones de Campeones Mundiales.doc (Digitalización)

 

Sobre Enrique Ferreiro García 775 artículos
Tiene más de 30 años de experiencia en el Ajedrez por Correspondencia, donde además de jugador, ha fungido como árbitro y directivo. Es Presidente de la Delegación Provincial de Ajedrez Postal en la provincia Las Tunas, Cuba. Ostenta los títulos de Experto Provincial de Ajedrez en Vivo y Maestro Nacional Senior, máximo título que confiere la Federación Cubana de Ajedrez Postal (FECAP). Se proclamó decimocuarto Campeón Cubano de Ajedrez Postal en 2005. Artículos, comentarios y partidas suyas han aparecido en el prestigioso Informador Yugoslavo de Ajedrez y en otras publicaciones como el Correspondence Chess Review ucraniano y Telejaque, órgano oficial de la FECAP. Se dedica a la investigación histórica del ajedrez y tiene varios libros inéditos sobre el tema. Aparece en un artículo de la Enciclopedia Colaborativa Cubana Ecured en el sitio: http://www.ecured.cu/index.php/Enrique_Ferreiro

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