Apertura de los cuatro caballos y los dos burros

Carlsen, Mamedyarov y Karjakin.

Sobre el acuerdo de tablas previo a la partida.

Traducido y presentado por Alejandro Miranda.

(Genna Sosonko, publicado el 25.07.2019 en el sitio chess-news.ru)

Luego de las tablas en la partida Shakriyar Mamediarov con Sergei Kariakin en el torneo del año pasado en Stavanger (2018), el campeón mundial declaró que en realidad los rivales llegaron a este resultado estando en casa. “Nunca he hecho esto yo mismo, pero es difícil evitar que otros actúen de tal modo”, – añadió Carlsen.

A todas las preguntas Sergei y Shaj daban respuestas indolentes, y la polémica que se desarrolló sobre la ética de tales acuerdos, finalmente se redujo a la nada. Así ocurrió en otros casos, cuando se habla de este delicado tema.

Hoy no parece posible establecer quién y cuándo introdujo este, por todos conocido fenómeno, en el ajedrez. ¿Quién fue el primero en proponer al rival pactar el armisticio y luego ratificar este acuerdo en la sala de juego? ¿Quién estaba detrás del ruido de un tiempo ya lejos de nosotros, cuando se erigía el edificio del ajedrez profesional? El énfasis en la palabra “profesional” no fue accidental: después de todo, los aficionados juegan únicamente por amor al ajedrez, y renunciar a la lucha antes de la partida no tiene sentido: ¿para qué entonces sentarse al tablero?

Reflexionando, quién a pesar de todo inició este fenómeno, el autor llegó a la conclusión de que la palma pertenece a uno de los campeones más brillantes de la historia de nuestro juego.

Incluso si él mismo se avergonzaba de su profesionalismo, enmascarándose con la sinecura de diplomático, fue él precisamente quien introdujo este fenómeno, exactamente a él le pertenece este enfoque práctico del juego en el sentido moderno de la palabra. Usted ya entendió, seguramente, que se trata de José Raúl Capablanca.

Aunque el tercer campeón mundial nació en Cuba y siguió siendo un latino típico por su temperamento, Capablanca vivió toda su vida racional en los Estados Unidos y, admirando sus logros, sus contemporáneos y colegas notaron no pocas veces en su juego en primer lugar la eficiencia estadounidense. Esta eficiencia en conjunto, por supuesto, con un talento sobresaliente, resultó ser asesina tanto para los románticos del ajedrez como Efim Bogoliubov y Savielly Tartakower, como para los filósofos del juego como Aaron Nimzowitsch. ¡Clientes habituales de Capa, ellos nunca le ganaron ni una partida!

Y ahora, reproduzca, por favor, esta partida, esto no le ocupará mucho tiempo.

«British CF-15 London International» Fecha «1922.08.11» Ronda «9» Blancas: «Aliojin, Alexander» Negras «Capablanca, Jose Raúl» Resultado «1/2-1/2» ECO «D64»

1. d4 d5 2. Cf3 Cf6 3. c4 e6 4. Cc3 Cbd7 5. Ag5 Ae7 6. e3 O-O 7. Tc1 c6 8. Dc2 dxc4 9. Axc4 Cd5 10. Axe7 Dxe7 11. O-O Cxc3 12. Dxc3 b6 13. Dd3 c5 14. Aa6 Axa6 15. Dxa6 cxd4 16. Cxd4 Cc5 17. Db5 1/2-1/2

Diecisiete jugadas incompletas, por supuesto, no merecen ningún comentario, si no fuera por el escándalo que estalló unos meses después.

Aliojin se enojó terriblemente con Bogoliubov, quien dijo que esta partida en realidad no se jugó, y mes y medio antes del comienzo del torneo de New York (1924) incluso exigió excluirlo de la lista de participantes, amenazando en caso contrario no jugar.

“Mi participación conjunta con Bogoliubov está fuera de discusión – declaró Aliojin. – Él no es un caballero. Bogoliubov es una persona de quien se puede esperar cualquier cosa en cualquier momento”.

Palabras fuertes, sobre todo considerando que ambos tenían entonces relaciones confidenciales, pudiera decirse, amistosas. Lo más probable es que Alexandr Aliojin realmente le dijera a Efim Dmitríevich que ese día él y Capablanca acordaron tablas antes del juego, Bogo se lo contó a alguien más, la historia se convirtió en patrimonio de los periodistas…

Los organizadores inquietos entablaron negociaciones con el futuro campeón mundial, y Aliojin finalmente reemplazó la ira con la misericordia (ambas partidas con Bogoliubov en New York terminaron en tablas).

Señaló además que, al torneo de Londres, después del cual estalló todo el alboroto, el campeón mundial Capablanca llegó con un halo de gloria, mientras que Aliojin, que fue a parar a occidente un año antes, solo estaba tratando de establecer un modo de vida sedentario y reanudar una carrera interrumpida por siete años de la primera guerra mundial y la guerra civil.

Desde la altura de su reputación, el cubano, que ganó fácilmente ese torneo, podía proponer tablas antes de la partida a cualquier rival y con cualquier color, pero, aunque su partida con Aliojin resultó extremadamente pálida, es imposible afirmar que este resultado se acordó de antemano.

Se trata de otra cosa: es evidente que cualquier negociación y tanto más, acuerdos entre rivales antes del juego se consideraban en sí mismas, como mínimo, censurables.

Quince años después esto se veía de manera diferente. Andor Lilienthal recordaba cómo antes de la partida con Capablanca en el torneo de Moscú de 1936 él se encontró al famoso cubano en la barbería del hotel “Nacional”, donde se hospedaban los participantes: «“¿Qué quiere hoy? – me preguntó Capablanca, ya sentado en el sillón del barbero, – ¿quiere tablas?” “Bien, – contesté, – ¿pero qué jugaremos?” “Oh, es muy fácil, juguemos la apertura de los cuatro caballos. Usted toma en c6, yo tomo en c3, en resumen, ¿entiende?”. Jugué la partida sin mucha concentración y me encontré imperceptiblemente en una posición desagradable, de modo que incluso a Capablanca no le fue tan simple encontrar una jugada neutral, sobre todo teniendo en cuenta que el público en el torneo era bastante calificado. Finalmente la partida de todas formas terminó en empate. “La apertura de los cuatro caballos y los dos burros”, –  comentó Nikolai Krylenko, que observaba esta partida en el salón».

«Moscow International-03» Fecha «1936.06.05» Ronda «17» Blancas: «Lilienthal, Andor» Negras: «Capablanca, Jose Raul» Resultado «1/2-1/2»] [ECO «C49»]

1. e4 e5 2. Cf3 Cc6 3. Cc3 Cf6 4. Ab5 Ab4 5. O-O O-O 6. d3 d6 7. Ag5 Axc3 8. bxc3 De7 9. Axc6 bxc6 10. h3 h6 11. Ae3 Ae6 12. c4 c5 13. Tb1 Tab8 14. Cd2 g5 15. De2 Rh7 16. Txb8 Txb8 17. Tb1 Txb1+ 18. Cxb1 c6 19. Cc3 Db7 20. Dd1 Cd7 21. Db1 1/2-1/2

Evidentemente, para el jefe del ajedrez soviético no era un secreto cómo los rivales acordaban tablas, mientras que a Andor Arnóldovich no le resultó vergonzoso contarlo, aunque fuera décadas después.

No pocos granos de arena aportaron los representantes del ajedrez soviético al fenómeno de varios tipos de acuerdos y negociaciones antes de la partida, e incluso antes de los torneos. Esto ocurrió en todos los niveles, y hablando de los más altos, recordemos el Torneo de pretendientes de Budapest (1950).  A Boleslavsky, que entonces lideraba le propusieron hacer dos tablas en las últimas rondas para permitirle a Bronstein que lo alcanzara, y solo entonces decidir cuál de ellos jugaría el match por el campeonato mundial con Botvinnink (que fue lo que sucedió). Recordemos el Torneo de pretendientes de 1953, del que el propio Bronstein contó en el artículo «Fraude en Zurich»,  publicado cincuenta años más tarde, y el Torneo de Candidatos a cuatro vueltas en Curaçao (1962) cuando tres grandes maestros soviéticos terminaron en rápidas tablas todas las partidas “jugadas” entre ellos, lo que ya habían acordado incluso antes del comienzo de la competencia.

Una vez, incluso Mijaíl Moiseévich Botvínnik tocó este delicado tema: “Lo confieso: hice tablas por acuerdo – con Lisitsin en 1931, con Flohr en 1933 y otros – es imposible contarlas todas, pero nunca en mi vida perdí adrede con nadie”. Tengamos en cuenta la sincera confesión del Patriarca, aunque al lector le interesa más quién se esconde concretamente detrás de “y otros – es imposible contarlas todas”.

Volvamos a Capablanca. En el torneo de Nottingham (1936) Botvínnik y Capablanca llegaron a la última ronda con la misma cantidad de puntos. El campeón soviético jugaba con el zaguero Winter, y Capablanca con Bogoliubov. Cuando caminan por el salón mientras sus rivales pensaban en su jugada, el cubano alcanza a Botvínnik: “Usted tiene una buena posición, y yo tengo una buena posición. Hagamos ambas tablas y compartamos el primer premio”.

«¡Vaya, pienso, qué astuto!, – escribe Botvínnik. – Winter no es Bogoliubov… “Yo, por supuesto, estoy listo para aceptar su propuesta, pero ¿qué dirán en Moscú?” Capablanca se quedó de una pieza».

Esto, por supuesto, no es una propuesta de tablas antes del juego, pero es característico el enfoque práctico de Capablanca sobre el asunto.

Recordando que el cubano se comportaba tras el tablero con elegancia y dignidad, Botvínnik escribía: «En su educación ajedrecística había imperfecciones. Así, me extrañaba algo, cuando en posiciones perdidas en el zeitnot del contrario él comenzaba a jugar blitz (¡a él le quedaba tiempo en el reloj!) con la esperanza de un error del contrario en el zeitnot, y él jugaba blitz perfectamente. Pero, ¿cómo condenar esto? ¡En esto consistía el último chance! »

Por qué el comportamiento de Capablanca le chocaba a Botvínnik, para el ajedrecista moderno es incomprensible, además Capablanca jugaba al zeitnot del contrario como se desprende de los recuerdos de Flohr, no solo en las posiciones perdidas, sino en cualquiera. Pero a Steinitz o Zukertort es realmente difícil de imaginarlos jugando contra tiempo. O el propio Steinitz en el torneo de Viena de 1882, que abrazó durante la última ronda a Winawer (con quien compartió el primer lugar finalmente), con la propuesta de que ambos acordaran tablas y se garantizaran sin sobresaltos la división del premio principal.

Como era el ajedrez en el siglo XIX, se conoce. De las antiguas fotografías nos miran respetables caballeros en trajes con chalecos y corbatas. Casi todos ellos eran médicos, banqueros, maestros en gimnasios, abogados o militares, pero y de las personas aisladas que trataban de vivir del juego era imposible incluso pensar que podían venir al salón de juego del torneo y simplemente cumplir su parte de manera formal. No era absolutamente falso, pero las normas morales y la reputación en ese momento desempeñaban un papel incomparablemente mayor que el actual.

Sobre épocas anteriores ni hablar. ¿Puede usted imaginarse a Filidor o Morphy, proponiéndose terminar la partida en tablas, sin comenzarla? El ajedrez entonces tenía la imagen de algo elevado, de élite intelectual, pero lo que era reprensible e incluso amoral ayer y aún más, antier, en nuestros días se considera generalmente aceptable y completamente normal.

A Pal Benko le contaron cómo el joven Capablanca acordó tablas con alguien antes de la partida, pero finalmente ganó. Y cuando su oponente, al rendirse, se comenzó a lamentar y quejar, Capa solo se encogió de hombros: “¿Cómo te podía dar tablas si jugaste tan mal?”

No sé quién le reveló esta historia a Benko ni si se relaciona con el campo de las conjeturas, pero por alguna razón ni sobre Steinitz ni Lasker (por ejemplo) se contaron tales historias, pero sobre Capablanca, ¡vea usted!

No creo que me equivoque si digo que, a partir de Capablanca, no hubo ni un solo campeón mundial que no acordara tablas antes del juego, sobre los simples mortales ya nos callaremos. (“Pues, que hubo tablas acordadas, no lo oculto…” – de una entrevista de Anatoly Karpov 2019).

Excepciones, quizás, solo son Fischer y Carlsen. Se trata, por supuesto, no de partidas cortas – las tienen el americano y el noruego, aunque con menos frecuencia que otros campeones. Pero eso es otra cosa: por muy cortas que fueran, esas partidas se jugaron de verdad.
* * *

Este tema, por supuesto, es mucho más amplio y va más allá del ajedrez. Enumeremos dos ejemplos.

Un crítico de la época de Pushkin, leyendo “Ruslán y Liudmila”, encontró que “es imposible no ruborizarse y no bajar la mirada” por estas estrofas:

Pero a una muchacha de diecisiete años

¡Qué gorro no le pega!

¡Nunca hay pereza para engalanarse!

Liudmila volteó el gorro;

En las cejas, recto, de lado

Y al revés se lo puso

Por qué aquí se debe uno sonrojar y agachar la vista hoy parece misterioso. Incluso comencé a reflexionar sobre la última estrofa, tratando de encontrar algo frívolo en ella, pero dejé el inútil ejercicio. En realidad, la explicación es obvia: entonces había algunas normas y conceptos, hoy son otros.

Otro ejemplo. La traductora estadounidense de Tolstói, Isabel Hapgood, se negó en 1890 a traducir la “Sonata a Kreutzer”: “Incluso teniendo en cuenta que, en Rusia, como en cualquier lugar de Europa, la libertad de expresión es mayor que en Estados Unidos (le regalo esta cita a los medios masivos de información pro-Kremlin, G.S.), encuentro que el lenguaje de la Sonata a Kreutzer es demasiado sincero. La descripción de la luna de miel y su vida familiar casi hasta el momento de la catástrofe final, así como lo que la precede, es obscena”.

La explicación, por supuesto, es la misma: en aquellos tiempos había otras nociones sobre lo permisible y moral, que en el siglo XXI.

Volviendo al tema del ajedrez, uno no puede dejar de referirse al fenómeno de las competencias por equipo que surgieron no hace mucho relativamente. Luego de la primera Olimpíada en Londres (1927) Richard Reti escribió: “Los años de posguerra en Europa Occidental con pleno derecho se pueden denominar como la época del deporte. Su dominio mundial se siente en suficiente grado en la vida ajedrecística. Cierto, nuestro antiguo juego era popular ya cuando el deporte era patrimonio de los elegidos, y, probablemente, no pierda su importancia ni en el caso cuando el arte de romper la nariz deje de considerarse una profesión honorable. Pero ahora vivimos bajo el estandarte del deporte, y en relación con esto existen organizaciones que quieren ver el ajedrez como una de las variedades de actividad deportiva. Solo esto explica el hecho de que el reciente torneo en Londres adquirió dimensiones inimaginables en el pasado. En lugar del torneo habitual, se llevó a cabo una competencia de dieciséis equipos nacionales. Se tomaron en cuenta los puntos del equipo, los resultados de los participantes individuales no interesaron a nadie… Alguien comentó ingeniosamente que al espíritu del torneo respondía completamente si hubiera que jugar con figuras de cinco kilogramos, por cuanto vimos el triunfo del ajedrez en Londres como una forma de deporte. En interés del mismo ajedrez, deseamos que este triunfo sea el último».

Casi un siglo después, solo se puede constatar cuán equivocado estaba Reti. Esa primera Olimpíada de ajedrez no fue el principio del fin. Todo lo contrario: las olimpíadas mundiales se han convertido en uno de los principales eventos de la vida ajedrecística, y el componente deportivo en ellas, como en general en el ajedrez, ahora prevalece sobre todos los demás.

Y si en Londres (1927) participaron equipos nacionales de 16 países, en Batumi (2018) hubo casi 180 de ellos por lo menos. Las reglas del juego no han cambiado desde entonces, pero en las olimpíadas aparecieron elementos de lucha que habrían sorprendido no solo a Reti, sino a todos los participantes de las Olimpiadas de antes de la guerra.

No se trata solo de la verificación electrónica (aunque también se incluye), sino del acuerdo colectivo de tablas. A este acuerdo no llegan los propios jugadores sino los capitanes de los equipos. Ocurre que los relojes se detienen en dos tableros, pero sucede que los capitanes deciden detener el match por completo. Estos casos son innumerables, y por alguna razón nadie considera que esto sea algo censurable.

El autor de estas líneas, participando por el equipo de Holanda, y luego, siendo su capitán, fue testigo (y participante) repetidamente de acuerdos de ese tipo.

En el match Unión Soviética – Holanda en la Olimpíada de Salónica (1988), mi partida con Arthur Yusupov terminó rápidamente en tablas. La situación en los tableros restantes (Karpov-van der Viel, Belyavsky-Piket y Kuif-Ivanchuk) no estaba clara, y le dije al capitán del equipo holandés: “Se puede intentar ofrecer tablas, ¡sólo el diablo sabe lo que puede ocurrir! …”

Match Unión Soviética – Holanda (Salónica 1988)

Se obtuvo el permiso: “Ellos seguro no estarán de acuerdo, pero inténtenlo…” El capitán del equipo soviético, Serguei Makarychev, no se atrevía a tomar una decisión importante y propuso esperar a Garry Kasparov, que no jugaba en ese match. El campeón mundial apareció en el salón diez minutos después. Después de observar todos los tableros, arrugó la nariz con desagrado, sacudió la cabeza y pareció dar el visto bueno. En presencia del asombrado árbitro, se pararon los relojes y el resultado 2:2 se convirtió en un hecho.

Sin embargo, no se debe pensar que gané algún laurel en mi país: si los comentaristas de ajedrez escribieron sobre un empate honorable contra el equipo más fuerte del mundo, los periodistas que estaban lejos del ajedrez prestaron atención exactamente a la forma en que se logró este resultado e incluso en uno de los semanarios más populares del país apareció un artículo bajo el formidable encabezamiento: “¡Atención: corrupción!”

Por otra parte, ¿qué soy yo? Después de todo, el fiscal estalinista, Roman Andreevich Rudenko, solía decir en tales casos: “¡Lo principal en la investigación es no llegar a uno mismo!”

Pero bromas a un lado. En las competencias por equipos esto es una práctica común, especialmente en los matches de la última ronda. Por ejemplo, en la Olimpíada de Janty-Mansiysk (2010), se criticó a la capitana del equipo femenino de Ucrania, “que dejó escapar el momento de proponer fijar las tablas en el match con las chinas”, lo que le costó medallas a las muchachas ucranianas.

Uno de los ejemplos más recientes: “Un empate en el match le garantizaba a la India un lugar en el podio, ellos incluso lo ofrecieron en algún momento, pero nosotros decidimos jugar”. Esta es una frase de una entrevista con Jan Nepomnyashchy sobre la ronda final del Campeonato Mundial por Equipos en Astaná (2019).

Sucede, especialmente al final de la competencia, que los capitanes llegan a semejante acuerdo no solo durante, sino también ANTES del inicio de la ronda. Todo esto es un secreto a voces, y la frase del tipo “hemos perdido nuestras posibilidades de estar entre los cinco primeros, y nuestros rivales no tenían motivos para rechazar un resultado pacífico”, solo sirve como una hoja de parra: todos entienden lo que quiere decir el autor cuando escribe sobre un match en el que todas las partidas terminaron en tablas durante media hora.

Repito: hoy, este tipo de propuesta es uno de los elementos de la lucha por equipos, y nadie se pregunta: ¿es ético este acuerdo en general? (con la excepción posiblemente del periodista holandés mencionado anteriormente, que escuchó por primera vez sobre este fenómeno).

* * *

Tanto en las competencias individuales como en las de equipos, supongo que la propuesta de tablas antes de la partida (partidas) existirá en el futuro. La explicación es simple. Un poeta escribió sobre esto, aunque por otro motivo: “Pero aquí el arte termina, y la tierra y el destino respiran”. No sé qué tal la tierra y el destino, pero la dura realidad de la vida se respira aquí. Y esta realidad en estos días fácilmente deja plantados los modales y convenciones. Después de todo, incluso el gran combinador no podía oponer nada al férreo argumento del montador Mechnikov: “el consentimiento es un producto con total no resistencia de las partes”. Este es exactamente el caso. Y si las partes llegaron a un acuerdo, nada ni nadie puede detenerlos.

Y si es así, la conclusión es clara: solo tienes que, sin molestarte, aceptar este fenómeno, habiendo acordado (perdón por el juego de palabras involuntario), que este es uno de los componentes de nuestro juego. Un juego, que se ha convertido en deporte, pero no lo es hasta el fin (al menos como consecuencia de este fenómeno, castigado severamente en otros tipos de eventos deportivos).

¿Puede usted nombrarme algún deporte en el que, en la competencia más importante por el campeonato mundial, el torneo de pretendientas, dos partidas no se jugaron en absoluto? ¿Y todos: participantes, árbitros, espectadores, absolutamente todos sabían de antemano los resultados de estas partidas? Dicho no desde una posición de condena: ¡Dios me lo prohíba! – pero solo por el simple hecho de constatar el hecho. Y por lo tanto, si a alguien se le ocurre acordar tablas antes del juego, diremos: “¡Seremos como hermanas! ¡Seremos como hermanos! ¡Apelo a ustedes, mis amigos!”

Y las preocupaciones sobre lo que escribirán los obstinados periodistas sobre esto se deberían retirar al fondo de la mente. En comparación con los viejos tiempos, los conceptos de – “lo que piensen”, “lo que digan” – en el ajedrez, como en la vida misma, también han sufrido una merma considerable, y en el fondo no queda casi nada. Hoy, lo principal es el resultado, el éxito: él como la guerra, lo borrará todo.

Bueno, especularán, bueno, criticarán si esto se hace de una manera completamente franca, bueno, serán acusados de responsabilidad social reducida.

Lo único que no se debe hacer ante cualquier suposición semejante es rebelarse y recurrir al argumento tan a menudo usado por los políticos rusos, para no mencionar a los héroes del programa de entrevistas: «¡y usted pruébelo!» Al hacer esto, los abogados de la parte que jugó tal partida (de ambas partes) están perjudicando a sus clientes: ellos acuerdan criminalizar una acción, que en el ajedrez por reticencia no lo es.


Fuentes:

Ver además:

Sobre Enrique Ferreiro García 697 Artículos
Tiene más de 30 años de experiencia en el Ajedrez por Correspondencia, donde además de jugador, ha fungido como árbitro y directivo. Es Presidente de la Delegación Provincial de Ajedrez Postal en la provincia Las Tunas, Cuba. Ostenta los títulos de Experto Provincial de Ajedrez en Vivo y Maestro Nacional Senior, máximo título que confiere la Federación Cubana de Ajedrez Postal (FECAP). Se proclamó decimocuarto Campeón Cubano de Ajedrez Postal en 2005. Artículos, comentarios y partidas suyas han aparecido en el prestigioso Informador Yugoslavo de Ajedrez y en otras publicaciones como el Correspondence Chess Review ucraniano y Telejaque, órgano oficial de la FECAP. Se dedica a la investigación histórica del ajedrez y tiene varios libros inéditos sobre el tema. Aparece en un artículo de la Enciclopedia Colaborativa Cubana Ecured en el sitio: http://www.ecured.cu/index.php/Enrique_Ferreiro

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