El desarrollo ajedrecístico del niño y sus etapas

Etapas en el desarrollo ajedrecístico.

Revista AVIDREZ No 1 del 2017

Autor: MF Adalberto Gómez Segura

Una de las preguntas más frecuentes que he tenido que responder en los años de experiencia que llevo como entrenador es: ¿A qué edad le puedo enseñar ajedrez a mi hijo?

Desde el punto de vista histórico han existido diferentes repuestas, por ejemplo, hace apenas unos veintitantos años atrás, la repuesta más común, situaba el aprendizaje del ajedrez alrededor de los 9 años, argumentando que era una disciplina muy exigente, que podía afectar el sistema nervioso del niño y que el desarrollo psíquico de éste no estaba preparado para soportar tales cargas.

Al inicio de la década del 90, me encontraba trabajando en una escuela especializada en deporte (EIDE) lo que significa textualmente Escuela de Iniciación Deportiva Escolar, trabajábamos 2 profesores, el otro profesor (1) (Bernardo) atendía a un talentoso niño de alrededor de 8 o 9 años (no preciso bien el dato exacto) el cual estaba dando sus primeros pasos y para protegerlo el entrenador decidió inicialmente no llevarlo a la competencia escolar nacional que agrupaba a niños fundamentalmente de 13-14 años.

Yo intercedí y le expliqué que con un nivel de exigencia y de preparación adecuada el niño podía pasar por esa experiencia y que no le sería traumático, finalmente mi compañero lo entendió y así se hizo.

Los resultados del pupilo fueron bastante aceptables teniendo en cuenta su edad y experiencia y esto lo ayudó a iniciar su vida deportiva activa, pocos años después el inexperto jugador se convirtió en Campeón Mundial Juvenil.

Recordando el pasado, el atleta afirmó que, si no le hubieran permitido jugar aquel año, él hubiera dejado el ajedrez; de esa forma se salvó el futuro del Gran Maestro Lázaro Bruzón Batista, una gloria del ajedrez en Cuba y en Latinoamérica.

Yo tengo dos hijos: el mayor, Carlos Adalberto y el menor Camilo Ernesto, entre ellos hay una diferencia de edad de aproximadamente 20 meses.

La madre de ellos (Ana Garrido) es profesora de profesión y es un ejemplo de consagración a sus hijos, de tal forma que ella acostumbraba todas las noches leerle libritos de cuentos, pero como el pequeñín Camilo tenía unos pocos meses ella se sentaba directamente frente a la cuna del mayor.

De esa forma Camilito amplió la capacidad de observación y el desarrollo de la atención precozmente. Con apenas dos años era capaz de percatarse del estado de ánimo o de salud de las personas allegadas, ni qué decir que cuando uno de los adultos se cambiaba de ropa con el fin de salir el pequeño Camilo estaba atento y dispuesto a que lo sacarán a pasear a él también.

Con apenas 3 años, Camilo Ernesto dominaba todos los llamados juegos de mesa, estos incluyen Dama china, Dama, Dominó, Parchís y por supuesto el Ajedrez, y fue su mamá quien le enseñó el movimiento inicial de las piezas.

Hay varias anécdotas de aquella etapa que resalta la precocidad de mi hijo menor, pero voy a señalar una y data de cuando Camilo apenas tenía 3 años y medio. En una de las ocasiones en que yo fui a visitarlo (ya había ocurrido nuestro divorcio), empecé a jugar ajedrez con él y cada vez que concluía una partida, inmediatamente reorganizaba las piezas dispuesto a una nueva batalla, a todas éstas su hermano mayor quería también jugar conmigo pero Camilo no cedía su posición y al finalizar la partida y ver que él reorganizaba de nuevo las piezas para otro combate, le dije que dejara jugar a su hermanito porque ya habíamos jugado 7 partidas, y le pregunté ¿Hasta cuándo vamos a estar jugando?   Y me respondió enfático: ¡Hasta que te gane!

Camilo tuvo un alto desempeño docente, obteniendo la máxima calificación escolar en todas las asignaturas y tan solo en el grado onceno en la asignatura de Física perdió 3 puntos (97 sobre 100). Hoy en día es Gran Maestro y forma parte de la preselección nacional.

(1) Bernardo González Smith, destacado profesor de la EIDE Carlos Leyva de Las Tunas. (E. Ferreiro)

Continuará…  

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