
Por Gilberto Labrada Moro (escritor de Puerto Padre, Las Tunas)
El día ha amanecido feo, triste, deprimente. Sobre el cielo apelotonábanse negros nubarrones que amenazaban deshacerse en torrentes incontenibles de lluvia. Por entre las ramas de los árboles, un viento gélido, cortante, se filtraba produciendo hondos y lastimeros gemidos…
He aquí el día señalado para la gran batalla, en la cual lidiarían dos poderosos ejércitos cuya única meta es la destrucción total y definitiva del contrario.
No habrá piedad por parte de ninguno de los dos. Las fuerzas están equilibradas a un mismo poder de ejército y artillería; así pues, el triunfo está en manos del más astuto, del que sepa dirigir la ofensiva con más sagacidad y audacia.
Y eso es lo que temo de mi enemigo: su astucia y refinamiento. Sus profundos conocimientos adquiridos en batallas similares, sus ansias infinitas de destruirme.
Por ese motivo estoy ahora expectante, un poco nervioso quizás, pero firme y seguro de mí mismo, en espera de que el enemigo ataque. Hubiera seseado tomar la iniciativa y lanzarme a la lucha, pero mi color me lo impide…
De pronto el enemigo comienza a moverse con cautela, tanteando el terreno antes de lanzar el grueso de su artillería.
El momento ha llegado. Ahora sólo me resta poner en práctica mi defensa.
———
Las horas han transcurrido con desesperante pereza.
Lentamente, el enemigo ha venido estrechando el cerco en torno a mis debilitadas fuerzas. Son varias ya las posiciones estratégicas destruías por mi adversario en su pujante avance hacia mis dominios.
Pero no por ello he perdido el control de mis nervios. Retrocediendo a veces, cubriendo un punto débil, amenazando cualquier flanco descubierto, me he venido batiendo en la contra-ofensiva. Y son fuertes, también, las bajas causadas al enemigo, que se ha detenido a estudiar el terreno antes de lanzar su ataque final.
—-
Al fin se ha decidido.
En implacable avance, ha desplegado todas sus fuerzas en el lance definitivo.
Pero no he permanecido ocioso mientras tanto. He logrado introducir parte de mi artillería en territorio enemigo y ahora, en un descuido suyo, anuncio con voz triunfal:
“¡Jaque al rey…y en la próxima jugada es mate!
Se ha detenido a contemplar el “terreno”, y con una mueca de asombro comprueba que es cierto; mi Defensa Siciliana no ha fallado.
Gilberto LABRADA MORO
Puerto Padre, 14 de junio de 1965
Fuentes:
- Revista Jaque Mate, septiembre de 1965, página 288.
- http://ajedrezconhumor.blogspot.com.es
Ver además:





Saludos amigo, tengo conexión para leer el cuento, además de disfrutarlo, busque la fecha en que se escribió, te imaginas 1965, cuanto pudiera haber escrito en esta época, es el corazón quien hace las grandes cosas.
Siempre reviso este sitio, para mi es representativo del orgullo de los Tuneros, en echar pa’lante el Ajedrez.
Gracias por el comentario.
Un abrazo
Ferreiro