Haciendo justicia a grandes genios semiolvidados: Leonid Stein (IV)

Botvinnik y Stein

Botvinnik y Stein

Por: Lic. Miguel Echenique Hilario.

 Leonid Stein (Parte IV y Final)

 Ver Tercera Parte

 Un período de “vacío mental”:

 

 

¿Qué tipo de señal podía ser?

Lo cierto es que no podía regular sus obligaciones creativas y la preparación deportiva para las competiciones más importantes. Como sabemos, Stein nunca había tenido un verdadero entrenador. Él mismo no sentía las fluctuaciones de la forma, o al menos no tanto como las percibían otros grandes maestros. Esta sabiduría le llegó mucho más tarde. En una ocasión Stein nos comentó lo mucho que le habían impresionado las sinceras revelaciones de Vassili Smyslov acerca de sus secretos para una longevidad deportiva.

“Hace tiempo que me he dado cuenta”, decía el ex campeón del mundo, “de que en mi práctica de torneo no siempre experimento esa inquietud mental y espiritual que te permite tomar decisiones en el tablero rápida y fácilmente, cuando los logros deportivos y creativos se producen como por sí solos, sin el menor esfuerzo.

Suele suceder lo siguiente: juegas lo mejor que puedes, y sin embargo nada funciona. Cuando era joven trataba de esforzarme al máximo ante el tablero, pero el resultado todavía era peor… Sólo más tarde me di cuenta de que hay una ley de la naturaleza, según la cual ¡el estado de un hombre está inevitablemente regulado por un ritmo concreto! Así que comencé a controlarme. Planifico mi calendario deportivo de manera que mis actuaciones en torneo coincidan con los esperados períodos de forma. Cuando presiento que se acerca un momento de presión, lo que yo llamo un ‘período de vacío mental’, procuro no jugar torneos. Si, de todos modos, tengo que hacerlo, en tales casos no me fijo objetivos muy ambiciosos. Me preocupo, sobre todo, de no vaciarme del todo…”

“Bueno, no entendí todo eso a la primera”, admitió Stein, “en el sentido de que un jugador de ajedrez no es una máquina, capaz de funcionar siempre al mismo ritmo. Por lo tanto, es importante que la forma deportiva no me abandone…”

Drama en Túnez:

En la ciudad tunecina de Sousse la forma deportiva de Stein distaba de ser la que había exhibido, no hacía mucho, en Tbilisi y Moscú. Pese a todo, sí se aplicó a tratar de ganar casi cada partida, excepto dos del comienzo, que terminaron rápidamente en tablas. En la tercera ronda Stein venció a Gipslis, sin mayores problemas, tras introducir una innovación de apertura en la antigua Ruy López. En la sexta ronda superó claramente a Robert Byrne, aunque no con tanta facilidad como a primera vista pueda parecer. En la apertura se hizo con la iniciativa. Luego arriesgó, sacrificando un peón. Nadie podía predecir el resultado final, pero el gran maestro norteamericano cometió un error fatal. Esto, sin embargo, no afectó al condescendiente estado de ánimo de Stein. ¡Tales lagunas eran frecuentes en sus partidas! ¡Aquí había tenido la llamada suerte de los campeones!

El duelo estelar llegó en la séptima ronda. Hacía mucho tiempo que Stein no jugaba tan mal como lo hizo contra Fischer. Ya después de la apertura, virtualmente no sabía qué hacer con las piezas negras. Su caballo, como si estuviera ciego, saltó a casi todas las casillas del flanco de dama, mientras que Fischer preparaba una fundada ofensiva en el flanco de rey. Cuando, en la jugada 29, el norteamericano sacrificó inesperadamente un alfil, las negras no supieron encontrar adecuada réplica. Una fútil resistencia se prolongó durante treinta jugadas más.

En la ronda siguiente sucedió algo increíble. Stein había conseguido ventaja decisiva contra Hort, y la partida se aplazó en posición ganadora. Sin embargo, al reanudarse la partida (¡tras ser analizada en el hotel!), jugada a jugada, fue dejando escapar primero la victoria, y luego las tablas.

En la novena ronda volvió a jugar sin éxito, esta vez contra Larsen. Experimentó, de nuevo, dificultades en la apertura. Tras una exhibición de ingenuidad, pero explotando la negligente conducción de Larsen de una posición ganadora, Stein, a expensas de una pieza, complicó tanto la situación que la partida se aplazó con posibilidades igualadas. Sin embargo, no jugó bien en la reanudación y no pudo salvar el medio punto. ¡Tercera derrota consecutiva!

Tras una serie así de golpes, resulta difícil mantenerse en pie. En la siguiente ronda Stein superó fácilmente a Mecking, pero el día siguiente volvió a ser triste. El joven campeón de Túnez, Slim Bouaziz, un muchacho de 17 años, joven tanto por edad como por educación ajedrecística (incluido en el torneo como representante del país organizador), estaba regalando puntos a diestro y siniestro. Aquella tarde Stein se sintió muy cansado y ya después de la jugada 18 se encontraba en una posición dudosa. Así que propuso tablas, que Bouaziz aceptó encantado.

Parecía que al campeón de la URSS le faltaba confianza en sí mismo. Su situación en el torneo era casi desesperada. Más de la mitad de los participantes lo adelantaban en la tabla, y el anhelado grupo de los seis primeros estaba tan distante como las estrellas…

La mala racha aún no había terminado. Con dificultades venció al canadiense Duncan Suttles, en la duodécima ronda, pero la tarde siguiente perdió ante Gligoric. ¡Qué ironía del destino! El tanteo hasta ese momento entre ambos era de 7-0 favorable a Stein, con algunas tablas. Durante la 15ª ronda se enteró de que había sucedido algo inesperado. Fischer había sido expulsado del torneo por violación de la disciplina deportiva, y todos los resultados del Gran Maestro norteamericano se habían anulado. De ese modo, el número de ceros de Stein se reducía y además había un candidato menos para las seis primeras plazas.

Por entonces Stein tenía tan pocos puntos que podríamos decir que en cualquier caso había perdido ya el tren. Con todo, hizo una tentativa desesperada para alcanzar a los líderes. Sus famosos sprints, cuando se arrastraba por la segunda mitad de la tabla, que de pronto le permitían incorporarse a los primeros lugares, vinieron a la mente de muchos. También aquí pudo superar a numerosos competidores, aunque con dos deslices en el camino.

Después de sendas victorias sobre los grandes maestros húngaros Bilek y Barczay, como consecuencia de una lamentable omisión perdió ante su viejo conocido, Lajos Portisch. Entonces ganó tres partidas consecutivas, y tenía que vencer, en la última ronda, a Kavalek, para empatar en el quinto lugar con Portisch.

Pero todo ese enorme esfuerzo fue en vano. Stein trató de jugar a ganar, con negras, pero en una aguda posición no consiguió ver la continuación más favorable, de modo que pronto tuvo que contentarse con unas tablas. Así que empató finalmente en el 6º/8º puesto con Hort y Reshevsky, y este trío tendría que disputar la última vacante para los matches de Candidatos.

La aritmética, de nuevo…:

Las posibilidades del gran maestro soviético se estimaban, por unanimidad, mayores que las de sus adversarios, puesto que se hallaba en la cumbre de su fuerza, mientras que sus mejores momentos ya habían pasado para el veterano Reshevsky (56 años), y Hort, por el contrario, a sus 23, se consideraba demasiado inexperto. Sin embargo, una circunstancia agravaba la situación de Stein. En primer lugar, en caso de empate en el torneo triangular, se aplicaría el mejor cómputo Sonneborn-Berger, y tanto Reshevsky como Hort

Adelantaban a Stein por este concepto. Stein sólo tenía una opción: ganar en solitario el torneo de desempate que se celebraría en Los Ángeles.

Comenta Kasparov:

“Pero no, tampoco en esta ocasión pudo superar la barrera del Interzonal, a pesar de que era uno de los favoritos (Sousse, otoño de 1967). Su juego difea claramente del que había exhibido en Moscú. Parecía que había vuelto a encontrarse con el viejo “síndrome de Estocolmo/ Amsterdam”, que le hacía sentir ansiedad e inhibición… Leonid estaba tan irreconocible que perdió ante casi todos sus rivales directos: Fischer (un cero, por suerte, anulado), Larsen Hort, Portisch e incluso Gligoric, ¡contra quien, hasta ese momento tenía un resultado de 7-0! No obstante, compartió el 6to-8vo puesto y dominaba el triangular por el sexto puesto (Los Ángeles, febrero de 1968) pero al final perdió ante Hort y la cosa finalizó en triple empate: 1-3. Hort, Reshevsky y Stein 4 (de 8). Aunque tenía el mejor coeficiente Sonneborn-Berger en el Torneo Interzonal, se le concedió la plaza para el Candidatos al veterano Reshevsky, de 56 años.

Tales reveses crónicos pueden destruir a cualquiera. Tras sus sensacionales éxitos a mediados de la década, Stein sufrió un bache de juego: su sistema nervioso no pudo soportar las demasiado crueles experiencias a que le había sometido el destino. En el ciclo siguiente, por primera vez, ni siquiera pudo clasificarse para el Interzonal, finalizando sexto en el muy fuerte 37° Campeonato de la URSS (1969) y Zonal. Esa misma tarde, Leonid se encontró por primera vez con el joven Karpov (Ver frase de Karpov al inicio de este artículo-Echenique).

En la primavera de 1970 casi crea otra obra maestra con su favorita India de Rey contra Larsen en la cuarta ronda del match del Siglo en Belgrado. Ese mismo año, 1970, Stein compartió el 2°-3° puesto en el fuerte torneo de Caracas (donde Karpov consiguió la norma de Gran Maestro), y finalizó tercero en el 38vo Campeonato de la URSS (+8 -1 =12). En el siguiente Campeonato de nuevo se anotó ocho victorias, pero debido a cinco ceros sólo pudo compartir el 5°-6°” puesto. Aun así, logró ganar sus partidas contra Tal, Polugaievsky, ¡que fueron consideradas las mejores de todo el torneo!

Estas victorias afectaron a la evolución de su estilo que, con los años y como le sucedió a Tal, se volvió más sólido, posicional y técnico, aunque conservando su agudo contenido táctico.

A Stein le gustaba el fianchetto, no sólo de su alfil de f8 sino también del de f1 (con blancas), y con blancas jugaba un número cada vez mayor de aperturas cerradas: el Ataque Indio de Rey, la Inglesa o la Catalana”

Por cierto, que en 1976 la FIDE canceló este criterio, en las competiciones del ciclo por el título mundial (zonales e interzonales). Ahora, en caso de empate en el torneo adicional, se sigue jugando hasta que se produce un resultado, o bien el desenlace se decide por sorteo. Es difícil decir qué sistema es más objetivo, pero Stein finalizó en situación menos favorable.

Mucho dependía del emparejamiento para determinar el calendario de las partidas. Con tres participantes en un torneo, el número más desfavorable es el 2, ya que el jugador con ese número está libre en la última ronda y está obligado a observar pasivamente el desarrollo de los acontecimientos, como si su destino lo decidieran sus oponentes. Stein fue quien extrajo el número dos.

Tragedia en Los Ángeles:

Esas dos fruslerías (peor sistema de desempate y desafortunado número en el sorteo) le jugaron una mala pasada a Leonid. Dos rondas antes del final, se encontraba en la cabeza, con cuatro puntos de siete partidas. Reshevsky tenía 3,5 (de 7), y Hort 2,5 (de 6). ¿Cómo se había llegado a ello? El norteamericano, confiando en su mejor desempate, planificó todas sus partidas para conseguir tablas, y había tenido éxito. Sólo en la primera ronda estuvo a punto de perder con Stein, pero consiguió salvar medio punto. El gran maestro de Lvov le había ganado una partida a Hort, y las otras dos había terminado en tablas. Así que tenían que enfrentarse en la penúltima ronda por cuarta vez. Al Gran Maestro checoslovaco sólo le servía la victoria, pues de otro modo quedaría fuera de combate.

Stein jugaba con blancas, y jugó con agresividad la apertura, pero en algún punto se precipitó, y Hort consiguió crear contrajuego. Pero toda la lucha seguía abierta y, de pronto, Hort propuso tablas. La oferta dejó a Stein sin aliento. ¿Qué significaba eso? Las negras tenían una buena posición, ¡y si Hort ganaba, incluso podía quedar primero! Unas tablas eran, definitivamente, inútiles. ¿Qué pasaría si Hort no pudiese resistir a Reshevsky, perdiendo en la última ronda? No, Leonid pensaba que era mejor encontrar una solución deportiva. ¿Pero cómo encontrarla en una posición así, en la que era más fácil perder que ganar?

Stein declinó la oferta y perdió. En la última ronda Reshevsky y Hort hicieron tablas. Los tres tenían 4 puntos, pero, por sistema de desempate, el gran maestro norteamericano consiguió clasificarse para la fase de Candidatos, a pesar de que no había ganado ni una sola de las ocho partidas. ¡Una burla nada deportiva del destino…!

Así finalizaba el último intento de Leonid Stein en un Torneo Interzonal. En cada ocasión se encontró en su camino con distintas barreras que le cerraban el paso hacia la fase de Candidatos. Otros grandes maestros, sin duda inferiores a él, tanto en resultados en torneos importantes como en logros creativos, sabían superar fácilmente estos obstáculos aritméticos. ¿Por qué? Mientras buscaba respuesta a esta pregunta, los años iban pasando…

Nuevos objetivos, descubrimientos y derrotas…volver a empezar:

Stein sufrió este revés mucho más intensamente que ninguno de los anteriores. Esta vez estaba convencido de que podía aspirar al título mundial, e incluso había conseguido persuadir a los escépticos, con sus éxitos.

Pero la normativa de la clasificación era implacable. No había más alternativa que comenzar otra vez, partiendo de cero. Su cuarta tentativa se iniciaría en la final del 37º Campeonato de la URSS, que debía celebrarse en Moscú, en el otoño de 1969. Cuatro plazas para el ciclo por el título mundial estarían en juego.

Pero antes tenía que clasificarse para la final. ¡Stein no jugaba las semifinales desde hacía muchos años! Fue obligado a dar un paso atrás, es decir, a situarse en la línea de salida, como en otros tiempos. Entretanto, Spassky disputaba su segundo match por el campeonato mundial con Petrosian…

Así pues, semifinal de Kiev. No era un torneo difícil para Stein, que ganó con autoridad. A continuación, la final. Quince grandes maestros y ocho maestros (cinco de los cuales pronto obtendrían el título de gran maestro: Yuri Balashov, Igor Zaitsev, Igor Platonov, Vladimir Savon y Vladimir Tukmakov) tomaban parte en la competición: ¡Un supertorneo!

Petrosian acababa de entregar la corona ajedrecística a Spassky, tras haber “reinado” durante seis años. No necesitaba competir por una plaza para el Interzonal, sino que pretendía la medalla de oro del Campeonato. Aun sin contar con él, Stein tenía rivales más que suficientes, con aspiraciones a viajar a Palma de Mallorca, donde estaba programado el Interzonal: ex campeones mundiales, como Tal y Smyslov, viejos rivales de primera fila, como Geller, Polugaievsky, Taimanov, Gipslis, y muchos jóvenes ambiciosos.

Nuevo fracaso:

El comienzo del torneo volvió a ser decepcionante. Ni una sola victoria en las diez primeras partidas: nueve tablas y una derrota ante Smyslov. Pero nadie le había tachado aún de la lista de aspirantes. Todo el mundo esperaba con interés qué tipo de sprint se sacaría esta vez Stein de la manga. Consiguió ganar dos partidas seguidas, a Kupreichik y Vasiukov. Sus siguientes rivales parecían intimidados a primera vista: Balashov, Tukmakov y Zaitsev…

Sin embargo, las apariencias engañan. Resultó que los jóvenes habían aprendido a jugar bien, ¡desde que Stein no participaba en el Campeonato del país, en los últimos tres años! Sólo tablas. Por si fuera poco, con Balashov y Tukmakov, Stein se balanceó en la cuerda floja, ya que su posición dejó mucho que desear. Contra Zaitsev logró ventaja, pero no fue capaz de materializarla.

En las cuatro rondas siguientes sólo consiguió tener éxito en su partida contra Furman. El resto de las partidas fueron tablas, y en una de ellas (contra Tal) estuvo a punto de perder. Por fin, a falta de tres rondas, Stein “explotó” con dos victorias a costa de Averkin y Zhujovitsky. Las tablas de última ronda, con Polugaievsky, acabaron situándolo en el sexto puesto…

Petrosian ganó el Campeonato, mientras que Polugaievsky, Geller, Smyslov y Taimanov consiguieron los billetes para las Islas Baleares. Stein tuvo que conformarse con un conocido aforismo: “El ajedrez refina al hombre, pues está lleno de contrariedades.”

Pasando página:

Ahora había que esperar tres años más. Tenía tiempo suficiente para observar a su alrededor, para pensar…

Aún no era un veterano: sólo tenía treinta y cinco años. Cierto que en el siguiente Interzonal tendría treinta y ocho. Pero para un jugador de ajedrez esos son años de primer orden creativo, con suficientes reservas para seguir desarrollando la propia maestría. Stein no veía ningún signo de retroceso en su progreso ni en su juego. Por el contrario, había conseguido dominar más facetas del ajedrez. Perdía, como antes, en raras ocasiones.

Tras el revés de Sousse, había participado en una docena de distintas competiciones, jugando unas 120 partidas de torneo. Sólo había perdido cinco: ante Hort (en Los Ángeles), ante Bobotsov (en el match Ucrania – Bulgaria), ante Darga y Ree (en Ámsterdam) y, por último, en el Campeonato de la URSS, sólo había sucumbido ante Smyslov. Como contrapeso en la balanza, ¡había ganado más de cincuenta partidas! Seguía siendo capaz de remover cielos y tierra para conseguir su meta.

Entretanto, se había producido buen número de cambios en su vida. Había conseguido su título en Periodismo, por la Universidad de Lvov, y se había trasladado a Kiev. Empezó a colaborar con más frecuencia con las publicaciones. El club de ajedrez de la sociedad Avangard le ofreció un interesante trabajo: dirigir una escuela para niños. Tras su graduación en el instituto, su mujer había comenzado a trabajar como ingeniero. Su hija Alla seguía los cursos de una escuela de música.

Frustraciones y esperanzas:

En la primavera de 1970, como integrante del equipo de la Unión Soviética, viajó a Belgrado, para participar en el Match del Siglo, entre la URSS y la selección del Resto del Mundo. Vencieron los jugadores soviéticos por 20,5-19,5. Leonid era el primer reserva, y su posibilidad de jugar en el match sólo se produjo en la cuarta y última ronda. El primer tablero de su equipo, Boris Spassky, que había sumado punto y medio (de tres partidas) contra Larsen, se encontraba enfermo.

Stein tenía que jugar con negras, pero quería ganar a toda costa, y comenzó de forma agresiva. Larsen no consiguió descubrir los problemas que le planteaba su oponente. Stein jugó brillantemente la apertura. Destruyó el centro blanco y ya en el movimiento 17 pudo haber realizado una oscura, pero muy fuerte jugada, que hubiera colocado al primer tablero del Mundo al borde del abismo. Pero al Gran Maestro ucraniano le tentaba otra posibilidad, que le parecía más productiva. En resumidas cuentas, se equivocó en sus cálculos y acabó perdiendo. Más tarde, Stein se quejó de que estaba “quemado” por haber tenido que esperar tanto tiempo para jugar.

Un mes más tarde el equipo de la URSS se desplazó a la ciudad austriaca de Kapfenberg, donde debía defender su título de campeón de Europa. Stein jugó en el noveno tablero y sumó cuatro puntos de seis. La segunda medalla de oro del campeonato continental pasó a integrar su museo casero.

En agosto Stein encabezó el equipo de la sociedad Avangard, en el campeonato nacional por equipos, que se disputaba en Rostov sobre el Don. Su equipo tuvo una buena actuación, consiguiendo la medalla de bronce.

Pero ¿qué le había sucedido al líder? ¡Sólo había ganado una partida, perdiendo nada menos que tres! Eso no le había ocurrido en mucho tiempo.

Stein sintió, con cierta aprensión, que estaba perdiendo la forma, justo en vísperas del nuevo Campeonato de la URSS.

Lamentablemente, la peor de sus premoniciones resultó ser cierta. En Leningrado luchó con uñas y dientes. Consiguió ganar ocho partidas, dos de las cuales (contra Tal y Polugaievsky) fueron distinguidas como las mejores del Campeonato, ¡pero también había perdido cinco partidas! En esta ocasión, había perdido tantos juegos como quince años atrás, en el Campeonato de Ucrania.

Volvió a experimentar una sensación parecida a la vivida cuatro años atrás, antes de iniciarse el Interzonal de Túnez, y después en Los Ángeles. Como diría Smyslov, “un período de vacío mental”. En fin, al año siguiente tendría que empezar, de nuevo, en las semifinales.

Pero a veces la vida nos concede un golpe de suerte. Durante el torneo llegó un comunicado, según el cual el congreso de la FIDE, en la ciudad canadiense de Vancouver, había decidido replantear el procedimiento selectivo y poner en marcha no uno, sino dos interzonales. Eso significaba que el número de participantes sería incrementado, y que las puertas a dichas competiciones serían más amplias. A Stein le interesó especialmente este detalle: la FIDE había creado una comisión especial, que debía designar ocho grandes maestros con derecho a participar directamente en los interzonales, sin clasificación previa. El palmarés de Stein era tan impresionante que tenía todos los motivos del mundo para confiar en que sería uno de ellos…

Últimos éxitos, la sabiduría de la edad:

A finales de 1971, Stein debía tomar parte en el Memorial Alekhine. Este torneo, lo mismo que el de las efemérides, que había ganado cuatro años antes, estaba diseñado sólo para grandes maestros. Desde luego, participarían los más fuertes del país: el vigente campeón del mundo, Boris Spassky; tres ex campeones mundiales: Vassili Smyslov, Mijail Tal y Tigran Petrosian; el nuevo campeón soviético, Vladimir Savon; y los mejores talentos jóvenes: Yuri Balashov, Anatoli Karpov, Vladimir Tukmakov. A ellos se unirían los famosos jugadores extranjeros Robert Byrne, Friorik Olafsson, Vlastimil Hort, Wolfgang Uhlmann y otros.

Stein comprendió la gran influencia que los resultados de un torneo de tal categoría tendrían sobre las decisiones de la Comisión FIDE. Pero seguía sin sentirse en su piel, y temía ahogarse en las turbulentas aguas del torneo. ¿Qué podía esperar? La experiencia podría poner en evidencia el nivel de su maestría. El resto correspondía a la fortuna deportiva.

En la primera ronda jugó valientemente contra Bronstein, y su coraje fue premiado con un punto entero. Las cuatro rondas siguientes sólo acarrearon sendas tablas. A continuación, consiguió victorias relativamente fáciles contra el yugoslavo Parma, el húngaro Lengyel y el rumano Gheorghiu, que le situaron en cabeza después de la novena ronda.

Pero entonces un “manchón”, tablas con Byrne y Balashov. Leonid presintió que ya estaba listo, por así decir, para perder una partida. Algo que resultó especialmente obvio en la duodécima ronda, antes de la cual marchaba en cabeza, con un punto de ventaja sobre Bronstein, Petrosian y Smyslov. La partida con Uhlmann estaba tomando un mal cariz. Después de 33 jugadas, Stein podía perfectamente rendirse, ya que no tenía compensación por el caballo perdido. Pero le quedaba una última trampa, que Uhlmann podía evitar en una sola jugada.

¡Hacía tiempo que Stein no recibía un regalo así! Sin poder creer lo que veían sus ojos, Uhlmann cayó en la trampa. Un punto en lugar de un cero, y la distancia entre él y sus seguidores se incrementó.

En la siguiente ronda tampoco encontró su sitio en la partida. Era evidente que no estaba calculando bien las variantes del juego táctico en que le había metido Spassky. De nuevo, su posición estaba perdida. El campeón del mundo podía finalizar brillantemente la lucha. Pero de pronto, los acontecimientos del tablero dieron un vuelco inesperado y… ¡Tablas!

Después de tales emociones, Stein no podía arriesgar más. Por otra parte, sus rivales tampoco se atrevían a embarcarse en una lucha intensa contra él, y no tenían nada que objetar a las tablas. Sin embargo, no prestó atención, en cierto modo, al joven Karpov, que estaba acelerando su ritmo en las últimas rondas.

Antes de la última ronda, Stein lideraba el torneo, con medio punto de ventaja sobre el joven de veinte años.

¡Última ronda! Karpov gana rápida y brillantemente a Savon. Stein, por su parte, trata de vencer a Tukmakov, pero no tiene más remedio que conformarse con tablas. El torneo tiene dos vencedores.

El Árbitro Principal, Alexander Kotov, escribiría en Shajmaty URSS: “Estamos un tanto acostumbrados ya a que, tras un modesto comienzo, Stein acelere y consiga el triunfo en la línea de meta. Aquí su táctica de torneo fue completamente distinta. ¿Por qué: fatiga o sobria evaluación de las propias posibilidades?

Lo más probable es que se deba a la ‘sabiduría de la edad’, una original reestructuración y la búsqueda de senderos menos peligrosos. En cualquier caso, Stein sigue siendo un jugador del máximo nivel… En el Memorial Alekhine a menudo hemos visto cómo alteraba drásticamente sus esfuerzos creativos. En más de una ocasión logró ver, hasta en los más difíciles finales, la línea ganadora hasta su conclusión como, por ejemplo, en su partida contra Bronstein. Condujo hábilmente tanto el juego de ataque como el de defensa, y su partida contra Gheorghiu puede servir de ejemplo.”

Sí, Stein había cambiado, era menos romántico y mucho más práctico. El hecho de que hubiese conseguido vencer en el torneo, a pesar de su visible baja forma, produjo especial impresión. Se diría que había estado desarrollándose, ante nuestros ojos, como un auténtico luchador de torneo, que había sabido cultivar su talento natural y enriquecerlo con la experiencia.

 Veamos que dice Kasparov:

“En el otoño de 1971 la FIDE tomó la importante decisión de organizar no uno sino dos interzonales, y de invitar directamente a los ocho más destacados grandes maestros de la época (la designación de estas ocho plazas correría a cargo de una comisión al efecto). Stein adquiría así una buena posibilidad de evitar sufrir de nuevo en el Zonal URSS: sólo tenía que confirmar su gran clase.

No tuvo que esperar mucho para tener una oportunidad. En 1971 se puso en marcha en la URSS un supertorneo similar al de 1967: el Memorial Alekhine (Moscú. noviembre-diciembre), que marcaria el surgimiento de una nueva generación.

Cinco rondas antes del final, Stein encabezaba la carrera, con 8,5 (de 12), con un punto de ventaja sobre Bronstein, Petrosian y Smyslov, punto y medio sobre Karpov, Tal y Tukmakov, 2 sobre Korchnoi, y 2,5 sobre el campeón mundial, Spassky.

Por cierto, que Stein tenía un resultado positivo no sólo contra Spassky (+3 -2 =9), sino también contra Tal (+2 -1 =14), Keres (+2 =6) y Polugaievsky (+3 -2 =3), además de un marcador igualado con Botvinnik (+1 -1 =2), Smyslov y Petrosian (+1 -1 =8 con ambos). Su bestia negra era su viejo amigo Efim Geller, contra quien Fischer había experimentado igualmente problemas.

Esta milagrosa salvación le permitió a Leonid mantenerse en el primer puesto del torneo, y sólo en la última ronda pudo Karpov alcanzarlo. Pronto la FIDE incluiría ambos nombres en la lista de los grandes maestros que serían invitados a participar directamente en los interzonales. “Probaré de nuevo mi suerte”, declaró Stein en una entrevista.

“A los 38 años no todo tiene por qué estar perdido”. En el verano de 1973 debía jugar en el distante Brasil, y llegó la hora de prepararse”.

Antes de la última tentativa:

A comienzos de 1972, la Comisión de la FIDE designó a Stein entre los ocho jugadores seleccionados para participar directamente en los torneos interzonales. Eso era un reconocimiento y un buen progreso. No había necesidad de participar en el proceso de selección, a partir del Campeonato de la URSS. Su fortuna deportiva parecía retribuirle las deudas contraídas en Estocolmo, Ámsterdam y Sousse. De esta forma, tenía la oportunidad de prepararse tranquilamente para el Torneo Interzonal, que debía disputarse en Brasil, a finales de julio de 1973.

En la primavera le sucedieron muchas cosas agradables. Nació su segunda hija, Marinka. En marzo viajó, con Petrosian, a la ciudad de Las Palmas, en las Islas Canarias, lo que se tradujo en un nuevo éxito internacional. El gran maestro de Kiev se encontró allí con algunos jóvenes jugadores que participarían en el Interzonal, como Zoltan Ribli y Lubomir Ljubojevic. A ambos les ganó con rapidez y autoridad. Tenía la sensación de que su forma había mejorado sensiblemente, antes de su nueva tentativa en el Interzonal. Los resultados en el torneo entre las tres selecciones de la URSS, disputado en Moscú a finales de abril, confirmaron esa impresión. Stein jugó en el octavo tablero del primer equipo, y en cuatro partidas contra el gran maestro Gufeld y el joven maestro Sveshnikov se anotó dos victorias y dos tablas.

Al recordar su actuación en el último año y medio, a partir del Memorial Alekhine, Stein observó, con placer, que en cinco torneos internacionales consecutivos, sólo había perdido una partida de un total de 74. Es cierto que sólo había ganado 28. El número de tablas había aumentado. Pero no estaba nada mal, porque el nivel de consistencia se había incrementado, y eso era lo principal para un torneo clasificatorio.

Lamentablemente, Stein aún no había conseguido encontrar un entrenador permanente. Casualmente, esa fue la misma queja que oyó al gran maestro de Járkov, Vladimir Savon, durante el torneo entre las tres selecciones, y ambos decidieron aunar esfuerzos desde ese momento. Se pusieron de acuerdo para ayudarse mutuamente en la preparación para el Interzonal de Brasil. Una nueva, y muy interesante cooperación creativa estaba naciendo.

Al principio de julio, Stein fue de nuevo convocado para integrar la selección de la URSS en el Campeonato de Europa de equipos nacionales, a celebrarse en Inglaterra. Al finalizar este evento, tendría que volar directamente a Brasil, para el Interzonal.

Antes de viajar a Moscú, desde donde el equipo de la URSS debía viajar a Inglaterra, Stein dirigió una sesión de entrenamiento con el equipo de Ucrania, que se preparaba para tomar parte en los Juegos de la Juventud de la URSS.

En la mañana del 4 de julio de 1973, los jugadores de la URSS llegaron al aeropuerto. Leonid Stein no se encontraba entre ellos. Estuvieron esperándolo en vano: mientras se encontraba en el hotel, preparándose para el viaje, sintió dolor en el corazón… Los médicos no pudieron salvarle.

 Garry Kasparov redacta así la triste noticia:

“A comienzos de julio de 1973, Stein debía viajar con sus colegas al Campeonato de Europa por equipos y luego al Interzonal de Brasil (para el cual ya había recibido las preceptivas vacunas).

Pero el equipo le esperó en vano en el aeropuerto: el gran maestro había muerto de un ataque al corazón… Stein aún no había cumplido 39 años. Su repentino fallecimiento conmocionó a todo el mundo del ajedrez. Hasta el entonces campeón mundial, Bobby Fischer, que había desaparecido de la realidad visible, envió un telegrama a Moscú” (Ver palabras de Fischer en la introducción al artículo-Echenique).

 Cuatro entrevistas con Leonid Stein:

Nos gustaría finalizar este artículo con las propias palabras de nuestro héroe, en las que expresa sus pensamientos sobre su juego favorito, acerca de sus colegas ajedrecistas, y con respecto a sí mismo. He aquí algunos fragmentos de las conversaciones de Stein con periodistas de distintas publicaciones de ajedrez.

KIEV, 1962

 Esta entrevista fue publicada en el periódico Molodz Ukrainy (Juventud ucraniana), tras el regreso de Stein de su primer torneo interzonal.

– ¿Está usted satisfecho de su actuación en Estocolmo?

– Totalmente. He conseguido el título de maestro internacional y eso ya supone una promoción. Es cierto que no me he ganado el viaje al Torneo de Candidatos, pero, francamente, no tengo derecho a quejarme por ello.

¿Es que acaso debo considerarme un serio aspirante al campeonato mundial? Todavía tengo mucho que aprender en ajedrez…

– ¿A quién considera su entrenador?

– Desde joven me han fascinado las partidas de Alexander Alekhine. En la medida de mis posibilidades, trato de imitar el estilo de aquel gran virtuoso del ataque.

– ¿Qué otros intereses tiene, al margen del ajedrez?

– Me gusta leer buenos libros. A menudo voy al teatro. También soy muy aficionado a los deportes, y suelo acudir a presenciar los buenos partidos.

– ¿Qué deportes le atraen en especial?

– Para practicar, prefiero la natación. En tanto que espectador, me gustan las competiciones de equipo, especialmente el baloncesto.

BELGRADO, 1970

En ocho años Stein se había convertido ya en un renombrado gran maestro. Como miembro el equipo de la URSS, participaba en el Match del Siglo entre las selecciones de la URSS y el resto del mundo, en Belgrado.

Después del match, los periodistas yugoslavos les plantearon cuatro preguntas a todos los participantes. He aquí las respuestas de Stein (del libro Match del Siglo):

– ¿Qué es el ajedrez para usted, qué es lo que más le gusta del ajedrez?

– Siendo un arte, el ajedrez tiene mucho en común con otros deportes. Me atrae la lucha, el aspecto psicológico del juego.

– ¿Cómo evalúa los resultados deportivos y creativos del match?

– El Match del Siglo es un acontecimiento sin precedentes en la historia del ajedrez. Entre las mejores partidas del encuentro, señalaría Geller – Gligoric (primera ronda) y Larsen – Spassky (segunda ronda). No diría que se produjeron demasiadas novedades. Lo cierto es que es muy difícil encontrar algo nuevo en estos días, y cuando parece que es nuevo, resulta que es algo que había sido olvidado.

– ¿Cuál es su mejor partida, de todas las que ha jugado hasta ahora?

– En mi práctica del ajedrez he jugado muchas partidas interesantes. Recuerdo con especial placer la que jugué con Keres, en el torneo internacional de Moscú, 1967.

– ¿Cuál es su opinión acerca del actual sistema de competiciones para el campeonato del mundo?

– El sistema actual no es bueno, en mi opinión. El campeonato del mundo debería disputarse cada dos años y el aspirante oficial al título debería resultar de un torneo de candidatos.

MOSCÚ, 1971

Esta entrevista con uno de los dos vencedores del Memorial Alekhine fue publicada en la revista 64 (1971, nº 52).

– ¿Pensaba usted, antes del torneo, que finalizaría en el primer puesto?

– El sueño de poder ganar el torneo nunca dejó de estar presente en mi cabeza. Pero tenía miedo de fallar en algún momento, de modo que me situé un objetivo más modesto: finalizar entre los tres primeros. Creo que conseguí mi objetivo. Todo fue sucediendo fácilmente, por encima de mis expectativas, incluso sin mayores dificultades. Me resultó fácil jugar, sin esfuerzo, sin apuros de tiempo.

Hablando en general, me gusta participar en torneos donde las fuerzas de los jugadores sean aproximadamente iguales. En torneos así nunca suelo fallar. En competiciones con fuerzas más dispares, por alguna razón siempre me encuentro con alguien más flojo con quien perder. Y resulta difícil recuperar después de una derrota así.

– Pero en este caso, han sido otros quienes han tenido que tratar de recuperar el terreno perdido, cosa que sólo han conseguido en la última ronda.

– Sí, esa es la razón por la que sentí cierto descontento. Tenía energía suficiente para imprimir velocidad, para acelerar, varias rondas antes del final. Tanto más cuanto que sabía que mi objetivo inicial estaba ya cubierto.

Tenía un punto de ventaja y debería haber jugado de forma más agresiva, antes que limitarme a marcar el compás.

– Sin embargo, muchos piensan que la suerte siempre ha estado de su parte en los torneos…

– No tengo nada que reprocharle a nadie, pero ¿por qué nadie se ha fijado en aquellos torneos en los que la suerte me dio la espalda? ¿Por qué nadie ha mencionado mi mala suerte en tales ocasiones? Sólo mi familia y mis seguidores se han dado cuenta de ello. Lo que me parece evidente es que no habría que prestarle tanta atención a la “buena” o “mala” suerte en ajedrez. Si quisiera, podría contarle buen número de casos en los que la suerte me fue adversa y más bien favoreció a mis oponentes.

Un hombre no es un coche. No puede rendir todo el tiempo en la misma medida. Por eso es por lo que es tan importante la buena forma deportiva. Esta vez la forma me ha acompañado, eso es lo que más me ha ayudado.

– Consiguió usted no perder ni una sola partida, pero desde afuera parece que quizá haya sido demasiado conciliador…

– Normalmente, rara vez consigo evitar perder al menos una partida. A causa, precisamente, de que mi carácter no es precisamente amistoso. Si se trata de estilo, soy más un jugador táctico que posicional. Me gusta, como suele decirse, divertirme en el tablero. Así que me resulta difícil encontrar una explicación a tantas tablas. Algunas incluso cortas.

– ¿Cómo explica el gran número de tablas “de gran maestro” en el torneo?

– En primer lugar, a causa del hábito que se adquiere cuando casi siempre juegas tratando de clasificarte para algo. La costumbre de aspirar a ser seleccionado, de buscar un resultado predeterminado, de ahorrar la propia energía, son cuestiones todas que se convierten en una segunda naturaleza. Es difícil desprenderse de estos hábitos, incluso en una competición que se presume tan creativa en principio, como el Memorial Alekhine.

Probablemente, también el hecho de que los resultados del torneo influirán considerablemente sobre la propia carrera deportiva, todo esto desfilaba por la mente de los grandes maestros.

– En cualquier caso, hay jugadores que actúan mucho mejor en torneos internacionales como éste que cuando se trata de torneos clasificatorios…

– ¿Yo, por ejemplo? Tiene usted toda la razón. La definición “sin suerte” resulta un tanto bochornosa. Yo mismo he comenzado a explicarme mis reveses en los ciclos por el campeonato mundial como pura contingencia. Estos períodos concretos de mi carrera ajedrecística han sido, por alguna razón, los más frustrantes. En dos ocasiones perdí mi plaza para el ciclo de Candidatos a causa de la regla que limitaba el número de representantes del mismo país.

Incluso hoy día no puedo recordar, con calma, el año 1967. En aquel año había ganado un importante torneo internacional, dedicado al 50º aniversario de la revolución de octubre. Fue el año de mi ascenso más marcado, el de mis más ambiciosos sueños. De repente, en el Torneo Interzonal, en Sousse, jugué tan mal, en tan baja forma, que nada funcionaba, y aun así conseguí obtener la plaza clasificatoria. Luego en el triangular de desempate, sin haber perdido ni una sola partida, fui superado sólo por la famosa tabla de desempates técnicos.

– ¿Quizá esa crisis ya se ha cerrado?

– Me gustaría creer que es así. Probaré de nuevo mi fortuna en el próximo ciclo por el campeonato mundial.

Espero que, a los 37, no todo esté perdido…

LAS PALMAS, 1973

 En su último torneo internacional, Stein empató en el primer puesto. Al final del torneo, concedió una entrevista a la prensa española (que también fue publicada en la revista Shajmaty, 1973, nº 17).

– ¿Qué espera del próximo Torneo Interzonal, en Brasil?

– Acudiré allí con intención de ganar. Siempre he jugado a ganar, nunca he acordado tablas sin lucha. Por eso me ha resultado sorprendente que en este torneo algunos jóvenes jugadores me hayan propuesto tablas ya en la décima jugada. Hay que luchar.

– ¿Concentra usted sus esfuerzos en cada momento decisivo de la partida, o sólo en las partidas importantes?

– ¿Por qué en una sola? Para mí todas las partidas son importantes. Siempre me entrego por completo.

– ¿Contiene su juego algún rasgo específico?

– Creo que tengo mi propio estilo.

– ¿Podría usted nombrar al jugador más destacado, al mejor del mundo?

– Es muy difícil responder a esa pregunta, ya que tal jugador aún no ha surgido. Cada época tiene su propio genio.

– ¿Puede mencionar algún otro país, además de la URSS, que esté contribuyendo, de manera especial, al desarrollo del ajedrez?

– En mi opinión, hay pocos países así… ¡Pero sí podría decir que el ajedrez está a punto de conquistar el mundo entero!

Ver Primera Parte

 

 

 

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.