Nov 18 2017

Haciendo justicia a grandes genios semiolvidados: Leonid Stein (II)

Leonid Stein

Leonid Stein

Por: Lic. Miguel Echenique Hilario.

Leonid Stein (Parte II).

Ver Primera Parte

Se siente abatido y piensa dejar el ajedrez:

Tal y como se había propuesto, en el verano Leonid ingresó en una escuela técnica mecánica. Pero los estudios no le resultaban fáciles: se había olvidado de muchas cosas durante su servicio militar.

El invierno de 1958 estuvo lleno de contrariedades. Su escuela técnica no le permitía participar en la semifinal del campeonato ucraniano. En el calor del momento, Stein dejó la escuela y reanudó su trabajo de instructor de ajedrez. Jugó con éxito en el torneo de Chernovsky, abriéndose camino hacia la final, pero…

Por orden del Comité de Deportes de Ucrania, Stein fue privado del derecho a competir en el Campeonato de la República, por haber violado la disciplina deportiva. Tal violación consistía en jugar a las cartas, un pasatiempo popular entre los participantes de la semifinal, al que se dedicaban en su tiempo libre, entre ellos Stein, para quien el castigo fue severo.

Antes del comienzo de la final, Stein llegó a Kiev para solicitar indulgencia. Otros participantes en el torneo lo apoyaron, ¡pero fue en vano! El torneo se celebró sin él. Cuatro jugadores (A. Makarov, E. Gufeld, R. Gorenstein y M. Levin) consiguieron al mismo tiempo el título de maestro.

“¡Ya es suficiente! ¡Dejo el ajedrez!”, informó Leonid a sus amigos en el otoño de 1958. “Seguramente he gastado demasiado tiempo y esfuerzos practicándolo. Dejo el trabajo de instructor de ajedrez y buscaré trabajo en la factoría.” Comenzó a trabajar como montador de metal, y no podía ni oír hablar de ajedrez. En la siguiente primavera, sin embargo, solicitó unas vacaciones a su cargo: “Me gustaría realizar un último intento. Va a jugarse una semifinal del Campeonato de Ucrania en Járkov. Quizá pueda clasificarme, una vez más, para la final. Allí podré optar a la norma de maestro.”

No puede decirse que en la semifinal de Járkov jugasen ajedrecistas sobresalientes. Sólo un maestro, Andrei Makarov, participaba en el evento. Por entonces había pocos maestros en Ucrania, y su título le permitió a Makarov el acceso directo a la final. De modo que algunos candidatos a maestro y otros jugadores de primera categoría llenaban las tres plazas vacantes. ¿Acaso eran rivales de entidad para Stein, que había ganado ya a grandes maestros? Lo eran. Lo cierto es que cuatro incluso lo superaron, entre ellos no sólo Makarov, sino también Alexander Volchok, de Nikolaev, que había ganado el torneo, y Sergei Kviatkovsky. Leonid Stein, una vez más, se había quedado en blanco.

¿Qué había ocurrido? Se encontraba en un estado literalmente febril durante toda la competición. Fácilmente vulnerable y muy emocional, Stein a menudo se ponía nervioso en la dura atmósfera competitiva. Experimentaba con tal intensidad las penas y alegrías, y sobre todo pasaba de unas a otras con tanta rapidez, que cada revés en un torneo lo dejaba tirado en la cuneta. Con jugadores tan vibrantes e impulsivos muchos acontecimientos dependen de la suerte. En Járkov la fortuna le resultó adversa.

Al irse parecía estar yéndose para siempre: “Ahora he tomado mi decisión irrevocable: ¡dejo el ajedrez! ¡Basta ya! Todo está claro para mí. Pronto cumpliré veinticinco años, y la norma de maestro sigue tan lejana como las estrellas. ¡Éste ha sido mi último torneo!”

Suceso que salva el futuro de un GM extraclase:

1958-1961:

Una posibilidad afortunada es como el sol en un día nublado: ahora se oculta, ahora nos ilumina. A su regreso a Lvov, Stein seguía deprimido con los acontecimientos de Járkov. Pero al leer el anuncio de la siguiente final del Campeonato de Ucrania, a disputarse en Kiev, descubrió que los hados le habían deparado dos regalos para él, regalos con los que, por supuesto, no contaba.

Cuando los participantes en el campeonato de la república llegaron al club de ajedrez para el sorteo, en la ceremonia de apertura, se encontraron con que Gorenstein, de Lvov, no podía participar en el torneo. Los directores del torneo decidieron que el siguiente participante por derecho era Litvinov, de Odesa, al que se le asignó el último número, el 22, y a quien urgieron para que acudiese de inmediato a Kiev. Pero desde Odesa llegó un mensaje, diciendo que Litvinov tampoco podía jugar. ¿Qué había que hacer, entonces, con el número 22? ¡No había otros candidatos en la lista! Los organizadores estaban a punto de tachar el último número, cuando Yuri Sajarov propuso: “¿Por qué no incluir a Stein?”

Inmediatamente se envió un telegrama a Lvov, invitando a Kiev al desafortunado ajedrecista. Se había perdido las dos primeras rondas. En la tercera se enfrentaba al candidato a maestro Korsakov, de Voroshilogrado… Lo que es difícil de conseguir se aprecia más. En aquel torneo Stein jugó, por primera vez, con cierta cautela. Atacaba con blancas, pero con negras no despreciaba las tablas. De modo que finalizó el campeonato… ¡como ganador de la medalla de bronce! Sólo el Gran Maestro Geller y el maestro Nikolaievsky le superaban en la tabla de clasificación. ¿La norma de maestro? ¡La consiguió de sobra, con punto y medio más de los requeridos! Su larga experiencia como candidato a maestro llegaba, así, a su fin. Lo mejor de todo es que había conseguido plaza para las semifinales del Campeonato de la URSS.

Asalto a la cumbre:

El alto puesto de Stein no causó impresión en los círculos ajedrecísticos. Conseguir la maestría a los veinticuatro años no era ninguna hazaña, sobre todo teniendo en cuenta los considerables esfuerzos desplegados y la ayuda de la fortuna. Tampoco parecía que pudiese progresar mucho más. En realidad, sin embargo, el Campeonato de Ucrania no había producido un maestro “del montón”, como pronto se dieron cuenta los entrenadores.

Sólo algunos maestros lucharon por una plaza en el equipo de Ucrania, que debía participar en la segunda Spartakiada de los pueblos de la URSS. El primer seleccionador, Efim Geller, era también el número uno de su equipo. Fue muy meticuloso al seleccionar la formación ucraniana. Las candidaturas de Nikolaievsky, Sajarov y Shianovsky eran incuestionables. Geller confió la última vacante del equipo a Stein. Muchos consideraron la decisión arriesgada: el flamante maestro no podía aportar el mismo nivel de experiencia que, por ejemplo, Bannik, Kots o Zurajov, ninguno de los cuales había sido incluido en el equipo. Pero el gran maestro Geller sabía lo que hacía.

El maestro E. Poliak, entrenador de la sociedad Avangard, representante de todos los Sindicatos, prestó atención al talentoso Stein. Dijo que el jugador de Lvov necesitaba, antes que nada, apoyo. La dirección de Avangard trató al dotado ajedrecista con simpatía, creando todas las condiciones necesarias para el desarrollo de su talento.

El propio Stein estaba ahora en condiciones de entender: si tienes un don divino y no lo nutres, el don eventualmente puede morir. Era difícil recuperar lo que se le había escapado durante tantos años. Y sólo podía recurrir a la ayuda de su nuevo entrenador esporádicamente, puesto que ambos vivían en ciudades distintas.

El principal escollo de Leonid seguía siendo la ausencia de un estudio independiente de la literatura ajedrecística. Las competiciones, por consiguiente, fueron toda su escuela de la ciencia del ajedrez. Pero seguía atentamente lo que otros jugaban, observándolos analizar sus respectivas partidas. Si los grandes maestros se encontraban entre los jugadores, no necesitaba otros estudios.

Stein se sentía feliz de respirar el mismo aire que sus colegas de equipo, durante las sesiones de entrenamiento encabezadas por Geller. De repente, el nuevo maestro asistía a estudios teóricos diarios dirigidos por uno de los más grandes jugadores del país, Geller, un participante en los torneos de Candidatos al título mundial, en 1953 y 1956.

¡Así que llegó la Spartakiada de Moscú! Stein no sabía dónde mirar. Botvinnik, Smyslov, Petrosian, Spassky, Tal, Keres y otras luminarias del juego se sentaban al mismo tiempo ante los tableros. Era la primera vez que Stein estaba rodeado por tales realezas del ajedrez. Se le asignó el papel de “reserva comodín” del equipo ucraniano, dispuesto a reemplazar a cualquier jugador en cualquier tablero.

En las semifinales, sus más experimentados compañeros no necesitaron mucho al novato. Pero, con todo, sumó punto y medio de dos partidas. Tras este resultado, no le concedieron respiro en la final. Los demás jugadores descansaron, turnándose, y en las cuatro rondas decisivas Stein consiguió tres puntos para su equipo, que finalmente obtuvo la medalla de bronce.

“En el joven maestro Stein se depositaron grandes esperanzas, y no ha sido en vano”, observó el anuario Shajmaty 1958-1959. “No sólo ha obtenido importantes resultados competitivos, sino que también ha exhibido admirables éxitos creativos. En sus originales partidas, muestra el deseo de imponer su propia táctica combativa a sus oponentes, desde las primeras jugadas.”

 Logra ser campeón de ucrania:

Llegó entonces la semifinal, en Tallinn, del 27º Campeonato de la URSS. Entre los participantes se encontraban Boris Spassky, Alexei Suetin, Aivar Gipslis, Iivo Nei y otros eminentes jugadores, de los cuales sólo tres se clasificarían para la final. Stein combinaba el papel de estudiante y de examinador. Empató en el tercer puesto con el maestro estoniano Nei, cediendo sólo medio punto a Spassky y Suetin. ¿Un éxito? Desde luego, aunque no completo, puesto que sólo tres jugadores accederían a la final. Así pues, Stein y Nei tendrían que jugar un match de desempate a cuatro partidas. El match le probaría al maestro de Lvov lo duras que pueden ser las piedras en el camino del ajedrez.

A Stein le bastaba con empatar el match, puesto que tenía mejores desempates. Después de dos partidas, el resultado era de 1,5-0,5 a su favor. Parecía fácil hacer unas tablas en las dos partidas restantes. Sin embargo, Stein perdió ambas.

Por lo visto, con motivo de ese match sufrió un trauma, que más tarde se repetiría cíclicamente, en sus esfuerzos por superar los matches clasificatorios.

Stein tuvo que esperar un año para tratar de alcanzar la final del campeonato soviético. Pero la vida ajedrecística proseguía, y en el verano de 1960 Stein tomó parte en el Campeonato de Ucrania, en Kiev. Geller, vencedor de las tres ediciones anteriores, no participaba. Así que el ansiado título estaba listo. Stein comenzó sumando cuatro victorias en serie. Pronto lideraba la clasificación, con ocho de nueve.

Parecía que tenía en el bolsillo el primer puesto. Pero de pronto, perdió ante A. Novopashin, de Dniepropetrovsk, y luego ante Y. Sajarov, de Kiev. La derrota ante este último fue especialmente lamentable, porque Leonid simplemente se dejó “colgado” un caballo. Después de disputadas 14 rondas, Stein y Sajarov compartían la cabeza, manteniendo ambos tal situación privilegiada hasta el final del torneo. ¿Quién era el campeón? Un match de desempate a seis partidas (el cuarto de ese tipo para Stein) decidiría el desenlace.

Yuri Sajarov era un maestro consagrado, con mucha experiencia. No estaba claro cuál de los dos era más fuerte. ¿Y quién podría olvidar que nueve años antes, uno se había convertido en entrenador profesional, mientras que el otro sólo era un principiante? Durante la primera partida, Sajarov jugó de forma soberbia, y todo parecía dispuesto para que Stein cosechase un cero. Durante el aplazamiento sólo movía las piezas para sobrevivir, hasta que se llegó a un momento en que Sajarov tenía un peón extra y, en apariencia, una partida fácilmente ganada. Sin embargo, cuando Stein comenzó a analizar, ¡descubrió, con alivio, que podía conseguir tablas! Pero justo antes de llegar al siguiente control de tiempo, Sajarov cometió un burdo error, y el empate fue fácil para Stein.

El error influyó notablemente en el transcurso de la segunda partida. Sajarov jugó muy por debajo de sus posibilidades. Stein, que disponía de ventaja decisiva en la tercera, también decidió que había llegado su turno. Esta vez un error suyo le permitió a su rival zafarse con tablas. Sajarov condujo con entusiasmo el cuarto asalto, ganando en la jugada 25. ¡2-2! ¿Se repetía la historia del match con Nei? No. Stein había aprendido aquella difícil lección. Puso todos sus sentidos en la lucha y, aunque experimentó algunas emocionantes aventuras ajedrecísticas, consiguió inclinar finalmente la balanza a su favor, ganando las dos partidas restantes.

Un gran gesto del Gran Maestro Kotov:

Saltando de alegría, Stein viajó a Odesa para disputar la semifinal del Campeonato de la URSS. La nómina de participantes era aún más fuerte que el año anterior en Tallinn, dónde sólo había un Gran Maestro. Esta vez eran tres: Yuri Averbaj, David Bronstein y Alexander Kotov. Los maestros Evgueni Vasiukov, Semion Furman e Iivo Nei también eran unos formidables competidores. La lucha por entrar en la final resultó especialmente amarga, porque el Campeonato de este año sería, al mismo tiempo, torneo zonal de la FIDE. (El primer escalón en la lucha por el Campeonato del Mundo, compuesta de zonales, interzonales, Torneo de Candidatos y Final propiamente dicha del Campeonato. N. del T.). Sus vencedores conseguirían el derecho a luchar por el Campeonato Mundial! Algo que sólo sucedía una vez cada tres años, y todo el mundo deseaba probar sus posibilidades, por pequeñas que éstas fueran. Es cierto que el número de plazas se había incrementado de tres a cuatro.

A la larga, los grandes maestros demostraron que el título significaba algo. Averbaj se clasificó primero; Bronstein, segundo; Kotov, Furman y Stein empataron en el tercer puesto. Una vez más, tenía que procederse a un torneo de desempate para determinar quién sobraba. Stein ya había comenzado su preparación para el desempate, cuando los acontecimientos tomaron un giro inesperado: Alexander Kotov rehusó tentar su suerte, retirándose. La mejor explicación a su retirada, la aporta el propio Kotov en su libro En broma y en serio: “¿Cómo finalizaría esta vez una nueva prueba para Stein? Eliminar a un jugador de estos tres es asunto difícil.

Pero todo se resolvió tranquilamente. Uno de los tres se autodescartó… el autor de este libro. En primer lugar, porque era difícil jugar torneos consecutivos serios a los 48 años. En segundo lugar, porque me resultaba incómodo pensar que podía ser un obstáculo en el camino de un joven jugador de talento.”

Llegada a la gran final:

Stein finalizó el año 1960 con la moral elevada, dedicándole tiempo a otro “viaje de negocios”: el Campeonato de la URSS por equipos, en el que consiguió el mejor resultado en el segundo tablero, sumando seis puntos (de ocho) para el equipo ucraniano. De este período de 1960 dice Kasparov, al analizar la partida que le gana Stein a N. Krogius:

“Podemos tener una impresión del estilo de Stein al reproducir esta partida, que se convirtió, por así decir, en su tarjeta de visita. Proclamaba al mundo que, siguiendo a Bronstein y Tal, otro subversor de las verdades estrictamente posicionales de la era Botvinnik había entrado en escena”. (Puede ver la partida en pgn en anexo).

Luego comenta Kasparov sobre la victoria de Stein contra Petrosian:

“Veamos ahora lo que el maestro de Lvov (a los 26 años) fue capaz de hacer en su primer Campeonato de la URSS, en el que había en juego cuatro plazas para el Torneo Interzonal. Parecía que el debutante tenía escasas posibilidades ante una docena de fuertes grandes maestros, encabezados por el excampeón mundial Smyslov. Pero, paso a paso, Stein se fue adaptando a la compañía de las superestrellas e incluso le infligió su única derrota al futuro vencedor del torneo, ¡nada menos que el invencible Petrosian!

¡Pocos jugadores en la historia han conseguido aplastar de esta manera al gran Petrosian: espectacular y rápidamente!

Con esta victoria, Leonid se incorporó al grupo de cabeza, ganando algunas importantes partidas, entre otros, a Geller, Bronstein y, en la última ronda, a Spassky”. (Ver partida en pgn).

Y luego dice:

“En su primera participación en el Campeonato nacional, el debutante ganó la medalla de bronce, una norma de Gran Maestro y una plaza clasificatoria para el Torneo Interzonal. El hecho de que en el firmamento ajedrecístico había aparecido una nueva estrella fue confirmado a finales de 1961, en el Campeonato de la URSS por equipos, en el que Stein derrotó de forma espectacular a Tal, con una Defensa Siciliana”. (Ver en pgn).

A comienzos de enero de 1961 se produjo su debut en el 28º Campeonato de la URSS. No era su primera visita a la alta sociedad del ajedrez. Pero, en cualquier caso, había una diferencia considerable. Si se juega por un equipo, uno no tiene que enfrentarse a todas las estrellas, pero aquí… ¿Qué podía esperar un novicio al enfrentarse a virtuosos como Petrosian, Geller, Smyslov, Spassky, Averbaj, Polugaievsky, Bronstein y Taimanov? Stein compartió sus intrépidos pensamientos a Gufeld, también clasificado para el evento:

“Creo que terminaré entre los seis primeros.”

“¿Empezando por la cola o por la cabeza?”, rió Gufeld. “Estás aquí por primera vez. Yo, por tercera vez. No puedes saber lo difícil que va a resultar esto, sobre todo para los debutantes. ¡No hay piedad!”

“Es igual. Trataré de jugar lo mejor que pueda para conseguir norma de GM.”

Por entonces, las palabras de Stein no se tomaban en serio.

Después de doce rondas, Petrosian y Geller marchaban en cabeza, con 8,5 puntos. Polugaievsky y Stein les seguían, a un punto. Spassky y Smyslov venían a continuación, medio punto menos.

“¡Creo que tratas de colocarte entre los seis primeros!”, le dijo Gufeld a Stein, antes del comienzo de la siguiente ronda.

“¡Quizá incluso entre los cuatro primeros! ¡Me gustaría jugar en el Interzonal!”

“¡Olvídate! ¡Tienes oponentes muy duros en las últimas rondas! Finalizar en la primera mitad sería todo un éxito para tu primer Campeonato. No te olvides de que mañana te enfrentas a Geller. Tuviste suerte, al vencer a Petrosian. Pero la fortuna no sonríe siempre.”

Una vez más, Stein ridiculizó el escepticismo de uno de los autores del libro, destrozando a Geller en un estilo devastador. A la ronda siguiente, sin embargo, Stein perdió ante Furman.

Dos rondas antes del final, Stein jugaba contra Bronstein e involuntariamente recordó la profecía de Flohr acerca de los nombres “acortados”. En apuros de tiempo, y en una posición difícil, el gran maestro perdió pieza. El Campeonato de Ucrania había reavivado las posibilidades de Stein de alcanzar el Interzonal. Si Stein y Spassky empataban su partida de la última ronda, ambos se clasificarían, Polugaievsky y Smyslov posiblemente se unirían a ellos, pero no jugaban entre sí, y sólo se encontraban a medio punto. Pero el recién llegado no estaba dispuesto a los compromisos. Luchaba por una victoria en la ronda final y el cuarto puesto. La partida resultó dramática. En el aplazamiento, Stein disfrutaba de un peón extra en el final. ¿Era bastante para ganar? El análisis demostró que era posible ganar, pero que resultaría complicado. Spassky simplificó el problema de Stein, al abandonar sin reanudar el juego.

Comenta Kasparov al respecto:

“Como ya he dicho, la catástrofe de Riga se repitió en las últimas rondas del 28° Campeonato de la URSS (febrero de 1961): Spassky de nuevo fue incapaz ele resistir la tensión nerviosa, y perdió ante el maestro de Lvov, Stein, que debutaba, permitiendo así que este último se clasificara para el Torneo Interzonal. Sin embargo, no había por qué avergonzarse de perder ante un oponente como Leonid Zajarovich Stein (1934-1973), uno de los mejores jugadores de aquellos tiempos (casi olvidado).

… este, en cierto modo, histórico duelo, que decidió la suerte de la cuarta plaza clasificatoria para el Interzonal (las tres primeras estaban ya adjudicadas a Petrosian, Korchnoi y Geller). Los dos contendientes se encontraban igualados a puntos y, en caso de tablas, tendrían que disputar un encuentro de desempate. En consecuencia, Spassky, como Petrosian en la partida mencionada, trató de dominar, con negras, a su menos experimentado rival, eligiendo, en palabras de Bondarevsky, “Una variante de apertura tentadora, pero, en esencia, mala”.

(Nota de Echenique: La decisión de Spassky de abandonar la partida aplazada sin reanudar, causó mucha polémica, pero los análisis más exactos de aquel momento y los más modernos demuestran que estaba perdido. La partida, con análisis completo es incluida en el Tomo 3 de “Mis geniales predecesores” de G. Kasparov.; en este artículo la puede ver en anexo en formato pgn)

De modo que Stein compartió finalmente con Geller el tercer puesto, recibiendo ambos sendas medallas de bronce. El torneo Interzonal de Estocolmo les esperaba.

Abriéndose camino a Europa:

1961-1964:

Stein leía atentamente lo que destacadas autoridades del ajedrez escribían acerca de él. Consideraba que cada observación útil valía su peso en oro. “Deseo que el joven maestro amplíe su creatividad, diversificando sus sistemas de apertura, sobre todo con negras”, escribió Petrosian, el ganador del Campeonato. Geller fue más diplomático: “Stein es un maestro competente, que navega magníficamente en aguas turbias. Conoce perfectamente sus puntos débiles y tratará de corregirlos.”

Pensemos sólo en esto: Antes del torneo, Stein no era sino ¡uno más entre una legión de maestros! Ahora ¡había conseguido la medalla de bronce en el Campeonato de la URSS, una norma de gran maestro y el derecho a jugar en Estocolmo el Interzonal por el Campeonato del Mundo! Reconocidos expertos del ajedrez, como es lógico, escribían sobre él. De repente se había vuelto famoso.

Pero el humor festivo de Stein no duraría mucho. Era tan ingenuo que pensaba que su buena fortuna proseguiría de forma natural. Sin embargo, una medalla de bronce en el presente torneo no garantiza una gran actuación en el siguiente. Había conseguido una norma de Gran Maestro, pero, según las reglas, podía desaparecer sin dejar rastro, si en los tres años siguientes no conseguía una segunda. Un día participas en un Interzonal, pero juega mal y al día siguiente nadie te recordará. George Ilivitsky, por ejemplo, un maestro de

Sverdlovsk, también había jugado en el Interzonal de 1955, pero nunca consiguió el título de gran maestro.

¡Cuánto talento tenía! ¡Cuántas esperanzas se habían depositado en él! Suele decirse, no sin razón, que a la vieja fama no le gusta la nueva. Stein tenía que acometer ahora el tipo de trabajo que antes consideraba aburrido. Estudió las partidas de sus futuros oponentes, pulió cuidadosamente su repertorio de aperturas, y pasó revista a los avances más significativos de las últimas competiciones. También tenía que jugar activamente aquel año. En Belgrado, por primera vez se le confió un tablero en el tradicional match estelar entre las selecciones de la URSS y Yugoslavia. A continuación, encabezó en Helsinki el equipo de la URSS en la 7ª Olimpiada Mundial de Estudiantes. Leonid aprendió mucho en las sesiones de entrenamiento dirigidas por el Gran Maestro, y reputado teórico, Yuri Averbaj. Stein tuvo un gran éxito en el torneo, sumando 9,5 puntos en 12 partidas. Su victoria contra L. Zinn (Alemania Democrática) fue considerada como la mejor partida del evento. Y lo más importante, tras dos años en los que había renunciado a participar, el equipo de la URSS recuperó el título mundial estudiantil. Stein regresó a casa con su primera medalla de oro.

Después de aquello, Stein fue enviado a participar en un torneo internacional en Bucarest. El torneo no tenía especial relieve desde el punto de vista de los grandes nombres (pues no participaba ningún gran maestro), pero, pese a ello, ganar el primer premio era importante. Stein se las arregló para triunfar y, además, consiguió su norma de maestro internacional.

Deslumbrado ante tantas luminarias, partidas blitz con Fischer y nacimiento de una gran amistad entre ambos. conquista el sueño de todo ajedrecista: Gran Maestro:

Estocolmo, 26 de enero de 1962. La ceremonia de apertura del Torneo Interzonal tiene lugar en un pequeño salón del Hotel Apollonia. Stein observaba a su alrededor con gran interés: ¡Los mejores del mundo hacían acto de presencia! Los más destacados grandes maestros extranjeros, con quienes tenía que competir en su lucha por el título mundial.

El imponente sueco Gedeon Stahlberg, participante habitual en los interzonales, era el director del torneo en esta ocasión. Ahora se acerca el presidente de la FIDE, el abogado Folke Rogard, quien procede al emparejamiento.

Stein tiene la suerte de sacar el número uno. A pesar de que el sorteo determina sólo el calendario de juego, lo cierto es que le complace ser el primero, aunque sólo sea formalmente…

Entretanto, Rogard invita a la mesa a los tres norteamericanos. Pero sólo dos suben al estrado: Arthur Bisguier y Pal Benko. ¿Quién es el tercero, Robert Fischer?, Leonid sabía que el Gran Maestro estadounidense de diecinueve años, toda una leyenda, había llegado a Estocolmo. Una vez más, Stein había mirado al vestíbulo con curiosidad: ¿Qué aspecto tendría el más fuerte de todos los participantes extranjeros? Pero Fischer no se encontraba allí.

Resultó que estaba durmiendo plácidamente en su habitación del hotel. Arthur Turover, un millonario americano, que había patrocinado el viaje de Fischer, y que había viajado con él, ¡no se atrevió a despertarlo! De modo que el propio mecenas extrajo el número en su nombre: el 16.

Los húngaros se acercaron entonces a la mesa: el veterano Gedeon Barcza y dos jóvenes jugadores, Istvan Bilek y Lajos Portisch. Este último ya había participado, con considerable éxito, en pruebas de importancia y estaba considerado un formidable competidor.

Siguieron otros favoritos. El checo Miroslav Filip, que con su impresionante estatura parecía un jugador de baloncesto, también era un firme aspirante a los primeros puestos. El sobresaliente campeón yugoslavo Svetozar Gligoric, con aire de estrella de cine, estaba listo para el torneo. El número 23 fue extraído por el gran maestro islandés Friorik Olafsson. ¡No le gustó, pero no tenía más remedio que aceptarlo! En la primera ronda Stein descansaba y podía caminar por la sala de juego, observando las partidas y estudiando a sus futuros rivales.

Comienza el torneo. ¡Todo el mundo está en su puesto, menos Fischer! Su oponente de turno, el maestro alemán Rudolf Teschner realiza la primera jugada: el peón dama avanza dos casillas, se levanta y comienza a pasearse entre las mesas.

El reloj de Fischer está en marcha. Transcurre un cuarto de hora, y el norteamericano sigue sin aparecer. ¿Es posible que siga durmiendo? En ese momento un joven larguirucho aparece en el vestíbulo. “¡Sólo Dios sabe lo que pasa en Estocolmo!”, exclama, jadeando. “¡Es imposible encontrar un taxi en ninguna parte!”

“Así que éste es el hombre”, piensa Leonid. “Basta con diez/quince minutos a pie para llegar al Kingzhallon del hotel Apollonia y él se queja de que no hay taxis… Veamos cómo juega.”

La partida de Fischer de aquel día fue un tanto decepcionante. Ya en la apertura Teschner se esforzó por cambiar damas. Tras haber dejado escapar la iniciativa, buscó abiertamente cambios para conseguir tablas. Poco a poco, Fischer fue superándolo, consiguiendo por fin una posición ganadora. Pero repentinamente comete un burdo error y la partida finaliza en tablas. Mientras Teschner se congratulaba, Fischer estaba apenado.

Aquella tarde las cosas no resultaron muy bien para algunos jugadores soviéticos. Petrosian, no obstante, tuvo suerte en su partida contra Olafsson: tras lograr una considerable ventaja, el islandés omitió el mate. Geller, por el contrario, debía haber vencido al colombiano Cuéllar. Sin embargo, se le olvidó dar un importante jaque con su dama y perdió.

Una vez finalizada la ronda, Stein se acercó a Geller. Fischer también se aproximó. En su deficiente ruso -su madre (que antes de la Segunda Guerra Mundial había viajado de Estados Unidos a Moscú, para estudiar medicina, graduándose en el Instituto Médico- le había enseñado ruso) le propuso a Geller: “¡Juguemos un match de rápidas!” Aquel día Geller no estaba, obviamente, para fiestas, y al oír su propuesta no pudo por menos que sonreír, señalando a Stein, que permanecía tranquilamente sentado en el rincón: “¡Mejor juega con él!” Como Fischer no había asistido a la ceremonia de apertura, y Stein no había jugado en la primera ronda, no lo conocía físicamente. De modo que se presentaron. Creyendo que el novato, de quien nunca había oído hablar, no sería rival para él en Blitz, Bobby rehusó jugar, pero luego dijo:

“De acuerdo. Jugaré con el Sr. Stein. Pero no gratis. Quien quiera jugar conmigo tiene que pagar. Sugiero una pequeña apuesta: diez coronas cada uno. Para igualar las posibilidades, puedo concederle ventaja al Sr. Stein: si consigue usted al menos dos puntos de cinco, el dinero es suyo.” Stein dudó. Se sentía incómodo jugando por dinero. Pero quería darle una lección al engreído norteamericano. “De acuerdo, contestó Leonid.” No habían pasado diez minutos cuando Fischer había perdido su primera partida. La segunda todavía la perdió antes. “¡Oh, Dios!”, dijo, sorprendido. “¡Le propongo jugar en igualdad de condiciones!

Puesto que el desconocido se merecía respeto, Fischer comenzó a jugar de forma más cuidadosa, pero aun así no conseguía ventaja. En las jornadas siguientes con frecuencia volvería a invitar a Stein a disputar amistosos matches de Blitz. Los matches transcurrieron con diverso éxito para los contendientes.

La actuación de Stein en el torneo no fue un éxito. Le afectó la emoción de una competición tan importante. También la atmósfera ejerció mucha presión sobre él. Por entonces estaba vigente una regla discriminatoria, según la cual el torneo de Candidatos (en el que participarían ocho jugadores en total) no podía incluir más que a cinco representantes de un mismo país. ¿Qué significaba eso para el ciclo de Estocolmo?, el derecho a jugar en la siguiente fase ya lo poseían Mijail Tal (el perdedor del último match por el Campeonato del Mundo), y Paul Keres (segundo clasificado en el anterior Torneo de Candidatos). Por consiguiente, sólo había tres plazas vacantes para los cuatro grandes maestros soviéticos que participaban en Estocolmo. Las otras tres restantes sólo podían ser cubiertas por los participantes extranjeros, incluso aunque finalizasen en la tabla de clasificación por debajo de los soviéticos. Así, Stein tenía que clasificarse entre los seis primeros, y además no podía permitirse ser el último de sus compatriotas.

Durante gran parte del torneo parecía que no tenía posibilidades de poder lograrlo. En la tercera ronda perdió ante Geller, y en la quinta se produjo una curiosa situación. Llevó su partida contra Filip a una posición ganadora, pero estaba jugando rápido y entonces, como consecuencia de sus errores, Filip consiguió contrajuego y Stein se puso a reflexionar largamente en cada jugada. Cierto que tenía mucho tiempo a su disposición. Cuando le quedaban dos movimientos para alcanzar el control de tiempo, disponía de media hora. Buscaba la forma de ganar y no la encontraba. ¿Había tablas? Desde luego que sí. Incluso había varias formas de lograrlas. ¿Cuál debía elegir? ¿Quizá aún podía ganar? Stein se vio absorto en la evaluación de diversas variantes, y el tic-tac del reloj no cesaba de sonar… Las agujas avanzaban… ¡Y la banderita cayó! Un árbitro informó al atónito Stein de que había perdido la partida. “¡Me olvidé del reloj! ¡Yo, que estoy acostumbrado a tener todo el tiempo del mundo!”, explicó, conmocionado, a sus boquiabiertos amigos.

Tras su derrota de la octava ronda ante Uhlmann, sus dos puntos de siete parecían no servir para nada… ¡Tres derrotas, cuatro tablas, ninguna victoria!

La norma de gran maestro estaba fijada en 13 puntos (de 22 partidas). Eso significaba que tenía que conseguir 11 puntos de las 15 partidas restantes, contra algunos de los mejores del mundo. Para un maestro ordinario esa tarea habría sido totalmente imposible. Pero Stein, habituado a perder partidas cuando todo el mundo esperaba que ganara, y a ganarlas cuando lo contrario era el caso, también había adquirido el hábito de superar barreras aparentemente infranqueables. Algo que también sucedió en Estocolmo. Cuando nadie creía ya en él o en su éxito, consiguió nada menos que 11,5 puntos sin darse un respiro, ¡y no en quince partidas, sino en catorce! ¡Una ronda antes de finalizar el torneo! un sprint final memorable: ¡nueve victorias y cuatro tablas! Con esa diabólica escalada, Stein pudo colarse entre los seis primeros, a falta de la última ronda. Sólo Fischer, Geller y Petrosian le superaban. De vencer a Olafsson al día siguiente, se convertiría en candidato al Campeonato del Mundo. Lamentablemente, las fuerzas de un ser humano tienen un límite. En una aguda lucha, Stein perdió.

¿Quién es el sexto clasificado?:

Empató en el sexto puesto con Gligoric y Benko. La cuestión es ¿quién sería el sexto clasificado para el Torneo de Candidatos? De no existir la discriminatoria regla “de los tres”, la respuesta a esa pregunta sería inmediata: había que jugar un match-torneo de desempate. Pero la regla cerraba el portal enfrente de Stein, debido a que sus tres compatriotas lo habían adelantado. En consecuencia, ¿habría un match entre Gligoric y Benko? No, debía procederse a un torneo triangular, ya que era necesario determinar un sustituto para el Torneo de Candidatos. Si, tras los resultados de este torneo adicional, Stein consiguiera, al menos, la segunda plaza, y uno de sus compatriotas renunciase a participar en la siguiente fase (por ejemplo, por enfermedad), entonces Stein podría reemplazarlo. Había un motivo más para que Stein jugase todo lo bien que supiese: aunque había logrado la norma de Gran Maestro internacional, tenía que esperar a su concesión oficial. Sin embargo, el sexto puesto en el Torneo Interzonal le concedería el título de forma automática. Leonid hizo dos tablas con Benko y venció en ambas ocasiones a Gligoric, de modo que se proclamó sexto. No obstante, fue Benko quien acudió a jugar el Torneo de Candidatos en la isla de Curazao…

De este período dice Kasparov:

“En el Torneo Interzonal de Estocolmo (enero-marzo de 1962), Stein sufrió por primera vez el efecto de la discriminatoria regla Botvinnik de la FIDE, la cual no permitía más de cinco representantes de un mismo país (es decir, la URSS) en el Torneo de Candidatos (ocho participantes), y dado que dos puestos ya estaban asignados a Tal y Keres, de los seis vacantes sólo quedaban libres tres para los cuatro participantes soviéticos en el Interzonal.

 Inicialmente, parecía estar claro que el jugador “sobrante” de los cuatro sería Stein, que comenzó con una paupérrima puntuación: 2 de 7. Pero entonces realizó un soberbio sprint: ¡11 ,5 de 14! .Es interesante ver, como le ganó a uno de los mejores jugadores no soviéticos del mundo (L.Portisch). (Ver en pgn).

… ¡No se ve muy a menudo que un luchador tan curtido como Portisch pierda en 21 jugadas!”

 Y luego:

“En su partida con uno de los mejores Grandes Maestros norteamericanos (A. Bisguier) de entonces, Leonid exhibió su extraordinaria visión del tablero, su capacidad para detectar recursos latentes en la posición, virtualmente de la nada. (Ver en pgn).

…Antes de la última ronda, Stein sólo estaba detrás de Fischer, Geller y Petrosian. Pero al perder ante Olafsson, en una aguda escaramuza, permitió a Filip sobrepasarle y, lo que es más importante también a Korchnoi. De modo que, aunque compartió el 6°-8° puesto, como cuarto jugador del mismo país tenía el paso cerrado al Torneo de Candidatos. No obstante, en Estocolmo precisamente, la FIDE puso en marcha una de las competiciones más absurdas en la historia del ajedrez: un triangular de desempate por el sexto puesto: l. Stein 3 (de 4); 2. Benko 2.5; 3. Gligoric 0.5. El jugador clasificado para el Torneo de Candidatos fue… ¡Benko! Stein quedaba así como primer reserva, en caso de que alguno de los jugadores soviéticos declinase su derecho a participar.

 Sin embargo, este cruel giro del destino no fue, en modo alguno, el peor de su carrera. Leonid sólo tenía 27 años, había conseguido la norma de gran maestro y era consciente de su enorme fuerza ajedrecística. Por cierto, que siguiendo el ejemplo de Geller Stein se encontró con Fischer en Estocolmo y se hizo amigo suyo. En su tiempo libre, a menudo jugaban Blitz, con éxito alternativo. Según Geller, Bobby estaba asombrado tras perder las dos primeras partidas: ¿quién era este Stein? Al final, Bobby sentía verdadero respeto por él…”

A pesar de todo, Leonid fue recibido como un triunfador. Ya era Gran Maestro Internacional. Algo que había sido especialmente gratificante, puesto que conseguido en una batalla con jugadores tan distinguidos como el Torneo Interzonal. El hecho de haber conseguido una plaza para el Torneo de Candidatos (por más que una formalidad aritmética le privase de participar) le rodeó de un halo adicional.

Buscando respuestas a tres porqués:

Con todo, Stein no estaba satisfecho. No sólo a causa de la injusticia de la “regla de tres”. No podía dejar de pensar en tres cuestiones.

Número uno: ¿Por qué juego tan mal cada vez que comienzo un torneo importante (Campeonato de la URSS e Interzonal)?

Número dos: ¿Por qué gané la partida decisiva en el Campeonato de la URSS y perdí la del Torneo Interzonal?

Número tres: ¿Por qué en el Campeonato de la URSS conseguí el mejor resultado contra los seis primeros (gané a Petrosian, Geller y Spassky, y tres tablas), y en Estocolmo hice el peor (derrotas ante Geller y Filip, y cuatro tablas)?

Stein no pudo encontrar, durante mucho tiempo, una respuesta a los dos primeros “porqués”. Preguntas de este tipo seguirían molestándole, en el futuro, después de algunos torneos. Lamentablemente, no tenía ningún experto a quien consultar en la esfera de la psicología deportiva, y esperaba que estos problemas se resolviesen por sí solos.

El tercer “porqué” era otra cosa. Este problema era el que más le preocupaba. Sentía ya que era capaz de entrar a saco en el Olimpo. Sin embargo, era evidente que cuanto más cerca se encontraba de la cima, rivales tanto más difíciles tenía que superar. ¿Podía contar con el éxito, si no superaba a los más fuertes?

Al reconsiderar sus partidas contra los favoritos, de Moscú y Estocolmo, no pudo dejar de prestar atención a una circunstancia.

¿Por qué le había ganado a Petrosian y Geller? Porque le habían dado la oportunidad de atacar a su rey. Esa había sido la razón decisiva. Spassky había perdido porque, con negras, se había jugado el todo por el todo.

¿Y en Estocolmo? Los mejores Grandes Maestros le concedieron muchas menos ocasiones de atacar a su rey. En relación con un año antes, ya conocían su estilo. Sólo Portisch fue imprudente y el castigo no se hizo esperar. Por aquella partida, precisamente, le concedieron a Stein el premio de belleza…

Nadie corría riesgos contra él. Por el contrario, Stein sí actuó más de una vez de acuerdo al principio o todo o nada. Así había perdido ante Uhlmann en la octava ronda. Del mismo modo se arriesgó en su partida siguiente contra Teschner, y éste pudo haberle vencido en una sola jugada. El juego azaroso, en este caso, resultó apropiado, pero en la partida con Olafsson le condujo al desastre.

El recuerdo más doloroso, sin embargo, era el de su partida con Filip, donde había perdido por tiempo. ¿Por qué no había ganado? ¡Tenía una ventaja tan acusada! Sólo podía haber una respuesta: el problema era que no podía materializar su ventaja con un ataque directo al rey contrario. Tenía que haber exhibido una buena técnica y en este aspecto del juego, no siempre se sentía seguro. He aquí por qué había tenido que pensar tanto. Petrosian habría ganado aquella partida jugando a la ciega

En una ocasión el famoso Gran Maestro Siegbert Tarrasch había dicho, muy acertadamente: “Cuando se gana una partida perdida, eso es la felicidad, pero cuando se pierde una ganada, sólo es incompetencia.”

¿Cuál era la conclusión? ¡Tenía que ampliar su forma de jugar! Si agudizaba la espada del ataque, tenía que armarse de un buen escudo. Stein no era ya un joven que se desmoronaba si su posición dejaba de agradar a sus ojos. Ahora podía apretar los dientes y luchar por cada palmo de territorio, era capaz de ofrecer resistencia hasta el final. Podía situar su rey en posición peligrosa, sin miedo y sin dudas, como en su partida contra Bisguier. No importa lo bien que Geller hubiese jugado contra él, ¿acaso había empleado todos sus recursos defensivos?

El ataque era una cuestión esencial para Leonid, y no sólo en ajedrez. Le gustaba el fútbol. Cuando en sesiones de entrenamiento, los ajedrecistas daban patadas a un balón, enfrentándose a un equipo aficionado, Stein, normalmente alineado como defensa, frecuentaba más a menudo la zona delantera que la suya propia.

¡Eso le costaba no pocos reproches de sus compañeros, porque su juego indisciplinado no le permitía regresar a tiempo para proteger la zona defensiva! Análogas situaciones le ocurrían también en el tablero. Cuando la posición requería paciencia, o incluso una larga lucha de maniobras pasivas, él, en cambio, seguía buscando un camino más rápido hacia su objetivo.

Por otra parte, claro está que un correcto diagnóstico no garantiza un tratamiento eficiente. Así fue en el caso de Stein. Necesitó mucho tiempo para sobrepasar las barreras que se interponían en su camino hacia la cumbre.

En cualquier caso, volvió a Lvov con tantos éxitos en su bolsillo, que difícilmente podía siquiera haberlos soñado tres años antes, cuando, como jugador de primera categoría, había acudido a Kiev para participar en el Campeonato de Ucrania.

Asaltando nuevamente al olimpo y ya en el selecto club de los Grandes Maestros:

En mayo de 1962, tras haberse asegurado de que los cinco grandes maestros soviéticos clasificados para el Torneo de Candidatos habían llegado a Curazao, Stein se unió a los maestros y candidatos a maestro que debían participar en el nuevo Campeonato de Ucrania.

Todo el mundo creía que conseguiría fácilmente el primer puesto, pero Gufeld le ofreció dura resistencia, y el flamante gran maestro sólo pudo asegurarse el campeonato en la última ronda, por medio punto de ventaja. Era su segundo título en el Campeonato de Ucrania.

Pronto el destino fue ocupando su sitio en la vida de Leonid. Se enamoró de Liliya Kvecher, una estudiante de segundo año en el Instituto Politécnico, y la convirtió en su esposa. Stein dijo, en más de una ocasión, que esa había sido la mejor jugada de su vida…

En otras palabras: aquellos fueron días inolvidables para él. Disfrutaba de un amplio e incuestionado reconocimiento. La alta sociedad del ajedrez le daba la bienvenida al círculo de los elegidos. Tenía especial amistad con Mijaíl Tal. Como muchos otros, estaba encantado con la calurosa generosidad y el intelecto enciclopédico del mago de Riga. Este último, a su vez, simpatizaba sinceramente con su nuevo amigo, y lo introdujo en su círculo de habituales. Tal ejerció su influencia, de hecho, para que Leonid se inscribiese como estudiante por correspondencia en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Lvov.

Durante algún tiempo, los cambios en la vida privada de Stein, su alegría y la de los demás, le mantuvieron apartado de los quehaceres ajedrecísticos. En septiembre del mismo año, 1962, tomó parte en la semifinal del Campeonato de Riga, y aunque era el único Gran Maestro de los 18 participantes, sólo pudo finalizar tercero. Únicamente dos jugadores se clasificaban para la final. Vale la pena señalar aquí que los acontecimientos más o menos se desarrollaban, según el esquema del “programa Estocolmo”. Ya al comienzo, M. Klimenok, un desconocido, pero agresivo maestro de Bielorrusia, venció al gran maestro en un devastador estilo. Stein sólo pudo ganar su primera partida en la cuarta ronda, luego cogió “carrerilla” y consiguió meterse en el grupo de cabeza. Sin embargo, en la última ronda volvió a perder, esta vez con el maestro L. Listengarten de Bakú, de modo que fue superado por los maestros Lev Aronin y Vladas Mikenas.

En cualquier caso, había sido admitido directamente a la final del 30º Campeonato nacional. Pero eso no era un consuelo. Los seis grandes maestros conquistaron los seis primeros puestos, pero Stein se encontraba en la retaguardia de la columna. Entonces perdió con el maestro Bannik de Kiev. ¿Qué estaba pasando? Dos años atrás, con una nómina de participantes considerablemente más fuerte, su juego resultaba mucho más prometedor, aunque sólo era un maestro…

Sacando lecciones de Estocolmo:

Recordaba sin cesar las lecciones extraídas de Estocolmo. Los mismos errores se repetían una y otra vez. ¿Cómo erradicarlos? ¿No había que arriesgar tanto? En tal caso, el número de derrotas sería menor, pero también el de victorias, con lo cual el resultado sería el mismo. Quizá debería mostrar una razonable prudencia, recurriendo a métodos técnicos, para ganar partidas en las que antes estaba dispuesto a aceptar tablas, o quizá debería buscar más la lucha “cuerpo a cuerpo”. ¡Porque lo cierto es que ya tenía una buena experiencia en jugar ese tipo de posiciones!

Así pues, decidió emplear esa táctica en todas las competiciones del año siguiente: en el match Yugoslavia-URSS, en la tercera Spartakiada de los pueblos de la URSS, y en la semifinal del campeonato nacional, en Sverdlovsk. Le dio buen resultado, pues pudo constatar que el número de victorias no disminuía, ¡pero sí el de derrotas! Había aumentado el número de tablas, pero a costa de las partidas que en el pasado hubiera perdido.

En los comienzos del 31º Campeonato de la URSS, celebrado a fines de 1963 en Leningrado (de nuevo, torneo clasificatorio para el Interzonal), Stein, como ya le había sucedido en otras ocasiones, no pudo conseguir su primera victoria, sino hasta transcurridas muchas rondas. El juego no le resultaba fácil y él no quería forzarlo. Cuando surgía una posición desfavorable, la defendía con mucha mayor tenacidad que antes. El resultado fue sorprendente: ocho tablas consecutivas.

Consiguió la atención de los medios de comunicación por su pasividad. Un famoso periodista de ajedrez, se preguntó retóricamente en un boletín si Stein no se habría aficionado últimamente a las damas. (Al juego. No es posible el doble sentido, como en castellano. N. del T.) El propio Stein no se sentía a gusto en ese inesperado papel de “rey de las tablas”. Sabía que el problema no radicaba en una supuesta indolencia, sino en no haber sabido encontrar una buena forma. ¿Qué pasaría si no la encontraba hasta el final del torneo? El camino era ahora mucho más complicado que tres años antes. Esta vez le bastaba con entrar dentro de los seis primeros, pero eso sólo le daría una plaza a una fase intermedia: un torneo zonal, por liga a doble vuelta, que determinaría los cuatro jugadores que se clasificarían para el Interzonal.

Por fin, en la novena ronda venció a A. Novopashin. ¡Qué alivio! A partir de ese momento, las cosas empezaron a marchar sobre ruedas. Como en Estocolmo, Stein empezó a despachar a un rival tras otro, como si estuviera practicando tiro en una caseta de feria. Después de la 16ª ronda sólo tenía por encima de él a Ratmir Jolmov. Tenían que enfrentarse en la siguiente ronda. Fue una partida extraordinaria. En la apertura las piezas iban desapareciendo del tablero a velocidad meteórica. Los expertos eran unánimes en sus juicios: eran más que previsibles unas rápidas tablas, ¡ya que casi no quedaba nada con que jugar! Hasta ese día, el jugador de Lvov nunca había tenido interés en disputar una posición tan aburrida. Ni siquiera hubiera sabido cómo hacerlo. Pero esta vez todo el mundo vería a un nuevo Stein: un maestro hábil en posiciones técnicas. Tanto fue así, que hasta un virtuoso de las posiciones sencillas como Jolmov, en un final un tanto inferior, fue incapaz de resolver todos los problemas que su oponente consiguió plantearle.

De modo que ambos se intercambiaron sus puestos, y antes de la última ronda Stein se había encaramado al primer lugar en solitario, con medio punto de ventaja sobre Spassky y Jolmov. De ese modo tenía garantizado un puesto entre los seis primeros, así que empezó a pensar en conseguir la medalla de oro del Campeonato. Podía conseguirla si derrotaba, con blancas, a Vladimir Bagirov, en la última ronda.

Continuará…

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