Haciendo justicia a grandes genios semiolvidados: Leonid Stein (I)

Leonid Stein

Leonid Stein

Por: Lic. Miguel Echenique Hilario.

Leonid Stein (Parte I)

Saludando este 12 de noviembre el 83 aniversario del natalicio de este genial ajedrecista.

Su nombre completo: Leonid Zajarovich Stein.

Descargar partidas de Stein. Descargar partida Stein-Keres, Moscú 1967

Introducción:

Debo confesar que, conocía muchas cosas sobre la vida y actuación en el ajedrez de Leonid Stein, siempre lo he admirado, me gusta su estilo de juego y he visto la mayoría de sus partidas, las cuales disfruto mucho.

También fue placentero para mi investigar sobre su vida ya que me trajo buenos recuerdos de mi juventud, mi amigo, el excelente ajedrecista y gran estudioso del noble juego, José Guillermo de la Rosa Solórzano, fue el primero, cuando éramos juveniles, que me habló de Leonid Stein y recuerdo nuestras sesiones de estudio, donde “pasábamos” y disfrutábamos de las brillantes partidas del genial Stein.

Pero, autopreparándome para escribir este artículo para el Blog de mi amigo Enrique Ferreiro y luego de leer por completo el excelente libro “Leonid Stein: La estrategia del riesgo” del GM Eduard Gufeld y del Maestro Efim Lazarev y también el Tomo III de “Mis geniales Predecesores” de Garry Kasparov, quien dedica casi 50 páginas a este genial jugador, con el subtítulo “Una estrella extinguida”, me percaté que ignoraba muchas cosas y que es más grande de lo que imaginaba. Realmente aprendí.

Pongo a disposición de nuestros lectores y seguidores del Blog este modesto trabajo, con el cual rendimos homenaje este 12 de noviembre al cumpleaños 83 de Leonid Stein, con la esperanza que también aprendan y lo disfruten.

M.Echenique

Lo que dicen los grandes campeones mundiales…:

“…Leonid Zajarovich Stein (1934-1973), uno de los mejores jugadores de aquellos tiempos. Lamentablemente, su nombre ha sido casi olvidado por el mundo del ajedrez, sobre todo fuera de la ex Unión Soviética (posiblemente, porque donde Stein consiguió sus mayores éxitos fue dentro del territorio de la URSS).

Su breve biografía es genuinamente trágica, pues este jugador de gran talento tuvo que enfrentarse a numerosos obstáculos burocráticos. Es una verdadera lástima que no hayamos visto un match entre Stein y por ejemplo, Tal o Spassky. Es evidente que disponía de una forma segura de clasificarse para los ciclos de Candidatos: sólo tenía que trasladarse a otro país…

Recuerdo que en el torneo internacional de Bakú (1980), Eduard Gufeld me hablaba efusivamente acerca de su nuevo libro sobre Leonid Stein (La estrategia del riesgo). Como colofón de su charla -y tras haber mirado cautamente en tomo-, me dijo al oído: “Sabes, ¡en 1973 Stein era más fuerte que Karpov!” y rápidamente se marchó.

…No sin razón, Stein fue llamado el “segundo Tal”. A ese par yo añadiría Spassky. Este trío llegó más allá de la línea armoniosa Botvinnik-Smyslov, ampliando los límites de nuestro entendimiento del juego, modificando nuestra impresión de la correlación entre material y calidad de posición, de situaciones en desequilibrio material y estratégico, y estos tres maestros sentaron las bases para la aparición del ajedrez moderno, ultradinámico. Estos nuevos desarrollos también fueron fuertemente impulsados por Fischer. Pero, hablando en sentido figurado, mientras que el arma de Fischer era el estrangulamiento, estos tres mosqueteros eran virtuosos espadachines, que también sabían cruzar dagas y dominaban la ballesta.

En este trío la intuición jugaba el papel principal. Fischer reverenciaba las reglas, mientras que ellos adoraban las excepciones y las paradojas”.

                          Garry Kasparov, “Mis geniales Predecesores”, Tomo III.

“Estoy conmocionado por la inoportuna muerte de Leonid Stein, un brillante gran maestro y un buen amigo. Expreso mis condolencias a su familia y a la comunidad ajedrecística”.

Robert James Fischer.

“Mi entrenador. Semión Furman, me presentó al famoso gran maestro (Leonid Stein) mientras analizaban su partida. Observé con interés cómo enfocaban la posición de distinta forma: Furman razonaba en base a evaluaciones generales, mientras que Stein ‘disparaba’ como una ametralladora toda una cascada de variantes… ¡Tenía un talento fantástico!”.

Anatoly Karpov.

Biografía:

1934-1953:

Leonid Stein nació el 12 de noviembre de 1934, en la pequeña población ucraniana de Kamenets-Podolsk (ahora en la región de Kamenets-Podolsky Jmelnitsky), en el río Smotrich, afluente del Dniéster (la ciudad es conocida por los lectores rusos de la divertida narración infantil Vieja fortaleza, de Vladimir Beliavsky). Los padres de Stein, Zajar Lazarevich y Charna Abovna, tenían otro hijo, una niña cuatro años mayor que Leonid. La familia trabajaba duro, con unos modestos ingresos, gente sencilla. La salud del padre era delicada.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, la ciudad nativa de Stein fue de las primeras atacadas por el ejército alemán. A duras penas consiguió la familia escapar, y tras largos avatares se estableció en Uzbekistán, cerca de Tashkent. En 1942, a la edad de 36 años, el padre de Stein murió de tifus. Su madre se convirtió así en el único sustento de la familia, educando ella sola a sus dos hijos.

Finalizada la guerra, la familia regresó a Ucrania, estableciéndose en Lvov, donde la madre comenzó a trabajar como camarera en la barra de una cafetería escolar. Como recuerdan los amigos del futuro gran maestro, fue creciendo con aspecto enfermizo, un muchacho puros huesos, víctima de la desnutrición reinante durante los años de la guerra. Esa dura infancia no podía dejar de tener huellas en su vida futura. Privado de la fuerte guía de un padre, Leonid no gozó precisamente de la reputación de estudiante modelo, y aunque procuraba no disgustar demasiado a su madre y a su hermana con notas pésimas, rara vez las obsequiaba con un sobresaliente.

Sus mediocres notas resultaban tanto más penosas cuanto que el muchacho estaba dotado de inteligencia natural, de excelente memoria y una rica imaginación. El problema era que no podía soportar el estudio de los libros de texto. La diligencia no se encontraba precisamente entre sus virtudes. Nunca se libró de esa época de la infancia que, en particular, se tradujo en una pobre educación ajedrecística. El carácter de su hermana, por el contrario, era más laborioso. Terminó la escuela con buenas notas, graduándose luego en medicina y luego ejerció su profesión de médico cerca de Moscú. Leonid, por su parte, no tenía buenas relaciones con las ciencias. No está claro qué hubiera sido de él, de no haber descubierto, a los diez años, un interesante juego que cautivó su interés. En poco tiempo se convirtió en uno de los mejores jugadores de ajedrez de su escuela.

En aquellos primeros años era difícil prever que, a pesar de su larga tradición ajedrecística, en Lvov iba a surgir toda una galaxia de grandes maestros eminentes. Hasta su absorción por la Unión Soviética, en Lvov el ajedrez se practicaba sobre todo en numerosos cafés, y sólo en el período de la posguerra se creó un verdadero club. Recordaremos los nombres de los entusiastas que crearon este centro de cultura ajedrecística en la ciudad. En primer lugar, tres de ellos: Mihail Antonovich Romanishin (cuyo hijo, Oleg, es ahora un Gran Maestro) era un veterano de guerra, y uno de los jugadores más fuertes de Lvov en la época que precedió al conflicto. Teodor Petrovich Kukich fue el primer director del club, y Pavlo Pavlovich Yatsino fue asistente del director y más tarde, director.

La ciudad comenzó a albergar torneos. Un maestro bien conocido, Alexei Pavlovich Sokolsky, fue invitado a residir en Lvov de forma permanente. Impartió clases y pronunció conferencias en el club, y en 1949 publicó el libro Modernas Aperturas de Ajedrez, que inmediatamente se convirtió en la biblia del ajedrez. Pero, lamentablemente para Lvov, su único maestro de entonces se trasladó, en 1953, a Minsk, donde vivía el gran maestro Isaak Boleslavsky, Sokolsky solía entrenar a Boleslavsky, cuando éste competía en eventos internacionales. Con todo, Sokolsky dejó su huella en Lvov. Cuando Stein se convirtió en gran maestro, dijo que su primer mentor había sido Sokolsky.

En los años posteriores a la guerra, los jóvenes jugadores comenzaron a progresar rápidamente. Entre ellos podríamos destacar, por ejemplo, a los estudiantes Rafael Gorenstein, Viktor Kart, Nikolai Sazhaev e Iltizar Kutuev. El maestro Sokolsky, que había ganado el Campeonato de Ucrania en 1947 y 1948, alcanzando la Final del Campeonato de la URSS en 1949 y 1950, no siempre conseguía, a pesar de sus credenciales, proclamarse campeón de Lvov. En 1949, por ejemplo, ganó Gorenstein, mientras que Sokolsky sólo conseguía finalizar quinto.

En 1948 Lvov albergó el primer campeonato de Ucrania por equipos, de la posguerra, con la participación de dos equipos locales. El primero, del área de los Cárpatos, encabezado por Sokolsky, consiguió un respetable tercer puesto, sólo tras los equipos de Járkov y Kiev. El segundo equipo de la ciudad finalizó en séptima posición.

La ciudad también fue nutriendo a la joven generación de ajedrecistas. Un club juvenil se inauguró en el Palacio de Pioneros. Las competiciones escolares por equipos comenzaron a ser una tradición, a fin de seleccionar los jóvenes jugadores más destacados. En uno de estos torneos, un flaco adolescente de vivos ojos negros llamó la atención, por su juego rápido y agudo. El niño de trece años y quinto grado fue admitido en el Palacio de Pioneros de Lvov. Allí, por primera vez, Leonid pudo ver un libro de ajedrez, aunque, a decir verdad, le interesó bien poco. Sólo el juego en sí le fascinaba.

 ¡Trece años! Hoy diríamos que ya era demasiado tarde para Leonid, puesto que a esa edad los adolescentes a menudo se convierten en maestros y grandes maestros internacionales. Pero en los días de Leonid los criterios existentes eran distintos.

Kasparov agrega:

“Los comienzos de Stein fueron bastante más modestos que los de Spassky o Tal. Hasta los 13 años no fue aceptado en el club de ajedrez del Palacio de Pioneros de su ciudad (cuyo primer instructor era el maestro Alexei Sokolsky).

A los 18 era candidato a maestro, y a los 24 maestro. “Ya entonces Stein deslumbraba por su talento y por la frivolidad de su juego”, recuerda el conocido entrenador Viktor Kart. Sí, era una persona impulsiva, impresionable y vulnerable, pero ¡qué temible luchador!”.

Al principio su ajedrez progresó lentamente. Leonid iba subiendo de nivel con confianza. En dos años alcanzó la primera categoría. En el favorable clima ajedrecístico de Lvov, Stein respiraba a gusto. Siempre había alguien con quien jugar, un lugar donde hacerlo, y alguien de quien aprender. Hasta podía abrir un libro, aunque fuese con apatía, pero sobre todo escuchaba las conferencias de Sokolsky conteniendo el aliento. El experto instructor comentaba la partida de un gran maestro con tal entusiasmo que los asistentes podían captar perfectamente los matices. El desenlace de las partidas se fue haciendo inteligible y lógico. El joven Stein seguía con particular emoción las batallas de doble filo, plenas de ataques y contraataques. Tales partidas le recordaban a sus novelas y películas de acción favoritas. ¡Presenciándolas se sentía en su elemento!

Hizo varios amigos. Leonid era el más joven del “cuarteto de ajedrecistas” que se había ido destacando. Efim Rotstein era un año mayor. Boris Katalimov, dos años mayor, e Igor Semenenko, tres años mayor. Los torneos del Palacio de Pioneros ya no les bastaban. También jugaban en el club de la ciudad, y se encontraban con frecuencia en el apartamento de alguno de ellos, donde el tiempo volaba analizando partidas, o jugando partidas rápidas al atardecer, sólo interrumpidas por la insistencia de sus padres. Como puede el lector imaginar, esa era una “escuela” poco habitual. Pero pronto los cuatro chicos pasaron a codearse con los jugadores más fuertes de la ciudad.

En 1949 tuvo lugar un torneo de clasificación para seleccionar a los mejores jugadores que debían representar a Lvov en el inminente campeonato de Ucrania por equipos. El primer puesto fue para el experimentado Viktor Kart. ¿Quién podía imaginar entonces que Viktor se convertiría en maestro, y que dedicaría toda su habilidad y talento a entrenar futuros grandes maestros, como Litinskaia, Romanishin, Beliavsky y Mijalchishin?

De modo que Kart fue el líder del equipo de la ciudad. El miembro del cuarteto y amigo de Leonid, Semenenko, conquistó el derecho a defender el segundo tablero, y el propio Stein se encontró luchando en el cuarto. El equipo, ciertamente, se había debilitado por la ausencia de Sokolsky, que no podía participar debido a que estaba jugando el 18º Campeonato de la URSS. A pesar de este hándicap, el equipo de Lvov consiguió superar las eliminatorias de cuartos de final y de semifinales, clasificándose para participar en la final, que debía celebrarse en 1950, con los ocho mejores equipos.

El resultado de su equipo (empatado en el tercer puesto) dejó descontenta a la ciudad. Ceder las dos primeras plazas a los equipos de Kiev y Járkov, plagados de estrellas, no era nada vergonzoso, ¿pero cómo podían haber permitido que un equipo tan modesto como el de Vinnitsa compartiese con ellos el tercer puesto? Como a menudo sucede, el jugador más joven sirvió de cabeza de turco.

El juego precipitado de Stein había arruinado el resultado del equipo. Tanto el futuro maestro de Kiev, V. Shianovsky, como M. Borsuk, de Vinnitsa, habían conseguido más puntos que Stein en el cuarto tablero (Borsuk llegaría a ser director del famoso centro de ajedrez Avangard, en Voroshilogrado).

La secuencia final de Stein con Shianovsky incluso fue publicada en las revistas. Fue, en realidad, su primera partida publicada (Shajmaty URSS, 1951, nº 3). Aunque no muestra las mejores cualidades de nuestro héroe, sí es característica del juego del joven Stein (Esa partida la puede encontrar en pgn en anexo al presente artículo. -Echenique).

El entrenador de ajedrez Viktor Kart, muy famoso en la Unión Soviética, recuerda: “Incluso entonces Stein nos sorprendía en sus partidas tanto por su talento como por su audacia. Planteaba sus posiciones con tanta rapidez, que nos parecía un clarividente. Un maestro normal sólo ve, en un momento dado, una parte del tablero, pero Stein podía captar todo el tablero, previendo de algún modo la estructura resultante en cada posición, tras una continuación posible. Cuando comenzaba a mostrarnos las variantes que había visto, parecía que las piezas se movían solas. Era evidente para todos que Stein tenía un don especial. Pero, por otra parte, era impaciente en extremo, absolutamente incapaz de obligarse a sí mismo a concentrarse sobre el tablero, así que muy a menudo tomaba decisiones imprudentes. Los jugadores expertos podían sacar partido a sus defectos, planteando trampas, y Leonid a menudo mordía el anzuelo. Recuerdo bien la dramática partida entre Stein y Borsuk del match con el equipo de Vinnitsa. La partida era muy importante para nosotros.

Borsuk, un duro ex paracaidista, cayó en apuros de tiempo en tres controles de tiempo durante la partida. Stein sólo invirtió 20 minutos en todo el juego. En tan escaso tiempo de reflexión, dejó escapar varias posibilidades de ganar y, a la larga, para nuestra desgracia, sólo consiguió hacer tablas.”

El mismo año Stein jugó en el Campeonato absoluto de Lvov, consiguiendo en torno al 50% de los puntos. Sólo necesitó 15 minutos para finalizar cada partida. Su amigo Semenenko jugó un ajedrez mucho más sólido, empató en el primer puesto, ¡y luego ganó el match de desempate, por 3-1!

Los cuatro amigos consideraban el resultado de Semenenko como un logro propio. Pero él era el mayor. El siguiente era Katalimov. También se destacó en el mismo año, finalizando cuarto en el campeonato juvenil de Ucrania (el vencedor fue Yuri Kots, de Donetsk, más tarde dos veces campeón de Ucrania y otras dos finalista del Campeonato de la URSS). En el siguiente Campeonato de Ucrania por equipos, la formación de Lvov, liderada por Katalimov y Rotstein, consiguió ganar el primer puesto.

La hora de Stein se acercaba. Lvov depositaba muchas esperanzas en él, no sin razón, estimando que su apresuramiento y sus impetuosos ataques eran la típica enfermedad de infancia, que todo el mundo supera.

“Bueno, chavales, no volveré a veros más en los torneos juveniles. He cumplido 18, y ya está bien.” Así decía adiós el candidato a maestro Boris Katalimov a sus compañeros del equipo ucraniano, que había finalizado segundo en el Campeonato Juvenil de la URSS por equipos, celebrado en Moscú. “Pero Lvov sigue estando bien para vosotros. El año que viene Lenny Stein tomará mi puesto. ¿No habéis oído hablar de él? ¡Pronto lo conoceréis! ¡Un talento natural! Nada de estudio. Ve todo en el tablero como si tuviera rayos X, pero recordad: quede como quede en el Campeonato de la república, cuando forméis el equipo, dadle el tablero más bajo.”

“¿Por qué?”, preguntó el entrenador del equipo, Yuri Sajarov. “Si el chico es tan bueno, dejémosle que lidere el equipo. ¿Por qué debilitar voluntariamente su potencial?”, Katalimov rió. “Sería asumir un riesgo táctico en nombre del equipo. Lenny todavía no tiene suficiente confianza para afrontar a fuertes oponentes. Pero, al mismo tiempo, puede machacar sin problemas a aquellos que no son tan fuertes.”

A la primavera siguiente Sajarov se encontraba en Lvov, tomando parte en la semifinal del Campeonato de la URSS. En tanto que seleccionador del equipo juvenil ucraniano, quiso conocer a la joven estrella Leonid Stein. “Eso es fácil”, le dijo uno de los organizadores de la competición. “Puedes verlo a diario, porque es uno de los comentaristas.”

Tras algunas rondas, Sajarov observó que mientras que los jóvenes comentaristas seleccionaban las partidas que mostrar a los espectadores, Stein, como regla general, elegía las de Simagin, Mikenas, Ragozin, Kopaev y otros “románticos”, con tendencia a los ataques y combinaciones. ¿Por qué no? ¡Era el estilo que más le gustaba a Stein!

“¿Me permites, Lenny…”, le preguntó Sajarov, “…que, en tanto que futuro entrenador tuyo con el equipo de Ucrania, que te dé un consejo? ¿No podrías, para variar, comentar las partidas de Flohr, Aronin y Konstantinopolsky?”. “Sus partidas no son divertidas. Son áridas y aburridas”, le respondió el joven ajedrecista.

“Obsérvalas con atención, y verás que tienen cosas interesantes. Presta atención a la habilidad con que estos maestros conducen las maniobras estratégicas, con qué elegancia defienden sus posiciones. Te guste o no, tendrás que jugar todo tipo de ajedrez, no sólo ataques y combinaciones. Se diría que no tienes habilidad para jugar ninguna otra cosa.”

El prestigio de Sajarov como entrenador y, además, como líder del torneo, que acabó ganando, concedían cierto peso a sus palabras. Al despedirse, Stein le agradeció a Sajarov el consejo.

Pronto debutó Stein en el Campeonato Juvenil de Ucrania, que tuvo lugar en Járkov, donde uno de los autores pudo conocerlo. ¡Sus partidas eran sorprendentes, sus jugadas se producían a la velocidad de un misil!

Gastaba entre quince y veinte minutos en cada una de sus partidas, ganando a menudo de forma brillante. ¡Y cuán impresionante era al analizar sus partidas! Variantes de interés, emocionantes combinaciones, inteligentes ideas como pañuelos de seda que salen de la manga de un mago.

“¡En el tablero lo ve todo!”, decían sus derrotados oponentes.

“Pero no entiende todo”, añadía un experto entrenador de otras promesas ucranianas. Explicaba su conclusión. La “visión” de Stein, a la velocidad de la luz, y su cálculo de variantes no siempre estaban respaldados por evaluaciones correctas de las posiciones resultantes. Más allá de las variantes concretas, cuando se exhibían conocimientos, experiencia y lógica, el joven jugador a menudo no se sentía cómodo. Por esa razón jugaba tan rápido. ¿Quería pensar con el tiempo del rival? No, ¡sencillamente no conocía otra forma de hacerlo! Se daba por satisfecho con evaluaciones extraídas de las numerosas variantes que calculaba en un minuto. En la mayoría de los casos, confiaba en su intuición.

“¿Sabes, Lenny?, has examinado toneladas de posibilidades”, razonaba con él Sajarov, al estudiar una partida que Stein acababa de finalizar un momento antes, “y no has elegido la mejor. No has sopesado todos los pros y los contras.”

“¿Y qué?”, era la respuesta del perplejo joven. “Después de todo, he ganado.”

“¡Pero sólo porque tu oponente se equivocó! De haber jugado correctamente, habrías conseguido un cero, en lugar de un punto.”

Járkov acogió el campeonato por equipos de la república. El equipo de Lvov, encabezado por Rotstein y Stein, era considerado el favorito. Sin embargo, en la fase final tuvieron que conformarse con el segundo puesto, tras el equipo de Kiev. A continuación, 11 jóvenes afortunados fueron elegidos para participar en el campeonato juvenil de Ucrania, que designaría quien acudiría a Leningrado, formando parte de la selección ucraniana, en el Campeonato de la Unión Soviética.

Entre los once jugadores, había dos candidatos a maestro: el campeón del año anterior, Y. Kots, y E. Lazarev. El resto eran jugadores de primera categoría (“A”). No hay que sorprenderse porque un futuro gran maestro fuese un modesto jugador de categoría A, a los 17 años. Por entonces era mucho más difícil que ahora conseguir un alto rating.

En las tres primeras rondas Stein sumó dos puntos y medio, pero a continuación perdió ante Georgi Kalashnikov, de Odesa. Tras esa derrota, Stein quedó tan deprimido que ni siquiera quiso analizar la partida, ofendiendo así a su contrincante. Más tarde, Kalashnikov (que ahora vive en Kiev, donde es candidato a maestro y doctor en medicina) y Stein se hicieron amigos.

Más tarde, la suerte volvió a acompañarle a Stein, y en la séptima ronda superó claramente al propio Kots. El humor de Stein cambió de inmediato. Ahora, hasta la inmensidad del mar parecía estar a su alcance.

Sajarov consideró que no era inoportuna una reprimenda a la joven promesa quien, según todos los indicios, iba a integrar el equipo de estrellas ucranianas.

“No te emociones tanto. Has conseguido enredar a tus oponentes, metiéndoles en el tipo de juego que es tu fuerte, induciéndoles a jugar acelerados. En Leningrado tus rivales serán más fuertes. ¿Qué harás entonces? Incluso aquí… ¿Con quién juegas mañana?”

“Con Lazarev. Tiene cinco y medio de seis, pero no le tengo miedo.”

“Tu sabrás. Yo no lo sé. ¡En cualquier caso, no creo que consigas liarlo en una de tus partidas rápidas!

¡Apostaría lo que fuera!”

Sajarov perdió la apuesta. La partida duró 34 jugadas, pero finalizó en media hora. La partida muestra el nivel de Stein por entonces, y es la única completa que se conserva de sus competiciones juveniles (Verla en este artículo en pgn en Anexo).

Tras haber vencido a ambos líderes, Stein ni siquiera pensaba que pudiese cometer nada erróneo en el tablero. Como consecuencia, finalizó en una respetable cuarta plaza (Lazarev y Rotstein compartieron el primer puesto), y no tenía dudas de que se había asegurado una plaza en el equipo.

Pero el seleccionador dudaba, evaluaba, sopesaba… Por fin, recordando el consejo de Boris Katalimov, incluyó a Stein, pero en un tablero bajo, ni siquiera en el cuarto: en el sexto. No obstante, el entrenador estaba confuso. “Sí, Lenny tiene talento, pero es tan independiente… El equipo necesita un jugador muy distinto. Me preocupa que nos deje perdidos en Leningrado, ¡con su velocidad supersónica!”

Por fin, Leningrado: el Campeonato de la URSS por equipos juveniles. ¡Las actuaciones en torneos de ese tipo suelen ser muy equívocas! Aquellos que dominan las competiciones de su edad normalmente se consideran futuras estrellas, si bien muy pocos justifican tales esperanzas. Entre los que tuvieron éxito en la competición, sólo Vasiukov (Moscú), Lutikov y Spassky (Leningrado), Polugaievsky (Federación de repúblicas rusas), y Gipslis (Letonia) consiguieron más tarde el título de Gran Maestro.

Algunos jugadores escaparon a las predicciones de un gran futuro. En el equipo letón, por ejemplo, un pequeño chico moreno perdía partida tras partida en el cuarto tablero, consiguiendo sumar sólo tres puntos y medio en nueve rondas. Sus colegas lo maldecían en cada ocasión, porque sacrificaba peones y piezas en cada una de sus partidas, a veces seguramente con intención, pero otras sin razón aparente. ¿Quién era ese jugador, con tan pocas perspectivas de futuro? ¡Nada menos que el futuro campeón del mundo, Mijaíl Tal! Leonid Stein también recibiría “lo suyo”.

“En casi cada equipo fuerte”, escribiría más tarde el maestro Evgueni Zagorianski en la revista Shajmaty URSS, “había un perdedor habitual, que minaba los esfuerzos de sus colegas. En el equipo ucraniano ese papel le correspondió a Stein. Este indudablemente dotado jugador asombraba a los espectadores con la rapidez de su juego. Tras alcanzar buenas posiciones de apertura, continuaba jugando a la velocidad de 60 jugadas por hora y, naturalmente, perdía todas sus partidas contra oponentes experimentados. Hay que esperar que la práctica de torneo consiga hacer que Stein juegue de forma más seria y cuidadosa”.

Sus compañeros le suplicaban: “Lenny, juega más despacio, piensa más. De otro modo…” Pero no cambiaba su forma de jugar. Cierto que, con su temeraria actitud, sumó un punto más que Tal. Pero el mal resultado de Tal no tuvo especial importancia para el equipo letón, puesto que finalizó en quinto lugar, ¡con 13,5 puntos menos que el cuarto! Pero los fallos de Stein fueron especialmente lamentables, ya que el equipo ucraniano sólo cedió medio punto a los campeones moscovitas.

Un año más tarde se disputó el mismo tipo de torneo en Rostov sobre el Don. Stein, ahora promovido al segundo tablero, consiguió un resultado mucho mejor. Sin embargo, y dado que otros miembros del equipo eran nuevas incorporaciones, Ucrania sólo consiguió finalizar en cuarta posición.

En 1952 Leonid cumplió los 18 años. Había llegado la hora de decir adiós a los torneos juveniles, con su espíritu romántico y audaces esperanzas. ¿Se encontraba este joven, ya maduro pero engreído y fácilmente susceptible, lo bastante preparado para mayores empresas? Seguramente no. Los primeros éxitos le habían llegado muy pronto, con poco esfuerzo para conseguirlos.

Sufrió relativamente pocos fracasos ante el tablero, de modo que los consideraba accidentales. Le parecía que todo se tornaría a su favor con el debido tiempo. Entretanto, sólo era un jugador de primera categoría, que tenía una gran confianza en sí mismo.

Por otra parte, la familia andaba escasa de recursos. En consecuencia, tras haber finalizado siete grados en 1950, Leonid dejó el instituto, a pesar a las objeciones de su madre. Ingresó en una escuela técnica electromecánica, a fin de aprender una profesión y ponerse a trabajar lo antes posible. Le resultaba difícil estudiar. Después del primer año, Stein dejó la escuela técnica e ingresó en una escuela nocturna. Había perdido todo el año.

Pero, en cualquier caso, su ajedrez estaba a punto de recuperarse. En la primavera de 1953 llegó a Kiev para disputar las semifinales del Campeonato de Ucrania. Allí no sólo consiguió la norma para candidato a maestro (experto), sino que finalizó en el primer puesto. ¡Un verdadero éxito!

Su primera aparición en el Campeonato de Ucrania era muy esperada. Sin embargo, tuvo que posponerla durante cuatro años, porque en el otoño fue alistado en el ejército soviético. Su juventud había quedado atrás.

Luchando por ser Maestro:

Gufeld y Stein, 1958

Gufeld y Stein, 1958

1954-1958:

El servicio militar le sirvió de gran ayuda a Stein. Adquirió concentración, una disciplina regular, puntualidad y precisión. Pronto se hizo soldado de primera y luego sargento. Primero sirvió en Azerbaiyán, y más tarde en la región del Baikal.

En julio de 1954 fue destinado a Barnaul para participar en el cuarto campeonato de Siberia y el Lejano Oriente. El torneo incluía campeones de las regiones krais (las extensas divisiones administrativas de Rusia) y de las repúblicas nacionales autónomas situadas en los vastos bosques subárticos de la Federación Rusa. Este evento, que se convirtió en tradición, clasificaba a los tres primeros para la semifinal del campeonato de la Federación de repúblicas rusas. Entre los participantes en Barnaul se encontraban cuatro candidatos a maestro; el resto eran jugadores de primera categoría. Stein finalizó delante de todos ellos.

Stein había depositado grandes esperanzas en la competición, sobre todo desde que se habían aprobado nuevas reglas para el desarrollo del Campeonato de la URSS. Antes había que pasar dos fases: cuartos de final y semifinales. El nuevo reglamento había dividido en dos el proceso, y diez vencedores del campeonato de la Federación Rusa eran invitados directamente a participar en la semifinal del campeonato, donde uno de ellos podría conseguir norma de maestro. Stein no tenía dudas de que podía conseguir todo esto.

Stein nunca había jugado antes en un torneo tan fuerte como la semifinal del campeonato de la RSFSR, que tuvo lugar en Novosibirsk. Tres maestros bien conocidos participaban allí: A. Lutikov, V. Zurajov e I. Veltmander. El resto eran jugadores expertos, que también habían ganado torneos zonales como él.

No había dudas en cuanto al primer puesto. Por entonces Anatoli Lutikov era imparable. Consiguió un brillante resultado, ganando once de las catorce partidas, y tablas en las otras tres. Stein sumó tres puntos menos, aunque eso le bastó para empatar en el segundo puesto con V. Lepijin de Barnaul, consiguiendo así pasaporte para la final.

La norma de maestro estaba a su alcance, pero la final que comenzó en Leningrado, en la primavera de 1955, se desarrolló sin su presencia, porque por aquellas fechas Stein fue requerido para realizar sus deberes militares.

Ciertamente, aquello le hizo daño a Leonid. Hay que decir que entretanto, Lutikov, jugando en su ciudad natal, sumó otro primer puesto, con un margen de punto y medio, por delante de Nikolai Krogius y Lev Polugaievsky. Los tres llegarían a convertirse en grandes maestros y estaban destinados a encontrarse más de una vez.

En el verano de 1955 Stein viajó a Kaluga para tomar parte en el torneo panruso de jóvenes candidatos a maestros. El vencedor tendría derecho a disputar un match por el título de maestro.

“Desfile de Fuerzas Jóvenes”, un artículo de la revista Shajmaty URSS, informaba de que “la competición atrajo a nueve candidatos a maestro y siete jugadores de primera categoría, con puntos suficientes para clasificarse como candidatos. El torneo llamó la atención del público local y produjo muchas partidas interesantes. Leonid Stein, de Chita, tomó la cabeza desde el comienzo y la mantuvo hasta el final… El vencedor consiguió un excelente resultado: 11 puntos de 15 partidas. Stein es un joven jugador que progresa rápidamente. Conduce sus partidas con asombrosa facilidad y rapidez. Nunca cae en apuros de tiempo. Por lo general, Stein busca luchas intensas”.

Stein consiguió el derecho a disputar un match contra un maestro, pero lamentablemente el camino hacia ese match resultó ser largo. Por entonces el título de maestro se concedía, como regla general, por éxitos muy importantes en competiciones de ámbito nacional. En el mismo año 1955, tal honor sólo le fue concedido a cuatro jugadores: B. Gurgenidze, Y. Kotkov, Y. Randviir y M. Usachy, por sus éxitos en las semifinales del Campeonato de la URSS y otras competiciones al máximo nivel.

Stein fue invitado al campeonato de las Fuerzas Armadas, al que llegó con sus nuevos galones de sargento. Se alegró de ver a Lutikov entre los participantes y poder, así, competir contra el formidable campeón de la RSFSR. Aunque la partida entre ellos se saldó a favor de Lutikov, Stein pudo vengarse de forma más que convincente, en el match adicional para el título del campeonato: 3,5-1,5.

Durante su tercer año en el ejército, Stein estuvo destinado en la guarnición de Moscú, lo que le permitió tomar parte en buen número de competiciones en la capital. Su partida con E. Zagorianski, que abre el segundo capítulo del libro, constituye un ejemplo del nivel de juego que Stein poseía por aquellos tiempos.

En 1956 defendió su título de campeón de las Fuerzas Armadas. Nada parecía poder impedir que ganase el campeonato por segunda vez consecutiva. Lutikov ya había dejado el ejército y no se veían rivales peligrosos para Stein, si bien tenía cierto respeto por los maestros Leonid Shamaev y Vladimir Soloviev. Shamaev era un experimentado luchador de Leningrado, mientras que Soloviev había conseguido notoriedad por haber ganado el Campeonato de Moscú en 1954 y seguía siendo una gran promesa. Sin embargo, no fue ninguno de estos dos jugadores los que disputaron el primer puesto a Stein. Al final del torneo Stein se encontraba luchando codo a codo con Eduard Chaplinsky, a quien conocía desde 1951, cuando Chaplinsky había encabezado con éxito el equipo juvenil de Moscú en el campeonato nacional. Eduard parecía tener un gran futuro ante sí, pero más tarde no cumplió con las expectativas que había despertado. Pero sí fue el héroe de este campeonato de 1956, al ganar el match adicional a ocho partidas que debió disputar con Stein.

En noviembre de 1956 Stein fue licenciado del ejército y regresó a Lvov, donde pudo volver a encontrarse con sus viejos amigos. Algunos, sin embargo, se habían ido. Igor Semenenko se había graduado, como ingeniero de radio, en una Escuela Politécnica, consiguiendo trabajo en una factoría de Kiev, como ayudante del ingeniero jefe. Poco después, Boris Katalimov también se marchó a Karaganda, tras licenciarse en geología en la universidad. Allí se proclamó campeón de Kazajstán, instalándose definitivamente en aquella república. Efim Rotstein seguía en la ciudad, aunque no por mucho tiempo. Tras graduarse en el departamento de mecánica de la Escuela Politécnica, encontró trabajo de ingeniero mecánico en Ivanovo-Frankovsk. De modo que el cuarteto ajedrecista se dispersó a los cuatro vientos.

Stein también necesitaba ampliar su educación, pero debía esperar hasta el próximo verano, cuando comenzase el nuevo año académico. Entretanto, comenzó su carrera de entrenador en el club de oficiales de Lvov. Su objetivo inmediato era conseguir el título de maestro, para lo cual tenía que vencer en el Campeonato de Ucrania, en 1957. Había ciertos obstáculos para conseguir la inscripción. En la primavera Stein llegó a Kiev para tomar parte en la semifinal, con dieciocho participantes. Dos de los competidores eran maestros, E. Poliak e I. Pogrebisky, y el resto eran fuertes candidatos a maestro y jugadores de primera categoría.

Hacía mucho que Stein no participaba en los campeonatos ucranianos, y se encontró por primera vez con muchos jugadores que le resultaban desconocidos. El torneo no fue fácil para él. Perdió cuatro partidas, pero pudo empatar en el segundo puesto con Lazarev, Pogrebisky y A. Kostuchenko, tras Yuri Nikolaievsky, lo que le permitía acceder a la final.

Por primera vez desde la guerra, el Campeonato de Ucrania ofrecía la posibilidad de optar a norma de maestro. Para poder ofrecer tal posibilidad, los organizadores tuvieron que reclutar a fuertes jugadores, de fuera de Ucrania, dado que la república no contaba con el suficiente número de maestros. Los patrocinadores invitaron a dos eminentes ajedrecistas de Moscú: los grandes maestros Andrei Lilienthal y Salo Flohr. También consiguieron interesar al GM Efim Geller, de Odesa, quien, tras haberlo ganado en 1950, se había abstenido de participar en el campeonato de la república.

Palabras de aliento de Salo Flohr: “los apellidos cortos están de moda”:

Tres grandes maestros, siete maestros y ocho candidatos a maestro tomaron parte en la final del campeonato ucraniano, que se celebró en Kiev, en mayo de 1957. ¡Nunca antes había jugado Stein un torneo tan fuerte! Por primera vez tenía la oportunidad de luchar por la norma de maestro, ¡nada menos que 10 puntos de 17 partidas!

El comienzo fue deprimente. Su partida con Lilienthal constituyó su primera confrontación a un gran maestro. Stein planteó su favorita India de Rey con negras, pero se enfrentó a una variante poco conocida, perdió la presencia de ánimo, y sucumbió ante un ataque demoledor. La segunda ronda recompuso su espíritu. Estaba ansioso por jugar contra Sajarov, a quien Stein reverenciaba desde que era un muchacho. Pero el maestro de Kiev actuó por debajo de su nivel y Stein ganó. Siguió una serie de tablas (con Pogrebisky, Kots y Kogan, un candidato a maestro de Odesa). Pero, después de cinco rondas, sólo sumaba 2,5 puntos. Tenía el cincuenta por ciento, cuando necesitaba finalizar con más tres. Venció entonces a Kostuchenko, pero volvió a su sitio al perder con Nikolaievsky. Dos rondas más habían pasado sin que pudiese progresar hacia su meta. Realizó entonces un gran esfuerzo, y pudo ganar dos partidas consecutivas, sobre Shianovsky y Usachy.

Una victoria más le situaría en la posición mágica de +3. Sin embargo, no lo consiguió. Empató con A. Zemijovsky, y perdió con A. Makarov… Sólo quedaban cinco rondas, en las que necesitaba 3,5 puntos, ¡y sus siguientes rivales eran Flohr y Geller! Quizá debería tratar de hacer tablas con ellos y jugarse el todo por el todo en las tres últimas partidas, contra Zurajov, Lazarev y Bannik. Pero Stein no sabía jugar a tablas. Estuvo cerca de la proeza en su partida con Flohr, pero lo estropeó todo, cometiendo un grave error al final. El experimentado gran maestro trató de consolar a Stein, que comprensiblemente estaba desolado.

“No se lo tome tan a pecho, joven. Conseguirá muchas victorias, si juega como lo ha hecho conmigo en la primera mitad de la partida. Además, los nombres cortos se están poniendo de moda en ajedrez. Hace poco que Lilienthal se me quejó de no llamarse sólo Tal. Y creo que pronto Bronstein se lamentará de no llamarse sólo Stein.”

Ahora Stein necesitaba 3,5 de 4, comenzando por Geller, que conducía las piezas blancas. En esa partida, de repente surgió un rayo de esperanza. En un final más o menos igualado, Geller trató de forzar la victoria y le permitió a Stein conseguir su primer triunfo sobre un gran maestro, ¡y qué gran maestro: el tercer clasificado en el Torneo de Candidatos de 1956! ¿No estaba la norma a tiro de pájaro?

Era penoso ver a Stein durante las partidas finales. Una derrota ante Zurajov y tablas en las dos últimas le hicieron retroceder hasta la décima posición en la tabla. Flohr y Geller compartieron el primer puesto, con 12,5 puntos. Sajarov fue el siguiente, con 11. Con 10,5 se colocaron Lilienthal, Kots, y dos jóvenes afortunados, que ascendían así a las “cumbres” del ajedrez: Nikolaievsky y Shianovsky. A Stein sólo le quedó la jocosa profecía de Flohr. ¿Tal vez no era un mal augurio?

 Continuará…

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