De interés para entrenadores y padres. Informática aplicada a la enseñanza del Ajedrez

Dr. Francisco Acosta Ruiz

Ha cambiado la tecnología, es verdad, pero no los objetivos.

De forma casual cae en manos del autor la versión original de un artículo de similar nombre, que redactó hace ya más de una década, para una revista española de entonces, el cual tuvo muy buena acogida de los lectores y aficionados, siendo reproducido, al pasar del tiempo, en varios sitios web de ajedrez, y probablemente en otros menos conocidos, apoyo que siempre se agradece, porque ayuda a que un contenido que puede resultar atractivo, llegue a más personas potencialmente interesadas en el mismo.

Lo curioso del asunto es que, tras releer esas páginas, tantos años después, sorprende el hecho de que la relación de opiniones y consejos que reúne, en general de carácter didáctico, dan la impresión de haber sido escritos para hoy, cómo si la enseñanza del ajedrez infantil, con auxilio de la computadora no hubiese evolucionado a la par del desarrollo tecnológico en igual período de tiempo. De hecho, los peligros de un mal uso de las tecnologías en la enseñanza, que en dicho artículo se destacan a través del contenido, hoy siguen estando presentes y son de mayor trascendencia escolar, si no se les presta la debida atención.

Claro, es obvio reconocer que las tecnologías han seguido evolucionando, generalizándose su diversidad en todos los niveles de enseñanza, consideradas hoy formalmente como una combinación de Tecnologías, Información y Comunicaciones (TIC) de enormes posibilidades educativas; y el ajedrez, como objeto de enseñanza, no ha quedado fuera de ello, todo lo contrario, ha ganado muchísimo, pero resulta que los peligros sobre los que llamábamos la atención ayer, no solo siguen presentes, sino que se han amplificado, sin cambiar su esencia, sin minimizar su peligrosidad, cuando su empleo en la enseñanza no es conducido por personas capacitadas para ello.

Por supuesto, se trata de una problemática que debe ser atendida por la enseñanza en general, aunque en cada disciplina se debe realizar atendiendo a sus características propias, aspecto que el autor ya abordó, hace algunos años, en una ponencia presentada en un evento científico, en Buenos Aires (Acosta, F, Saidon, L, Brtúa, J 2012), bajo el título de “La cara oculta de las TIC: problemas y soluciones”.

Por cierto, he localizado en internet, publicados en blogs, al menos 2 artículos con igual nombre y similar objetivo, alertando sobre los aspectos negativos y hasta peligrosos, del uso de las TIC de forma descontrolada, aunque no referidos explícitamente al campo de la enseñanza. Ambos trabajos, de interés para los profesores, incluidos los de ajedrez, se puede consultar en: Almerich, G et al. (2011) y (Herrera, A, 2002). Ver referencias al final del trabajo.

Hecha esta salvedad inicial, se reproduce a continuación el artículo original, ligeramente modificado con adiciones formales que no afectan su esencia.

La Computación es hoy una herramienta esencial en la enseñanza, y en el ajedrez su importancia toma un significado extraordinario, pero no siempre bien comprendido. Pero… ¡mucho cuidado!, porque es preferible la enseñanza tradicional, que una enseñanza basada en la Informatización mal aplicada.

En otras palabras, no basta con sentar al niño ante una computadora, a recibir derrotas tras derrotas, 4 horas por día; o ponerlo a pasar cientos de partidas en una pantalla, sin atender a ningún propósito específico. Sencillamente, a nadie le gusta jugar, para casi siempre perder; esto termina por afectar su autoestima, si es que el daño psicológico y emocional no es mayor.

Una de las ventajas que podemos explotar de los programas de ajedrez que hoy existen, es su descomunal fuerza de juego, visto en relación con el nivel de juego del niño. Pero no debemos podemos poner al niño a perder, ¡sino a ganar! Veremos después como podemos materializar esto.

Por otra parte, generalmente esos programas cuentan con algunas utilidades que pueden ser empleadas como parte del entrenamiento. Por ejemplo, la práctica controlada del ajedrez a ciegas (para desarrollar la concentración), la solución de problemas de mate, el juego con aperturas forzadas, etc.

Son interesantes también algunos programas que no son propiamente juegos de ajedrez, pero utilizan sus elementos como contexto, y sobre él plantean la solución de puzles, que pueden ayudar al desarrollo del pensamiento; o ejercicios de cálculo mental; o problemas de movilidad con las piezas, que deben lograr un objetivo determinado, en un límite de jugadas o de tiempo, etc.

Recuerdo, por ejemplo, que trabajando en la Escuela de Niños Talentos, del ISLA (Instituto Superior Latinoamericano de Ajedrez), los profesores organizábamos competencias, durante el turno de clase que se hacía en computadora. La competencia consistía en un torneo –todos contra la máquina- en el que cada niño debía resolver, por ejemplo, 5 problemas (todos los niños los mismos 5 problemas) que no eran precisamente de mates, sino de alcanzar un objetivo determinado sobre el tablero, en una posición forzada, en la menor cantidad de jugadas; es decir, equivalente a resolver el cubo de Rubin en el menor tiempo posible, ganando la competencia el niño que mejor puntaje final obtuviese.

Realmente aquellos niños disfrutaban ese tiempo de clase, como si se tratara del tiempo de recreo. Como el torneo se hacía por rondas, donde cada problema era una ronda, no se pasaba a la siguiente ronda hasta que todos los niños hubiesen concluido con el problema de turno.

Un ejercicio equivalente se puede realizar organizando la competencia con posiciones típicas (por ejemplo, finales de rey y peones) en la que cada niño juega contra la máquina, y el mejor desempeño total determina quién es el ganador. En este caso, el material obtenido puede ser de gran utilidad, si se conservan las continuaciones seguidas en cada posición por cada niño, para su estudio posterior mediante trabajo grupal.

Otro aspecto a considerar es que hay un conjunto de conocimientos que el niño debe adquirir paulatinamente, ligados a la estrategia general del ajedrez, en especial lo relativo al estudio de los finales básicos (que no significa llenarles la cabeza de métodos y variantes), dando prioridad a los finales de reyes y peones, torres y peones, etc., en una primera fase de la forma más general, de manera que su nivel de juego en esa fase de la partida llegue a ser aceptable.

Todo esto está muy vinculado con el dominio que es necesario alcanzar en el conocimiento de las estructuras de peones; creo que es algo que han destacado todos los grandes pedagogos del ajedrez: hay que saber jugar muy bien los peones, en todas las fases del juego, y por tanto, jugar finales de reyes y peones siempre es un ejercicio aconsejable en esas edades.

De estas ideas generales podemos extraer algunos consejos que considero útiles y que he empleado con mis propios alumnos con buenos resultados:

  • Luego de haber enseñado al niño la teoría correspondiente, se le enfrentará a la máquina jugando posiciones típicas en las que el niño tiene ventaja ganadora, por ejemplo un peón de más en un final normal de reyes y peones. En tal caso, al jugar estas posiciones contra la máquina, que es un oponente de consideración, el niño tendrá posibilidades de ganar, y esto le permite consolidar lo aprendido y al tiempo que se estimula.
  • La posición inicial en este tipo de ejercicios debe ser más o menos ventajosa en dependencia del nivel ajedrecístico alcanzado por el niño, y del objetivo que se persigue. Esto, como método, es válido para diferentes tipos de posiciones, incluso en el medio juego. En todos los casos la partida debe ser salvada (grabada), para su estudio posterior en compañía del tutor que guía su trabajo.
  • Se deben emplear ejercicios de combinación para desarrollar el sentido táctico del niño. Como se sabe, hay bases de datos con miles de ejemplos tomados de partidas magistrales. Pero hay que tener cuidado de no aburrirlo o agotarlo. Este ejercicio se puede combinar con otros, dejando que el niño haga en cierto momento lo que el desee, incluso jugar algunas partidas blitz, que siempre le motivan y también son necesarias.
  • La concentración es esencial en el ajedrecista, y es necesario incrementar paulatinamente la carga, mediante ejercicios concebidos para ello. La tendencia natural del niño es jugar rápido, haciendo la primera jugada que le parece buena. Existen diversos tipos de ejercicios de cálculo concreto, y generalmente es el propio ajedrecista quien opta por un tipo u otro, según sus intereses y gustos personales. Pero al niño hay que guiarlo, y para eso primero hay que estudiarlo, hay que llegar a conocerlo. Solo entonces es posible sugerir el tipo de ejercicios más conveniente, según la edad y el nivel ajedrecístico alcanzado por el niño.
  • También son útiles los programas que tienen opciones para jugar a la ciega contra la máquina. Pero atención, aquí también se pueden programas diferentes actividades. Lo esencial es tener claro de que no se trata de lograr que el niño juegue a la ciega, sino de ejercitar la mente para alcanzar cierto nivel de retención de las posiciones, pero inicialmente ocultando solo las piezas propias (hay programas de entrenamiento que lo permiten), dejando visibles las piezas correspondientes al bando de la máquina. Esto obliga al niño a incrementar la atención, permitiendo incluso que en determinado momento se le muestren nuevamente las piezas, para que memorice la posición, ocultándolas a continuación. Este ejercicio puede hacerse ocultando las piezas propias o las de la máquina, y si el desarrollo es exitoso, pudiera llegarse a ejercicios en los que se ocultan todas las piezas. Esto puede ser especialmente útil para ejercitar las aperturas, pues evita que el niño sólo memorice variantes, sin tener muy en cuenta donde estén las piezas del contrario, pues normalmente sólo le interesa donde pone las propias. En todo caso no es bueno abusar de este tipo de ejercicios, pues requiere del niño un trabajo mental más intenso.
  • No se considera recomendable que el ajedrecista juegue directamente haciendo los movimientos en la pantalla. Esto no ayuda a la concentración, pues de alguna manera la pantalla produce un efecto psicológico que reduce la atención. Por eso en los torneos en que se juega contra computadoras, el ajedrecista generalmente lo hace sobre el tablero de ajedrez, ignorando que su oponente es una máquina.
  • Resulta curioso que el estudio de las “miniaturas” es muchas veces ignorado hasta por entrenadores experimentados, pues de alguna manera se da más importancia a las partidas de alta técnica. Pero el estudio de las miniaturas puede resultar sumamente útil. Por lo general, en la miniatura uno de los jugadores ha cometido un error conceptual grave, que de inmediato es aprovechado por su oponente, casi siempre a través de una combinación ganadora. Muy útil resulta que el niño pase la partida completa, y luego la estudie para encontrar cual fue el error o jugada débil que motivó la derrota. También se pueden poner las posiciones críticas en la máquina, para que el niño juegue la posición ganadora, y compruebe el resultado.
  • Es importante que el niño -y en general el ajedrecista- se acostumbre a comentar sus partidas, antes de 24 horas de concluida. Esto lo han recomendado muchos Maestros, empezando por Botvinnik. El análisis se puede realizar con ayuda de los motores de los programas de ajedrez, aunque lo más importante no radica en plasmar variantes, sino las ideas estratégicas que las sustentan. En el caso de los niños y jóvenes, la dificultad radica en que al niño le resulta difícil expresar por escrito su pensamiento, y por tanto, el ejercicio permite alcanzar objetivos pedagógicos complementarios, que tributan directamente al aprendizaje integral del alumno. Los entrenadores que trabajan con niños conocen que, incluso un niño con talento para el ajedrez, no siempre puede explicar por qué razón estratégica realizó determinada jugada, lo que significa que su pensamiento ajedrecístico es aún muy primitivo, aunque juegue bien “a golpe de vista”. Todo esto se va puliendo cuando el niño se acostumbra a escribir con palabras, no sólo con jugadas, lo que piensa. Se conocen teorías psicopedagógicas, de autores muy reconocidos, que relacionan pensamiento y lenguaje, y lo explican perfectamente.

Antes de concluir, considero importante manifestar una opinión personal, con la que quizás difieran algunos Maestros. No es recomendable poner al niño a estudiar partidas super magistrales de los Grandes Maestros de hoy. Normalmente estas partidas son de un pensamiento ajedrecístico tan elevado, que ni jugadores de primera categoría llegan realmente a comprenderlas. Más útiles resultan en el aprendizaje las partidas “de los antiguos”, es decir de los Grandes Maestros de antaño, desde Steinitz hasta la década de los 60. La razón es muy simple: hoy en día los jugadores de élite rara vez se enfrenta con ajedrecistas de un rating muy inferior, por lo que sólo suelen jugar partidas con sus iguales.

Pero antaño, cuando no existía el rating ELO, en las nóminas de los grandes torneos era normal que participaran ajedrecistas de distintas titulaciones, es decir, desde Maestros Nacionales hasta grandes maestros, o incluso de categorías menores, lo cual era bueno para el ajedrez, porque posibilitaba que los ajedrecistas en desarrollo pudieran enfrentarse a maestros reconocidos.

Como resultado de esto, era normal encontrar en esas partidas de entonces, ideas estratégicas desarrolladas limpiamente, casi sin oposición técnica del oponente, que aunque no comete errores “a lo Chigorin”, hace jugadas débiles que dan pie a que el Gran Maestro le aplique paso a paso un plan estratégico ganador.

Muchas partidas de Capablanca, por ejemplo, son típicas en este sentido. Son precisamente estos planes simples y limpios los que necesita aprender el joven ajedrecista, y no estudiando partidas entre dos super estrellas, que suelen jugar varias partidas entre ellos mismos todos los años (¿con quién más pueden jugar?) lo cual también comienza a resultar aburrido para el común de los aficionados, que a fin de cuentas son los que se sientan como público en las salas de los grandes torneos.

Y para finalizar, un último consejo a padres y entrenadores:

A los 10 años el niño centra sus intereses en el juego, por lo que de juego tiene, y no le motiva de igual forma cuando el juego se transforma en tarea de aprendizaje.

Hay que hacer del aprendizaje un juego, “aprender jugando“. Por eso, aunque son plenamente vigente libros como los de Grau, hay que esperar para introducir al niño en estos textos básicos, o en todo caso presentarle algunos de esos temas a través de los ejemplos específicos, utilizando los métodos antes propuestos, u otros que al tutor se le puedan ocurrir sobre la propia marcha del trabajo directo con el niño.

Tratándose de dos niños que conviven juntos, esto se facilita notablemente, sobre todo dándoles responsabilidades a ambos, de manera que cada uno siente que puede enseñar al otro, siempre con el ánimo de la colaboración y no de la competencia al estilo “yo gano, tu pierdes”.

No obstante, tampoco es bueno ser absolutos, porque, como dice el viejo refrán, toda regla tiene sus excepciones. Recuerdo perfectamente una anécdota que me ocurrió con el niño Lazarito Bruzón, cuando participó por primera vez en la final de un campeonato nacional de Cuba, categoría Mayores, efectuado en la Ciudad de Matanzas, teniendo entonces solo 14 años.

Allí su actuación fue muy meritoria, no por el resultado cuantitativo, sino porque logró su primera victoria contra un gran maestro, al vencer de manera magistral a Walter Arencibia, que por entonces estaba entre los 6 jugadores más fuertes del país, siendo miembro del equipo olímpico cubano de ajedrez masculino.

Siendo Bruzón solo un niño, me correspondió cuidar de su seguridad en determinados momentos del evento. En uno de esos días, compartiendo con él en su habitación del hotel, le realicé algunas preguntas generales que había preparado como base para una entrevista, muy probablemente la primera que se le hiciera y se publicara en su vida, siendo parte del propósito dar la visión del niño que entonces era: sus gustos infantiles paralelos al ajedrez, en fin, decir si le gustaba la pelota, o ver los muñe en la tele, o patinar, o tirar piedras…

Pero para mi sorpresa, a la mayoría de las preguntas, obviamente fuera de contexto –hoy sabemos por qué- Bruzón se limitó a repetir la misma respuesta: “Nada de eso me gusta, solo me interesa estudiar a Botvinnik”

¡Vaya si le sacó provecho!

Referencias Bibliográficas.

  • ACOSTA F, Saidon, L, Brtúa, J (2012) La cara oculta de las TIC: Problemas y Soluciones. La cara oculta de las TIC. Congreso   cibse2012 – Argentina
  • ALMERICH, G et al (2011). Las necesidades formativas del profesorado en TIC: perfiles formativos y elementos de complejidad. RELIEVE, v. 17, n. 2, art. 1. http://www.uv.es/RELIEVE/v17n2/RELIEVEv17n2_1.htm
  • HERRERA A. (2002). Distorsión Tecnológica en el aula (DTA); Mac Graw Hill, México

 

Sobre Enrique Ferreiro García 488 Artículos
Tiene más de 30 años de experiencia en el Ajedrez por Correspondencia, donde además de jugador, ha fungido como árbitro y directivo. Es Presidente de la Delegación Provincial de Ajedrez Postal en la provincia Las Tunas, Cuba. Ostenta los títulos de Experto Provincial de Ajedrez en Vivo y Maestro Nacional Senior, máximo título que confiere la Federación Cubana de Ajedrez Postal (FECAP). Se proclamó decimocuarto Campeón Cubano de Ajedrez Postal en 2005. Artículos, comentarios y partidas suyas han aparecido en el prestigioso Informador Yugoslavo de Ajedrez y en otras publicaciones como el Correspondence Chess Review ucraniano y Telejaque, órgano oficial de la FECAP. Se dedica a la investigación histórica del ajedrez y tiene varios libros inéditos sobre el tema. Aparece en un artículo de la Enciclopedia Colaborativa Cubana Ecured en el sitio: http://www.ecured.cu/index.php/Enrique_Ferreiro

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