¿Simultánea cronometrada o ajedrez a la ciega? Una anécdota interesante sobre Kasparov en Argentina, 20 años después (Primera Parte)

Por Francisco Acosta Ruiz

PREÁMBULO CONVENIENTE

¿Quién lo diría?… pensarán seguramente mis viejos amigos del tablero, sorprendidos por este retorno al periodismo ajedrecístico, después de muchos años, escondido del ajedrez en las aulas universitarias, y publicando, si acaso, artículos y libros técnicos.

Pues sí, es cierto, comprometido con el esfuerzo investigativo que lleva a cabo el amigo Ferreiro, me he sentido motivado y honrado por escribir para esas páginas. Siendo así, nada más oportuno para comenzar, que redactar para sus lectores algunas anécdotas y comentarios, de hechos en los que, por azar del destino, tuve vivencias personales, de esas que generalmente interesan a muchos aficionados, además de ser muy propias para divulgarlas en el estilo informal que permite el mundo blogger.

En primer lugar, debo reconocer que he sido una persona privilegiada por la suerte, de muy diversas maneras, especialmente en el ajedrez; y es que más de una vez, he tenido la posibilidad de “estar en el lugar indicado, en el momento preciso”, y no exactamente lo contrario; en eso también creo que he sido afortunado: irme antes, o llegar después…

Para comenzar, me precio por la fortuna de haber conocido y compartido con la mayoría de los principales maestros cubanos, que hicieron su carrera entre los años 50 y 70; y con casi todos los grandes maestros cubanos, activos en la década de los 90, aunque también podría incluir buena parte de los latinoamericanos, debido a que en más de una oportunidad, debido a mi responsabilidad dentro del torneo Capablanca In Memoriam, mi habitación personal dentro del hotel sede del evento, se convertía en oficina de prensa, oficina del torneo y hasta oficina “de correo”, las 24 horas del día, ofreciendo facilidades de información y de correo electrónico, a los maestros participante y a los periodistas acreditados en la competencia.

Tuve también la dicha de compartir el arbitraje en más de un torneo importante, con Árbitros Internacionales como Carlos A. Palacio y Rolando Bruno Vázquez; y en años posteriores, siempre estuve trabajando muy cerca de casi todos los Árbitros Internacionales de Ajedrez que ha tenido este país, incluyendo a José Luís Barreras, de quien fui además editor y colaborador personal, en la preparación y publicación de sus dos últimas obras, escritas cuando ya la edad avanzada había limitado físicamente su cuerpo, pero no su mente, tan plena de ideas como cuando le conocí 40 años antes.

En fin, la lista se hace infinita si agregamos al claustro de profesores del ISLA (Instituto Superior Latinoamericano de Ajedrez, fundado en 1992), donde trabajé casi 10 años, codo a codo con Lebredo, Danilo, Vilela, Chuit, etc. etc., con el GM Silvino García al frente, además de ser el Presidente de la Federación Cubana de Ajedrez, amistad que nos une desde los tiempos de su match contra Eleazar Jiménez, por el Campeonato de Cuba, en los años 60, siendo imposible dejar de decir además que mi relación con Jiménez nace también por esos días, y me honra, por haber tenido la posibilidad de compartir con él muchos momentos de la vida cotidiana, a través de los años:

  • En los días del Pedagógico, siendo él profesor de Ajedrez y yo su auxiliar, que lo acompañaba además, en su propio automóvil, en los viajes de ida y regreso;
  • En la Academia de la Universidad, donde muchas veces compartí (claro que como observador) las sesiones de análisis que surgían de la mente inquieta del maestro Hugo Santacruz, teniendo muchas veces a Jiménez como contraparte;
  • Durante el IV Capablanca, el denominado torneo de Fischer, disfrutando de su charla amena, tranquila, sobre las vivencias de ese gran torneo, en los pocos momentos de ocio que cada jornada permitía, y especialmente en el antes y después, cuando se sumaban Rogelio Ortega, Eldis Cobo y Gilberto García. Realmente un honor inolvidable, que intenté compensar cuando muchos años después escribí y publiqué trabajos relacionados con sus vidas.
  • En fin, durante la Olimpiada de la Habana, siendo yo fiscal oficial del equipo Cuba; durante su actividad como Comisionado Nacional de Ajedrez, y hasta en su propio hogar, donde me habría las puertas de su valiosa biblioteca, para mis necesidades periodísticas, hasta el fin de sus días, cuando ya la mente le borraba el último comentario, de minutos antes, y lo volvía a repetir o a preguntar, como si yo hubiese llegado unos minutos antes…

Finalmente, imposible olvidar personalidades que honran la amistad, vinculadas a la redacción de la revista Jaque Mate que compartimos en los años 60 y 70, la mayoría de ellos hoy alejados del ajedrez y/o viviendo en el exterior: Jesús Suárez, Miguel Ángel Sánchez, Eduardo Heras (En la actualidad, 45 años después, eminente profesor y muy reconocido escritor de la literatura cubana), Nelson Pinal, José Paz, Waldo Serrano, Guillermo Estévez, a quien “intente“ ayudar en su preparación teórica para el Interzonal , pues vivíamos a una cuadra de distancia, y yo contaba entonces –cuando no se soñaba con computadoras y bases de datos– con una envidiable biblioteca de teoría y un archivo personal bastante actualizado, sobre la defensa siciliana, que más de una vez puse a la disposición de los maestros que solicitaban mí apoyo..

Quizás ahora se comprenda mejor porque antes hice referencia a mi presencia “en el momento preciso”, para después poder contar historias que hicieron historia: “Mensajero” de Bobby Fischer (IV Capablanca), Fiscal del polémico match URSS-USA, de 1966 (Olimpiada de La Habana), el Ajedrez Postal y su primera revista, que fundé en 1972, etc., etc., etc.…

Retorno al pasado en una máquina del tiempo, mental…

Hagamos un pequeño viaje al pasado, hasta comienzos de septiembre de 1997, en la ciudad de Buenos Aires. Allí, en un período que no supera en mucho los 30 días, se produjeron, al menos, cuatro hechos de interés para el mundo del ajedrez: la aparición sorpresiva de Fischer, prácticamente de incógnito, en la librería de Morgado; la muerte del GM Miguel Najdorf, cuyas honras fúnebres se efectuaron en el gran salón del Club Argentino de Ajedrez, precisamente una semana antes de que, en ese mismo lugar, se efectuase el Congreso Mundial de la Federación Internacional de Ajedrez por Correspondencia (ICCF); y finalmente, el segundo match, a doble vuelta, entre Kasparov y el equipo nacional de ajedrez argentino, efectuado mediante simultánea cronometrada, a 6 tableros, resultando ganador el campeón mundial.

Para dar mayor emoción a este relato en primera persona, pudiera tomarme la licencia de decir que, solo por cosa de días, no me encontré con el mismísimo Fischer en la librería de Morgado (todavía era comentario obligado de todos los visitantes de la librería, en esos días); o de participar en los funerales de Najdorf, pues estuve parado exactamente en el lugar donde una semana antes estuvo situado el féretro.

Breve digresión: recordando pasajes de la Olimpiada

Por cierto, otra curiosidad: tengo una foto, tomada en la Olimpiada de la Habana, actuando yo como Fiscal, en la que aparezco en primer plano y Najdorf en el último, perdido su rostro inconfundible entre decenas de personas que están dentro de la toma fotográfica. Algo similar ocurre con otras fotos, en las que me acompañan (me mata la vanidad por decirlo…) nada menos que Smyslov, Tal, Petrosian, Spassky y Fischer; y si agregamos a Kasparov a la lista, aunque no compartimos una foto, puedo afirmar que he tenido la suerte -¡Vaya, si que es una suerte!- de compartir la presencia de 6 campeones mundiales.

Claro, no es un récord, pero no muchos en el mundo pueden sentir semejante satisfacción personal, que se refuerza si agregamos la maravilla de haber estado presente en alguna de las sesiones de rapid transit, jugadas en el inmenso salón de prensa de la Olimpiada de La Habana, en 1966, en las que, por ejemplo, un Miguel Tal de leyenda, despachaba unos tras otros, en partidas de 1 minuto contra 5, a los miembros del personal técnico de la Olimpiada, que en general eran ajedrecistas con fuerza de Expertos Provinciales, equivalente a la primera categoría en otros países, y que íbamos a ese salón, muy iluminado, a jugar ajedrez en las horas de descanso, contra los rivales más insólitos que uno pudiera imaginar, ya fuese un miembro de los equipos nacionales participantes en la Olimpiada, (quizás con un turbante en la cabeza) o contra el mismísimo Tal o Gueller, a quien por primera vez le escuché mencionar, en una conversación informal, de las tantas que se producían en ese salón, el nombre de Karpov, por entonces un juvenil de 15 años, que según Gueller ya despuntaba como uno de los principales ajedrecistas rusos, pues ese mismo año (1966) obtuvo el título de Maestro del Deporte de la URSS, a lo que podemos agregar que 3 años después, en 1969, obtenía el título de Gran Maestros de la FIDE, con 18 años.

Y para que no quede este anecdotario solo en un comentario sin pruebas testimoniales, podemos retornar a Tal y comentar su encuentro de “Blitz” con Albogeo Tur, ajedrecista del ámbito universitario, con fuerza de juego superior a la media entre los habituales que allí nos reuníamos, a quien el gran maestro soviético llevó a una complicadísima posición de medio juego, derivada hacia un cataléptico “Zugzwang”, en la que Albogeo quedó mentalmente paralizado, moviendo la mano sobre el tablero, buscando qué pieza pudiera mover, sin perder de inmediato, y así durante casi medio minuto, hasta que finalmente cayó la banderita que marcaba su derrota por tiempo, y la salvación de morir del corazón de todos los curiosos presentes, (los “sapos” de la partida, como se dice popularmente) que explotamos en aplausos al vencedor… Vale destacar que el genio de Tal solo necesito apenas 30 segundos, para fabricar en el tablero aquella joya magistral del ajedrez espontáneo, que tuvimos la suerte de disfrutar solo unos cuantos espectadores casuales, partida de la que hoy seguramente hoy solo quede, como recuerdo para la historia, este comentario que ahora leen los lectores de este trabajo. Una vez más, ¡vaya fortuna!, por estar este interlocutor en el lugar indicado, en el momento preciso…

Pero regresemos a Buenos Aires. Creo que es momento de decir que mi presencia en esa ciudad nada tuvo que ver ni con Fischer, ni con Najdorf, ni con Kasparov, sino con el Congreso de la ICCF, representando a la FECAP, de Cuba; realmente un gran Congreso, inolvidable, también rodeado de anécdotas ajedrecísticas que me involucran, y que en un post posterior podremos comentar.

Pero algo podemos adelantar. Resulta que también estuve cerca de participar de otros hechos no tan ajedrecísticos, lamentables vale decir, como el sabotaje a la agencia de Cubana de Aviación, de Buenos Aires, con una bomba que destruyó el local completamente, y que ocurrió más o menos una semana después de que yo visitara ese lugar, relacionado con un cambio que hice del boleto de retorno… Es decir, decidí adelantar el regreso, y por tanto, adelanté mi presencia a esa oficina, para confirmar el vuelo, en vez de ir cuando me correspondía, de acuerdo con la fecha original… Una vez más la vida me pone, antes o después del hecho… Cuando estando ya en Cuba, me enteré de la explosión, me quedé paralizado…

¿QUÉ HAGO YO AQUÍ…?

Es evidente que esto de ponerme en primer plano hace que uno se sienta importante, y quiera narrar toda la historia de su vida, pero al lector le interesa conocer el resto de la historia, y ya es hora de ir al grano, como se dice vulgarmente.

Decíamos que transcurrían los días del Congreso de la ICCF, y completamente ajeno a esto, Kasparov, el Campeón Mundial de Ajedrez, se encuentra en Buenos Aires para cumplir algunos compromisos, y en primer lugar efectuar el match pactado contra el equipo argentino, integrado por 6 grandes maestros que constituyen el equipo olímpico.

El evento se efectúa en un lugar extraño:   no en un amplio teatro, ni en el famoso Club de Buenos Aires (donde sí se efectuó días después la simultánea contra decenas de aficionados) ni en una plaza pública, a la mirada de todos,   sino en el primer piso del majestuoso edificio de la Bolsa de Comercio, en el nuevo salón bursátil, donde 250 invitados especiales (¡Hurra!, ahí estaba sentado yo… aunque no fuese precisamente un invitado especial) pueden presenciar directamente, en vivo, el desarrollo del match.

En tanto, en la planta baja, más de un millar de aficionados ven, en dos pantallas gigantes, a Kasparov y sus adversarios en una, y el desarrollo de las partidas en la otra, acompañando a estas con los comentarios, jugada a jugada, de un verdadero experto en la materia: el MI cubano Luís Sieiro, otra personalidad importante, que también me honra con su amistad de muchos años, y a quien debo haber podido visitar varios lugares interesantes de la ciudad.

Cuando llegué al lugar ya las partidas habían comenzado, y ni siquiera sabía si me permitirían entrar, simplemente mi objetivo era saludar a mi amigo, a quien no veía desde hacía algunos años. Sieiro estaba contratado para realizar la dificilísima tarea de comentar, en paralelo, el desarrollo de las 6 partidas, labor que hizo, en mi presencia, con una maestría envidiable, sin olvidar que esto lo hace, nada menos, que para un público tan conocedor como los ajedrecistas argentinos.

Sin embargo, al verme allí, sorprendido por mi presencia, me abrazó como si no nos viéramos desde la infancia, y de inmediato comenzó a hacer gestiones para lograr que se me permitiera subir al salón principal, donde cómodamente sentados (no en butacas, sino en puestos de trabajo de la bolsa, que más bien semejaban la cabina de mando de un avión) presenciaban el match las personalidades invitadas.

En minutos logró contactar con el GM Quinteros, altamente responsabilizado con la organización del match, y agregando en su gestión que en mi caso se trataba de la visita del Secretario de la Federación Cubana de Ajedrez, de inmediato obtuvo la aprobación oficial para que este servidor pudiera pasar al salón principal, llevado casi de la mano del gran maestro   Quinteros (otro honor más…) no sin antes recorrer largos y estrechos pasillos, dejando detrás no menos de 5 puertas, cuidadas cada una, marcialmente, por un guardia de seguridad, en posición de firme y armado con un fusil ametralladora “de verdad”.   Realmente una imagen difícil de olvidar.

Y de buenas a primeras me veo allí, a pocos pasos de Kasparov, (¡sexto campeón mundial que “conozco” y que sumo a mi lista personal!) que se mueve de un oponente a otro, situados en un espacio en el que los 6 tableros forman una semi circunferencia, de aproximadamente unos 3 a 4 metros de radio.

Recuerdo los detalles. Me veo allí, todavía confundido, no me lo puedo creer. Lo primero que me pregunto es ¿Qué hago yo aquí? Estoy en Buenos Aires, en la Bolsa de Comercio, muy cerca de Kasparov, Campeón Mundial y del equipo argentino, además de estar rodeado de personas muy ricas o de mucho mérito, que no las conozco, pero que justifican estar cercados por guardias de seguridad.

Y así sumido en la sorpresa, casi me olvido de vivir la realidad en que me encuentro… y entonces reacciono y de nuevo me pregunto: ¿Qué hago yo aquí…?

Pues simplemente, una vez más en mi vida, ¡estoy en el lugar indicado, y en el momento preciso…!

Continuará… (ver Segunda Parte)

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